“Son gemidos con llanto, o solo es llanto?"
Una gata bajo la lluvia
(*Ivy, kiki, kikita, ivykiki, una misma persona).
La lluvia ha picado la lámina toda la mañana y desde mi cama he escuchado lo que ocurre en la vecindad. Nada. Motocicletas acelerando lejos y una ambulancia que recorre los carriles vacíos de Zhongshan North Road. He cabeceado en la almohada mil veces como un enfermo de fiebre y todavía no sé si he logrado dormir. En mitad de un sueño pegajoso he pensado en días del año pasado en que ni siquiera te conocía. Te quiero, IvyKiki. Chinita. Te quiero.
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Salgo a fumar un cigarro para mirar los techos oscuros de la vecindad y los aviones de Songshan ya vuelan bajo la lluvia. ¿Vendrán todos de los cielos ennegrecidos de China? Hace solo un día nos mojaba esa misma lluvia de Tifón cruzando la calle sin gracia de Minquan East Road, hacia las hamburguesas de Mos Burger, donde Ivy y yo desayunamos juntos por última vez.
Allí examiné su cara bajo la luz plomiza que entraba a chorros por la ventana del segundo nivel, y pude verla con mucho detalle mientras ninguno de los decía nada sobre la despedida. El Tifón sigue, Kikita linda, moja los aviones chinos de Songshan, pero ya no estamos juntos.
-Voy a echarte mucho de menos, Ivykiki -pensaba mientras aún la tenía sentada en la mesa del restaurante conmigo, mientras aún me excitaba por ella. Eran los últimos minutos con ella y lo sabía tan bien que me angustiaba nunca volver a probar su saliva. Todavía podía tocarle las manitas sobre la mesa si quería, todavía podía decirle que nos quedáramos juntos un poco más, que olvidara todo lo que le dije la noche anterior acerca de la despedida. “Estaba borracho y me hervía la cabeza kiki, he sido un idiota, sabes amor? sabes, kikita?, -decirle sujetándole las manos-, no me hagas caso, sí?Cada vez que apeste a ginebra olvida todo lo que voy a decirte. Solo voy a lastimarte, solo voy a hacerte llorar, eso es todo lo que haré cada vez que abra la boca: lastimarte. Voy subido de vueltas ¡como una moto acelerando en los carriles vacíos de Zhongshan!”
Jodidamente la quería -pensaba mirándola comer su hamburguesita poco a poco, como un pajarillo chino-, y todo había sido verdad. Ahora sus manitas tocaban la mesa del Mos Burger y allí estaba su piercing de la nariz, su micro flequillo recto, su risa sin estallar, su lengua rosada, todas las cosas que había amado de ella. Después del Mos Burger la dejaría. La vería largarse para siempre al fondo de las escaleras mecánicas del metro, su pelo negro volando en el aire por última vez. Estación: Zhongshan Elementary School.
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No he mirado la hora fumando en el balcón pero la luz amarilla de algunas ventanas atraviesa la oscuridad espesa de la madrugada y es como si se mojara.
-¿Puede mojarse la luz, Ivykiki? -imagino que le digo.- Igual que las plantas, igual que tu pelo negro, igual que las crines lisas de un caballo en un corral, ¿puede mojarse, hasta apagarse, tu corazón?
Todos duermen como enanos en Taipei a estas horas de la mañana y yo estoy en calzoncillos en el balcón mirando las ventanas de las habitaciones donde sueñan. Deben ser las 4 de la mañana cortas, pienso, los árboles negros que coronan la cumbre de Yuanshan parecen brócolis intentando trepar al cielo. Están tan apañuscados y se enzarzan con tanta violencia que no hay un centímetro de tierra visible. En la cima hay una antena de luces rojas y lentas que me hace sentir nostalgia de Kiki. Es una torre, un repetidor de señal que hace que la noche sea más triste. Un esqueleto de acero, un andamiaje de luces rojas: Tristes.
-¿Estás allí adentro del bosque, gatita, Ivy, querida Kiki?!?! Estás ahí, bajo la lluvia? bajo la torre de luces rojas? ¿Eres tú la gata bajo la lluvia?!!
