El pelo se me oscurece a medida que se oscurece mi corazón -le dije a una filipina con tatuajes de culebra que conocí en un salón de billar en Puerto Princesa. Rachel, se llamaba la parda.
-Cuando era niño tenía el pelo rubio. -Mirá -le dije- y le enseñé una foto de cuando era pequeño.
-¡Wow! -dijo- your hair used to be sooo blonde. Solías tener el pelo muy rubio, Dani. Y me tocó el pelo para verlo bajo la luz amarilla del billar.
-What happened? you still have that naughty face, though.
Le sonreí y me pregunté si todavía le estaba sonriendo como en esa foto de cuando era pequeño.
-¿Qué quieres decir con eso de que se ensucia tu corazón, Dani? -Cómo puede oscurecerse un corazón?
-I don't know, Rachel --le dije- I guess people just change. Thats all-
Jugamos un par de rondas de bola 8 apostando tragos. Empecé a ganarle fácil después de la segunda partida, metiéndome con ella cada vez que fallaba, desordenando su juego, viendo cómo se iba poniendo borracha después de solo tres copas.
Me contó que era "entrepreneur", porque esa fue la palabra ambiciosa que usó aquella tarde en el billar: "emprendedora". Dijo que era su propia jefa y me daba risa pensar en conceptos como esos en ese pueblo achicharrado de Puerto Princesa (entrepreneurship , independencia financiera, autoempleo, ingresos pasivos, emancipación económica).
-Tengo una tienda de vestidos de novia -me dijo, y sacó su celular para enseñarme fotos del frente de la boutique, su emprendimiento. Allí estaba la vitrina con 3 o 4 maniquíes flacos de plástico, y los vestidos de telas espesas color pastel que me hacían querer vomitar de solo mirarlos. Qué puto calor ponerse un atuendo de esos en Filipinas, pensé.
-At least get me drunk, Daniel -dijo- Al menos ponme borracha allí dentro, quieres? en una de esas salas de karaoke.. Creo que vale 300 pesos la hora. Podemos escoger la que queramos-.
Tenía los tobillos tatuados de rosas y una culebra verde en la clavícula. Era muy blanca y me volvieron loco sus piernas cuando se movió alrededor de la mesa de billar aquella tarde, cuando se inclinó 50 veces sobre el tapete para golpear una pelota y su falda ajustada de jeans le abrazaba las caderas.
- - -
-Hey Rachel: - le digo cuando llega mi turno, antes de embocar la bola 8 en la tronera del fondo y ganar la última partida.
-What?
-I fucking like you.
Parte II. Puerto Princesa
Vagando en Puerto Princesa dejo que el sol caliente mis brazos. Hago nada. Deambular por las calles de tierra, las calles adoquinadas y el main Strip. Recorro de noche el paseo marítimo y conozco gente en los billares de Malvar Road y New Buncag. El Kudos y Hideout, por ejemplo, los dos con techo de lámina. Hablo de cualquier cosa con desconocidos y miro el vecindario con una cerveza en la mano.
Llueve afuera, cada noche desde el jueves que llegué a Palawan y la gente morena se refugia en las tiendas, cafeterías y bares con ventiladores de techo. Si me pongo borracho pasan cosas preciosas, pienso subiendo las escaleras de hierro de un bar. Ni siquiera importa la lluvia, pasan cosas hermosas si comienzo a beber algo sentado en cualquier parte. Pasan cosas hermosas si voy algo borracho.
Paso bajo el sol durante el día, cuando no llueve. Downton Puerto, Rizal Street, abrazado de pardas luego por la noche que conozco en bares pretensiosos pero baratos del main strip, donde parece mentira lo fácil que es pescar a una mujer con la mano, llevártela al hotel frente a sus amigos, que no van a detenerla, sino, más bien, van a decirte “take good care of her, ok Daniel? -después de solo 10 minutos de haberlos conocido y de haberles dicho tu nombre borracho. - "She´s our cute little princess, Daniel. Treat her right, ok?”. Y la despiden sabiendo que solo voy a tenerla una noche para hacerle el amor. Luego voy a dejarla tirada en un taxi.
Me gusta la luz amarilla en las ventanas y en los balcones pequeños de la gente pobre, el rostro envenenado de las pardas que pasan caminando cerca y la figura delgada de una mujer que espera el taxi bajo una sombrilla.