Doy una calada al cigarro y el humo apenas se levanta en medio de toda esta humedad. Avanza torpemente hacia el famoso paseo de Dajia Riverside, el sitio junto al río donde llevé a Kiki la primera vez que la vi.
Tenía un vestido verde corto aquella noche y montamos bicicletas hasta quedar frente a las luces borrosas de Neihu al otro lado del río. Lo recordaba todo tan bien. La hierba crecida, las cigarras y el ruido de las ranas y de los grillos y el calor sofocante y las piernas desnudas de kiki bajo el vestido, sus calzones blancos apretados sobre el sillín de la bici. Esa noche me dio miedo confesar cuánto me gustaba.
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Por un momento no escucho más carros yendop sobre las calles vacías de Zhongshan. La lluvia se ha vuelto tan fina que ahora solo rasca la lámina de la vecindad, sin picarla, como unos dedos lentos en la espalda. Tengo la mente adormecida y tan entumecida que se siente igual que eso: agua derramándose del techo.
Enciendo otro cigarro. La mirada perdida, los ojos tontos contemplando mi propio apartamento en el famoso 602 del callejón 84 Norte del Combat Zone. Veo el angosto balcón, la terraza minúscula donde está mi lavadora de ropa made in Taiwan, un ventilador oxidado made in Taiwan y algunas pertenencias de poco valor que pronto dejaré para siempre, y donde también, alguna vez, Ivykiki me vio fumar un cigarro.
-La magia de tenerte sigue aquí, sabes Kiki? -imagino que le digo hablándole en los ojos-, en el 602, pero más bajita de huevos. Era más poderoso cuando estabas. Era más bonito cuando estabas. Cuando salía a fumar un cigarro sabiendo que esperabas dentro, acostada en mi cama con tus pelos regados en la sábana. Los pies descalzos se sienten igual en la baldosa tibia del balcón, pero es mejor cuando salgo a fumar un cigarro descalzo y sé que estás adentro, kikita. Todo es mejor cuando estás adentro Ivykiki!
Tiro el cigarro en el techo enorme de la vecindad, la colilla rueda y flota en el drenaje hasta precipitase al callejón vacío.
-Necesito dormir para no pensarte más, gatita -pienso suavecito, murmurándolo entre los dientes. -Quiero dejar de oír tu voz en mi cerebro. Quiero olvidarme de tu risa que parece llanto.
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Estoy dentro del apartamento después de fumar el segundo cigarro. Me meto en la cama, me tapo con la sábana hasta la barbilla y me llevo un buen susto al descubrir que tengo puesto un anillo apretado en la mano derecha.
“Pero qué leches…! Murmullo mientras intento mirarme la mano en la oscuridad. No puedo ver nada pero reconozco la forma al tacto. Es la argolla de plata de AllSaints que Ivykiki me regaló la misma semana que nos dejamos. Tiene gravada una efigie de cabra con cachos largos satánicos y arriba se lee, en mayúsculas, la marca: ALLSAINTS.
No lo tenía puesto, pienso, puedo jurarlo por mi madre. Lo había dejado encima de mi escritorio, metido en su cajita de cartón, y ahora está allí, ahorcándome el dedo índice hasta hacerlo palpitar.
-¿Pero qué mierda es esto?… -repito entre los dientes- Al demonio ¿Estaré soñando? Me estaré volviendo loco?
Apenas un par de días antes, Ivykiki se había muerto de la vergüenza al comprobar que el anillo no era de mi talla, que no entraba en mis dedos regordetes. Igual insistió en que lo conservara, era un regalo muy bien escogido, sería su forma de quedarse conmigo para siempre, me dijo, un regalo para que yo pudiera pensarla siempre. (Nuestra relación no alcanzó para ir a cambiarlo por una talla más grande).
Intento quitarlo del dedo pero el anillo no se mueve un pelo. así que lo dejo allí, sin más, e Intento volver a dormir.
“¿Estoy soñando toda esta mierda, gatita? -vuelvo a pensar entonces mientras lo digo- . Ni hablar. En la lengua tengo el sabor a cigarrillos.
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Ha pasado solo un día desde que lo dejamos con Kiki en el Mos Burger y mi apartamento está lleno de su olor.
“Dani, con una taiwanesa todo es mejor”, pienso acostado boca arriba, y al lado mío, en la parte vacía de la sábana que pone “don’t cry”, recuerdo los rostros de mujeres de pelo negro que pasaron la noche conmigo. Gatas taiwanesas sobre este mismo trozo de tela, teniendo pesadillas en la misma sábana del Carrefour.
¿Alguna vez leíste lo que ponen mis sábanas, ivyKiki?! “No llores, cielo, solo acaricia el recuerdo”. Mi amor, solo siéntelo con la mano, ¿sí? mima la memoria. El recuerdo de una persona siempre es más importante que la persona. ¡Tu recuerdo vale más que tú!
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"No he conocido a una mujer mejor que tú en todo el Asia que conozco, kikita linda", pienso mientras siento su olor en mi almohada (la tela la ha conservado mejor que yo), y recuerdo cómo empujaba su lengua y su aliento adentro de mi boca al besarnos ¡Cómo gemía mientras nuestros ojos se tocaban!
Estoy por quedarme dormido con esos pensamientos, sumido en los olores embriagantes de Kiky, y de la sensación reciente de su lengua entrando y saliendo de mi boca, creo que ya estoy profundamente dormido cuando escucho su voz en mi apartamento. Abro bien los ojos de golpe, creo que justo termina una frase cuando despierto y siento un escalofrío recorrerme la espalda.
“Mierda”, pienso aún respirando la sábana.
-¿Kiki estás allí? - farfullo adormilado. -No puedo ver una mierda, ¿sabes? ¿Estás allí, en el sillón? Gatita repite lo que has dicho, ¿quieres? Estaba dormido. ¿Has hablado en chino?
No se oye nada. Solo el motor de la refrigeradora y la unidad ronca de Aire Acondicionado.
-Puta madre, Ivy -digo para probar si alguien responde- -Sabes que nunca echo llave en la puerta pero deberías haberme avisado que vendrías. No puedes solo deslizarte adentro, ¿sabes? - le digo, y Es todo lo que articulo para decirle: una queja suave, adormilada, un suspiro.
-¿Ivy estás allí?, - repito excitado de que alguien responda.
-No puedo ver pero sé que estás allí, mi amor, en el pequeño sillón negro, envuelta en toda esta oscuridad con tus ojitos perdidos en la televisión apagada, tus anillos en la mano, tus dientes enormes cubiertos de saliva. -
Imagino que mira hacia el frente con ojos helados, cristalizados.
-Voy a pensar mucho en ti, sabías kikita? ahora que te he dejado voy a pensarte mucho más-digo de nuevo a la oscuridad y aunque muevo los labios para decirlo apenas me escucho la voz. Me aclaro la garganta y vuelo a decirle:
-En los días que vienen voy a pensar mucho en ti, gatita linda, gatita de pelo negro, gatita de piel transparente, gatita de dientes enormes.
Ivykiki escucha todo lo que digo como a un extranjero de voz suplicante. Estoy a punto encender la lamparita para comprobar si está allí, cuando su voz vuelve a sonar en mi apartamento.
-¿Qué es lo que te gusta de mí, Dani? - dice la kikita con el inglés infantil que tenía.
- Después de todo Me has dejado tirada, como a una gatita en un basurero. "You got rid of me like trash".
-Tú mismo lo has dicho con tu voz intoxicada de gin -dice-: no vamos a vernos más. Esta mañana será la última vez que estemos juntos. Ya lo he decidido , no es negociable, eso dijiste esa madrugada terrible Dani. -No quiero que crezcas más adentro de mí kiki. Quiero emborracharme como un animal esta noche en Frank, quiero bailar contigo kiki, besarte, tomar un taxi de vuelta a mi apartamento, poseerte, escupirte, ser una mierda contigo, sentirte por dentro una última vez, acordarme bien de cómo se siente y entonces sí dejarte ir antes de que no pueda hacerlo. Antes de que te ame demasiado. Fueron tus palabras, Danny.