Se parece a Patulul, pienso pidiendo una cerveza fría en una tiendita de barrio, a través de los barrotes de hierro. Una ciudad enana y espontánea derretida por el sol del Pacífiico y policías morenos de chaleco que sostienen escopetas recortadas en las puertas de sucursales de banco y almacenes de electrodomésticos. Las mujeres son bonitas y limpias, pienso, y esa es, quizás, la mayor diferencia que hay.
Bebo Red Horse en cantidades estúpidas, que ha pasado a ser mi cerveza favorita en el mundo, y pienso que nunca he estado realmente sobrio en las filipinas. Siempre voy algo zumbado y creo que es la manera correcta de estar en las Filipinas: zumbado.
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A las 10:00 pm salgo del hotel después de haber estado con Hanna, una china tatuada que conocí unas horas antes en el "J1: Restobar". La metí en un taxi y la vi perderse en dirección al aeropuerto, donde quedaba su trabajo en la redacción de un periódico. Me tiraba un beso en la ventana del taxi al despedirla frente al hotel y yo le decía "bye bye beautiful Hanna, bye bye, mi amorrrr".
Entro en un bar de la esquina que descubrí durante el día, al lado de un cajero automático del Philipine National Bank. Miro el interior, que ya está a un 40% de ocupación y me gusta lo que veo.
Las pardas de Puerto Princesa se miran mainlanders chinas, pienso asimilando el interior oscuro del bar, salpicado de luces moradas, verdes y rojas, aunque pensé lo mismo antes con Hannah, que bien pasaría por taiwanesa, hongkonesa o coreana. Nunca me lo hubiera imaginado. Chinas de provincia, chinas de monte, chinas preciosas. Dios bendiga las Filipinas.
A los 10 minutos de entrar pesco una parda con la mano, cuando apenas acabo de ordenar mi primera cerveza en el bar. Es una flaca de vestido corto que bebe sentada en la barra. Me siento al lado de ella y sin siquiera preguntarle su nombre le digo:
-La música está muy alta ¿No? ¿No te da un poco de asco la música tan alta? -
Y la parda me dice que sí moviendo la cabeza. Está de acuerdo, la música tan alta le da un poco de asco. Hace esa mueca con la boca, enseñándome los dientes para expresar asco, aunque solo un minuto antes la vi mover la cabeza con la música del antro, pasándola en grande. Me mira a los ojos cuando es la primera vez en toda su vida que mira mi rostro, que una desconocida me registra en el mundo. Es el segundo exacto en que entro en la vida de alguien.
-Too noisy, yes. Tienes razón. -dice sonriendo. -Whats your name?
No le contesto. Estoy ardiendo después de haber estado con Hannah y nada puede importarme menos que mi nombre y una conversación estúpida en la barra.
-Want to grab a drink at my hotel instead ?- le digo con toda tranquilidad. -Queres tomar un trago afuera en lugar de estar metidos en esta locura? Ni siquiera te escucho.
Sonríe y por un momento parece que la mueca va a rompérsele de vergüenza. Se pone roja. Se contiene.
-Sure, why not -dice intentando hablar tranquila, tomando su bolsa sobre la barra para irnos y sus manos tiemblan un poco.
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-Oye Dani, se ha montado una fiesta en casa de mi jefe! Te lo juro: me han rogado que vaya.-
Me quedo en silencio mientras la parda del bar da un sorbito a su trago en el vaso de plástico y me mira queriendo adivinar de qué va la cosa.
De nuevo me quedo en silencio, intentando recordar qué tanto había bebido con Hannah 6 horas antes, cuando nos cayó la noche en la terraza del J1 Restobar. Cuántas horas habíamos pasado juntos.
-Where are you, baby? -dice mientras you aún no digo nada.
Miro el reloj. Son las 11 de la noche en punto. Si quiero ir a la fiesta tengo algo más de una hora para desnudarme con la parda flaca del bar, pienso; metérsela un rato de perrito, despedirla, ducharme y pedir un taxi a la fiesta de Hannah, donde me llama la atención ver qué ocurre con la gente del periódico en donde trabaja.
-Perfecto linda. Te veo dentro de nada. Pasaré comprando algo en el camino.