-¿Qué es lo que te gusta de mí? -Vuelve a decir y aunque no la veo casi puedo mirar su cara, .Sus ojos hinchados de haber llorado en la madrugada, ahora mirando con malicia la televisión apagada.
-¡Vamos, Dani! Ya me has abandonado, qué más da. Ahora puedes decir la verdad, no?
Trago saliva que ya no sabe a cigarrillos y pienso que tiene razón: solo siendo un canalla se puede decir la verdad. Solo detrás de una despedida hay algo de verdad.
-¿Que qué me gusta de ti, Ivykiki? -Digo apretando la almohada que aún huele a mi champú después de haber estado en el pelo suave de kiki, a sus cremas para la piel, a su perfume. Es el olor que tenían los días en que aún se bañaba en mi ducha.
-¿Que qué me gusta de ti, kikita linda? -repito para ganar tiempo.
-Tu voz, por ejemplo -digo incorporándome al frente en la cama, apoyándome en la cabecera.
-Puedo decir mil cosas pequeñas que me gustan de ti esta noche, kikita -le digo-: Tu inglés de niña pequeña. Tus ojos cuando no entiendes nada de lo que digo. Tu flequillo de bebé. Pero hay cosas más raras que adoro de ti. Cosas que solo tú tienes, kikita. Tu honestidad..., maldita sea, adoro tu honestidad!
Me lleno los pulmones de aire acondicionado mientras recuerdo exactamente cómo era su cara cuando me escuchaba decir algo sin entenderlo todo.
-¿cuáles mi amor, cuáles? - Dice en un berrinche. Es la voz pastosa de alguien que ha estado llorando.
-Me gusta cómo aceptas cosas que a la gente daría vergüenza decir, ¿sabes Kiky, gatita?
Vuelvo a respirar hondo, empezando a verla con toda claridad en mi cerebro.
-No Dani! no entiendo. Dime más dime más!
-La vez que me dijiste que no tenías amigas, te acuerdas? -le suelto sin saber de dónde venía todo eso. - Y que en Taipei te juntabas a veces con tu prima, también de Chiayi...
-Una vez llamaste a alguien de la universidad para ver si podían reunirse. Hablaste desde mi cama con ella para proponerle que se vieran aquella tarde en Taichung, y te dijo “lo siento, estoy ocupada, no puedo verte”. Fue una llamada tan corta que me destrozó el corazón escucharla. Te pusiste triste. Dijiste que igual irías tú sola en tu auto.
-Me acuerdo que fuiste a Taichung y que te sacaste fotos cerca de un puente. Te protegías del sol bajo un paraguas de dibujitos, estabas agachada en una sentadilla asiática y sonreías a una foto que te tomaste tú misma. Encima de la foto escribiste que vagabas sola como una nube y me pareció triste y hermoso a la vez. Tú y la idea de una nube aburrida, deslizándose sola por el aire, mirando la hierba, asomándose a las aldeas pequeñas desde arriba. Una nube en la montaña, kikita, mirando lo que hay debajo. Sonreías en la foto y el riachuelo bajo el puente era tan estrecho y poco profundo que el video se hacía todavía más triste.
-Esa tarde dormiste la siesta en el hotel y cenaste sola. Vi las fotos en el espejo del baño de la habitación que me mandaste. Me hicieron sonreír ¿Sabes kiki? Una sonrisa triste.
Kikita no dice nada, ni siquiera la escucho respirar.
-Has cenado mil veces sola, ¿no es cierto kiki? -digo en dirección al sillón de la tele donde debe andar Kiki sentada después de colarse en mi apartamento. Imagino sus ojos hinchados de llorar.
-Tus amigas del colegio y de la universidad han hecho sus vidas sin esperarte, han tenido bebés y perros y apartamentos y relaciones duraderas con las que tú solo has sabido soñar, y ahora te has quedado sola, ¡como una nube! Te has dado cuenta lo difícil que es el amor.
Espero más de un minuto para ver si dice algo pero ya ni siquiera puedo percibirla dentro del cuarto.
-Los hombres te han querido comer como lobos, ¿no es verdad, kiki? - te quieren penetrar, estar entre tus piernas transparentes y ahorcarte mientras te meten los dedos y te dicen cochinadas en la oreja. Estás rodeada de gente que va a lastimarte, gatita, y te has dado cuenta de que el amor es más difícil de atrapar que un delfín en el mar.
-Todos han visto un delfín en su vida, no es cierto, kiki? hasta los niños más pequeños han visto uno en los acuarios grandes de las ciudades, pero no todos han tenido el amor. Es tan fácil de mirar y tan difícil de atrapar, gatita ¡Como una nube!
**Nota importante que voy a dejarle a Kiki en un casillero de Banqiao:
El día que encuentres a alguien haz el favor de no decirme nada. No quiero saberlo, no quiero esa punzada en el estómago de imaginarte con alguien. Tampoco le hagas el amor tan rápido a un hombre que acabas de conocer. Las cosas en el amor nunca funcionan cuando el sexo llega muy de prisa. La facilidad mata la pasión en un hombre (siempre kiki, sin excepciones), y a ti acaba por destruirte el alma por dentro (también, kiki, sin excepciones). Asegúrate mil veces de que una persona puede amarte antes de dejarle estar entre tus piernas.
Los hombres te desprecian en silencio cuando el sexo viene muy rápido, gatita, por eso procura no hacer el amor cuando conoZcas a alguien nuevo. Procura no ofrecerle tus labios en las primeras 3 citas. Procura que no toque tus piernas, que no deslice su lengua dentro de ti. Yo mismo quise poseerte pronto para no enamorarme de ti.
No te tires sin pensar a los brazos de otro hombre, haz eso kiki. Protege tu alma porque amo tu alma. Soy un cabrón y seré siempre un cabrón, eso es seguro, pero no dejes que un hombre como yo apague tu luz, no dejes que se moje tu corazón.
Hay gente buena en el mundo kikita, pero también, mucha gente mala. Gente que brilla tanto como tu, kiki, y gente que quiere envilecerte, utilizarte, masturbarse en tu vagina. ¿Te acuerdas que decía mil veces esa palabra en inglés? Brillar. Yo no brillo como tú, IvyKiki. Mi alma se ha oscurecido.
Por último, No te dejes embarazar, Kiky. Nunca, a menos que en verdad ames a alguien con locura. Yo siempre voy a querer tu vientre para mi hijo. Alguien que se parezca a ti y a mí al mismo tiempo. Alguien que se quede para siempre con tu belleza. Alguien que preserve tu risa.
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Sigo metido en mi cama. Rodeado completamente de la oscuridad y del zumbido sordo del aire acondicionado. Deben ser ya las putas 5 de la mañana y sigo sin dormir un pelo con la cabeza delirando del sueño, creyendo que kiki sigue mirando el televisor apagado de mi apartamento. Imagino sus ojillos chinos llorosos, iracundos, inflamados de despedidas. Hinchados como ganglios.
-gatita ¿sigues allí? -Digo medio dormido, girando la cabeza hacia mi pequeño closet.
-Yo te vi vestirte mil veces aquí, ¿recuerdas? frente a este ropero con espejo- digo tocando apenas la madera con la mano.
-De perfil, gata linda. Te vi de perfil cogiendo ropa para ponerte, de la que habías guardado tú misma en la gaveta. Te vi mil veces mirándote en el espejo de la puerta con tus pechos desnudos.
Siento el sabor del cigarrillo en la lengua, en la saliva que trago adormitado. ¿Estoy despierto? Qué cojones es esto?
-¿Ivy estás aquí conmigo en serio? ¿Es que me lo estoy inventando todo? Vamos, di algo.
De nuevo escucho el silencio espeso, apenas roto por la unidad de aire acondicionado.
-Ivy, anda, ven, acuéstate aquí conmigo, no quiero que te quedes tanto tiempo adentro de tu cabeza, fingiendo que miras la tele. Hace un frío que pela, ¿no crees? Tengo el aire en 18 y no sé dónde puse el control. Ven entre las mantas conmigo. No te cruces de brazos en la oscuridad, ¿quieres? No odies nuestra historia porque amo nuestra historia. Solo ven aquí , sí? Ven conmigo. Consiénteme una última vez, Acaríciame el pelo. Déjame sentir tus dedos en mi cabeza. Llora sobre mi pecho desnudo.