Todos beben mientras esperan que empiece a contar la historia de la vez que casi me ahogo con Diego, mi hermano mayor. Sirven tragos en los vasos, beben, y callan. Me pongo a pensar mientras pego un buen trago al Alfonsito: "¿Hay algo más lindo en el mundo que el sonido del hielo golpeando un vaso de vidrio?" Cuando hay una mujer hermosa al lado tuyo que se lleva un trago a los labios con su manita pequeña y empieza a envenenarse contigo, a sentirse estúpida, achispada, escuchándote hablar con ojos brillantes, tarados. No hay nada como beber con una mujer, me digo mirando a Hannah y a las pardas alrededor de la mesa que esperan que empiece a contar la historia. Me encanta que me miren, pienso. Me encanta que me pongan atención. Me encanta que en un rato vayan a escucharme bien contar una historia de Guatemala.
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A las 5 de la mañana me despierta la tormenta eléctrica que ha tomado por sorpresa la ciudad. Nos llueve recio en la ventana abierta del hotel y eso es lo que me trae de vuelta a la habitación, la ventana chorreándose bajo el techo, somatándose en el marco de madera. Entiendo que estoy de vuelta en el hotel con Hannah, que también despierta y aunque no puedo verla en la penumbra huelo su aliento cuando me dice -¿Tampoco puedes dormir?-
-Qué cogorza, -le digo-. Maldito ron filipino. Puto Alfonsito. Estaba contando la historia de mi hermano en el mar y de pronto estoy aquí. Es todo lo que recuerdo.
-¿A qué hora volvimos al hotel?! -le digo- ¿Cómo leches es que hemos vuelto? a qué hora-
-Qué más da, baby -dice. Has bebido demasiado esta noche. Intenta dormir algo más, ¿sí?. -Y sus manos me acarician el pelo.
Le digo baby y me dice baby, como si fuésemos novios de meses pero nos conocemos de hace solo unas horas.
-Me da miedo, ¿sabes? -dice cuando intento quedarme dormido.
Permanezco un rato en silencio oyendo la lluvia, pensando si contestarle o hacerme el dormido. Qué pereza hablarle, pienso. Mejor me hago el dormido.
-¿Baby? -dice entonces sacudiéndome por el pecho -¿Sigues despierto?-
Mierrrrrrda, pienso saboreando la palabra mierrrrda en la boca.
-No te preocupes Hannah -le digo como una molestia, exagerando una voz pastosa, dormilona.
-La tormenta pasará pronto, sí? - digo bostezando-. -Son solo relámpagos cayendo en el campo y agua derramándose del techo. Eso es todo. Vuelve a dormir.-
-No baby -dice bajando sus manos a mis caderas.
-Me da miedo todo lo que voy a extrañarte. No quiero dormir sin tenerte adentro de mí una última vez. Ponla dentro de mí, ¿quieres? - y se pone una de mis manos entre sus piernas calientes.
A las 7 dormimos de nuevo y descubro que ya no pienso en nada cuando duermo con una parda. Es tan familiar: el olor intenso del shampoo en el pelo caliente. Escucharla respirar sus sueños de irse lejos de aquí; de encontrar su camino en cualquier otro lugar(Estados Unidos, Japón, Australia, Europa. Un sitio que huela a fortuna).
Su vagina aprieta con la misma fuerza con la que quiere largarse de Filipinas -pensé mientras estaba adentro de ella por última vez. Quiere mi apellido, quiere subirse a mi destino.
-¿Me llevarás algún día a tu país? -dice, y yo ya ni siquiera recuerdo el país del que le dije que era. Si Guatemala o (por evitar que algún día me encuentre), España.
Yo solo vengo a visitar estos lugares por chingar, pienso decirle en un arrebato de sinceridad mientras los dos oímos la lluvia picar el cristal de la ventana. Es lo que hago, sabes baby?, viajo a lugares malditos para pasarla bien, luego me largo. Soy Visitante baby, viajero baby, solo turista baby, después me voy, baby. Siempre tengo adonde ir, ¿sabes, baby? Donde esconderme. ¡Siempre me largo, babyyyyy!
-Of course I would -le digo. -Por supuesto que te llevaría conmigo a cualquier parte, mi amor. Me encantaría llevarte a mi país-. Y le beso la boca en la penumbra.