Cierro los ojos y comienzo a quedarme dormido de verdad. Al menos eso pienso unos minutos en que empiezo a deslizarme en sueños estúpidos de sitios que no son Taiwan. Duermo dentro de un sueño de montañas, niños descalzos y casitas de madera, hasta que vuelvo a escuchar la voz de kiki viniendo desde el sillón de la tele.
-¿Qué recuerdas de mí, Danny? - dice y aunque así suena su voz en persona, sé que no es su voz. Es la voz de alguien que no existe. Algo de su alma que dejó tirado en mi apartamento. Me duele que diga dani en vez de solo: “baby”.
Estoy tan borracho del sueño y deliro tanto que aún pienso que puede estar allí, del otro lado del armario, como un puto confesionario católico. Está allí, hablando con ojos taciturnos, vacíos, endemoniados.
-Mierda gatita, no sé. Nunca me callo la boca, lo sabes bien, pero esta vez solo tengo estupideces en la cabeza para decir. Siempre tengo algo que soltar pero, en serio, ¿quieres saber la estupidez que pienso de ti en este momento? ¿En verdad quieres saber lo que recuerdo de ti?
No hay respuesta suya pero imagino que en la oscuridad de la mañana y de la habitación sellada por la cortina, dice que sí con la cabeza y que de sus ojos taiwaneses vuelven a rodar lágrimas calientes. Sé Que no ha abierto la boca un pelo porque ya no quiere que sepa que sigue llorando. Que mi voz la hace llorar.
-Me acuerdo que cuando fuimos al cine la segunda vez que te vi estaba muerto de miedo, ¿sabes Kikita? Eso es lo que aparece ahora en mi cerebro. Tú y yo en un cine del Main Station cuando Me moría por tenerte conmigo. ¿Sabes qué? Ese momento en que todavía no te había cogido la mano porque no quería asustarte con nada. No quería que te fueras-.
Recordaba bien la primera vez que nos vimos: -Había llamado a un amigo para decirle que me habías vuelto loco la noche de las bicicletas, en Dajia. Que había estado pensando en ti como un idiota y que hacía meses que no me pasaba nada parecido. “Hermano, estoy loco por una taiwanesa”, le dije aquella vez, “estuve a punto de cogerle las manos en el paseo del río con la vista perdida en Neihu, y escogí no hacer nada, ¿sabes? No quise alejarla con una estupidez de esas. La amo”.
-De pronto allí estaba contigo de nuevo, en el cine. Te agarraba la mano adentro de aquella sala de ViewShow Cinema y la película me importaba un carajo, solo no quería que terminara. Quería seguir sintiendo tu mano pequeña adentro de la mía. Cabía tan bien, estaba tan fría y húmeda, ¡era tan delgada!
“Me la quiero quedar , mi pequeña taiwanesa, mi princesa privada -Pensaba-. Quiero tenerte. Quiero que pases la noche conmigo”.
Esa noche salimos del cine y bajando por la escalera mecánica del centro comercial Kiki me abrazó desde un escalón arriba para verme bien a los ojos y me preguntó que si podíamos pasar la noche juntos. “¿Esta noche?” -le dije atontado- “Sí, esta noche”, contestó mientras se mordía la lengua rosada. Sentí sus palabras estallándome en el estómago, me sudaron las manos.
Salimos del centro comercial y el corazón me palpitaba en la garganta al pedir el Uber, cuando puse mi dirección de Combat Zone en la pantalla del celular y me imaginaba lo que sería tenerla en la cama conmigo. Llovía un poco en la banqueta aquella noche y esperamos el auto bajo una sombrilla pequeña. En mi apartamento esa vez hicimos el amor antes de bañarnos.
-La deslicé adentro de ti y fue la primera vez que la deslizaba adentro de ti, kikita, la primera vez que escuchaba tus gemidos de gatita, que la sacaba y estaba empapada de ti.
-Oh por Dios, Kiki, ya ven. Acuéstate conmigo, ¿quieres? No tires todo este silencio entre los dos. Es vergonzoso lo que te estoy diciendo como para que te quedes allí callada. ¿No puedes acaso decirme que estás escuchando? ¿Me he vuelto loco? ¿Puedes decir: “te escucho”?
Tengo ganas de levantarme y encender otro cigarro en el balcón pero no quiero rasgar la realidad en que Ivykiki vuelve a estar conmigo en mi apartamento, por si acaso nada de esto es verdad.
-No he dormido nunca tan bien como cuando te abrazabas conmigo, ¿sabes kiki? Eso también recuerdo. Cuando restregabas tu pelo negro como una gata sobre mi hombro. Cuando tus pelos me cubrían la piel. Tampoco he soñado tantas locuras como las que soñaba cuando te abrazaba por atrás en la noche, los sueños más locos de toda mi vida, siempre cosas extrañas, kiki, siempre cosas absurdas. Nunca voy a entender por qué.
Ivykiki no dice nada.
-Déjame dormir una última noche contigo, ¿sí? Déjame olerte el pelo negro mientras me quedo dormido, ¡mientras me deslizo adentro de ti! Déjame ponerla dentro y quedarme dormido.
La luz aún no atraviesa la cortina. Es tan temprano que no se ha colado el sol por los costados. Ahora temo que una pizca de luz me saque de su presencia.
-¿Te acuerdas cuando leímos juntos aquel libro que hablaba mal de las mujeres? -le dije sonriendo, doblando mi almohada para acomodarme mejor.
-Lo había escrito un negro misógino, ¿te acuerdas de eso, kikita? después lo buscamos en mi computadora para ver cómo era y tu abrías los ojos como platos para ver sus fotos en internet. -Ivykiki mirando el internet, ¡qué belleza!
- Un negro resentido, eso es lo que era ¿Recuerdas todas esas frases?
-“Ivy, ¿eres una mujer mala?” te decía mientras leía en mi computadora algunas partes del libro en voz alta y tu corazón se angustiaba.
-“No babyyyyyyy. Not mean. I am not mean. I promise!” -decías- Y te acercabas para agarrarme las manos y prometerme que eras buena y que eras mía y tu flequillo suave se movía cuando decías que no eras mala, que eras alguien buena y tus ojitos parecían asustados y respiraba tu aliento de manzanas por la boca y miraba cómo se agrandaban tus pupilas junto a las mías. ¿Sabes qué? Ese recuerdo del libro del negro va a durarme toda la vida.
Por un momento acostado en la cama pienso en Taiwan. Pienso en la magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia (八加九) para lavarme los pies con jabón, hasta debajo de las plantas, levantándome los pies mientras desde arriba la miraba desnuda cuidándome como a un niño pequeño. Diciéndome "My boy, I take care of you forever".
-Quiero volver a ver tus zapatos blancos afuera de la puerta, Ivykiki. -digo sonriendo, volviendo a estar dentro de mi mente en el Lane 84 del Combat Zone, empezando a echar de menos Taiwan porque pronto abandonaré Taiwan. Los zapatitos de Ivikiky afuera de la puerta de mi apartamento que indicaban que una gatita estaba pasando la noche conmigo. A veces me preguntaba: ¿imaginarán mis vecinos lo guapa que es mi novia solo viendo sus zapatos en la puerta al salir por la mañana? Los zapatitos blancos de Kiki antes de que se fuera a trabajar.
-Pero Hay más cosas que nunca podré sacarme de la cabeza ni dejando Taiwan, ¿sabes kikita? - le digo.
De pronto quiero oírla llorar. Quiero su llanto sonando en mi apartamento. Quiero su boca atascada de saliva, las babas gruesas de una mujer cuando llora.
¿Sabes qué otra cosa no puedo olvidar? -Ahora de verdad quiero oírla llorar.
-La noche que llegaste con esa mochila negra que tenías y sacaste algo de ropa interior y aquel vestido celeste para dormir de princesa de Disney y la bolsita de maquillaje y el bote de crema gigante con el que me hiciste masaje en las piernas. Eres una princesa de Disney de verdad, Mulan, Ivykiki, muñeca china preciosa. -le digo- Alguien perfecta y distinta a la belleza que vi de niño. Una belleza que nadie me enseñó a querer, que aprendí a querer yo mismo. Una belleza nacida en el Asia profunda mientras yo miraba mujeres distintas, mujeres del occidente que no tienen tu rostro, solo otra belleza. La tuya es rara y me hace temblar.
Me acordaba bien de ese día: kikita dejando sus cositas en la gaveta de abajo, enseñándome primero los calzones antes de guardarlos, haciendo su pequeño nido, dejando sus pertenencias. ¡Dani quiero que vivamos juntos! -me decía. -y después de verme la cara seria: -You don´t like? -decía- , you don’t want us living together?
Me imaginaba la belleza de compartir mi vida con ella. Ayyy mi amor, pensaba, mi pequeña kikita, si tan solo fuera una buena persona te conservaría para toda la vida! Te dejaría hacer tu vida chiquita conmigo.
Kiki sigue sin hablar en el apartamento oscuro pero ahora puedo oírla sollozar. Oigo su naricita cargada de mocos intentando aspirar algo del aire frío, su respiración apagada, su abdomen tembloroso.
-El sexo de rodillas, kikita -le digo. -¿crees que algún día podré olvidarme de eso? -de pronto me agarro el pelo con la mano recordando los coitos de rodillas con ivykiki, cuando le giraba la cabeza para besarla mientras estaba tan adentro de ella que podía sentir mi mano por fuera de su abdomen.
Me acordaba lo que se sentía venirme encima de ella, en la espalda y después limpiarla con unos pañuelos. Verla toda salpicada de mis hijos, mi semen caliente en su ombligo, detrás de sus piernas, en sus nalgas, en su lumbar.
-Pero sobre todo esa última noche, Ivykiki, eso es lo que aparece en mi cerebro. Tú y yo Haciendo el amor mientras llorabas y sollozabas y gemías al mismo tiempo y estaba adentro tuyo, chillando porque te había dicho que era la última vez que haríamos el amor y llorabas y gemías a la vez dejándote hacer el amor. Era llanto y placer y una despedida de mentiras. Era Tu cara regada de lágrimas mientras yo la metía y la sacaba entre tus piernas. Es lo que tienen las despedidas, Ivykiki, siempre son la mejor parte.
Ivykiki comienza a chillar como una puerca. Pienso que los vecinos van a llamar a la policía en cualquier momento, que han escuchado todo lo que hemos hablado y que el llanto de Kiki ya es insoportable.
-Quiero una siesta contigo, kikita -es lo último que le digo antes de encender la luz del apartamento y revisar el sillón de la tele. -Quiero Verte caminando desnuda por este apartamento de combat zone. Sentir Cómo respirabas dentro de mi boca mientras te metía la lengua ahhhhhhhhhh
Prendo la luz. En el sillón pequeño de la cama No hay nada. No hay kiki. Solo espacio vacío.
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ACABO:
En el Mos Burger me dijiste por primera vez que pintabas. Me enseñaste las fotos de tus pinturas colgadas en un perfil de internet que tenía tu nombre: Ivy Tseng, decía. Era la primera vez que veía tu nombre completo. Aún después de toda la intimidad que tuvimos, supe tu nombre solo el día que te abandonaba.
Hermosa Ivy Tseng, ¿Alguna vez supiste mi nombre completo? Mi nombre en español. Daniel.. … daniel qué gatita? daniel qué? Ahora me doy cuenta que eso ni siquiera importa para amar a una persona. Te quise con locura, Ivy kiki, te quise con todo mi corazón, te quise sin nombre.
Te amé en cada sitio que pude verte. Hoy Te amo en la ciudad fantasma de Wanli y te amo en mi apartamento y te amo en el interior de tu Ford y te amo bailando conmigo y te amo en una noche estúpida de miércoles acurrucada en mi cama. Te amo llorando. Te amo lastimada por mi amor.
Me despido de ti Ivy, Ivykiki, kikita, sexy app designer, gatita, pero te quiero. Jodidamente te quiero.
Un abogado te saluda, te ama y se despide de ti para siempre,
曹狼, Julio 2025