sábado, 21 de noviembre de 2015

Política de devoluciones



Hay un señor que golpea la caja del televisor que acaba de comprar en el estacionamiento de Media Markt y se caga en los pantalones y se asusta y voltea y se tranquiliza sólo porque los demás clientes no lo vieron cometer esa estupidez y abre la puerta de su Megane/Renault y apoya la caja del televisor en el asiento del conductor y se busca la factura en la bolsa de la camisa, del pantalón y la encuentra en el bolsillo trasero de sus jeans justo cuando creía que no la iba a encontrar y mira un rato el precio y el detalle de la compra en letras negras Arial y otra vez el cartón/embalaje abombado justo donde lastimó el televisor contra uno de esos postes molestos de hierro que ponen para que no aparquen los autos y se gira para ver otra vez la entrada del Media Markt y revisa la hora en su Casio de pulsera de goma y piensa en las colas interminables de las cajas en diciembre y los números de espera que hay que retirar de las maquinitas plásticas rojas en "atención al cliente" y el siempre malhumor de las personas que atienden "devoluciones" y que se desesperan con clientes insatisfechos que mienten lo mejor que pueden porque necesitan el reintegro del dinero porque comprar ese equipo de sonido, ese portátil, ese mp3, esa consola, ese control remoto, esa aspiradora robotizada, esa caja de teléfono con cabeza de Mickey Mouse, ese televisor Samsung de pantalla curva de 32 pulgadas que ahora descansa sobre el asiento delantero del Megane fue un error tremendo. Todos luchan por convencer a la empleada y aferrarse a la política y tiempo establecido de reembolso íntegro de la compra dentro de los 14 días hábiles, y el tipo mira la tele y murmura "mierda" qué tonto que soy. Mierda" con la puerta abierta del auto, "La puta madre. Mieeerda", y cierra el Megane con la llave y sujeta la factura entre sus dedos más largos y la pesada caja del televisor bajo el brazo derecho y camina sin hacer caso del tipo que esperaba poder aparcar en su plaza de parking con las luces intermitentes puestas y que ahora se molesta  y él vuelve a meter el televisor al Media Markt sintiendo que es la mejor decisión de su vida y saca su número de espera “f44” en la máquina dispensadora de números de turno, f44 , y repasa mentalmente lo que va a decirle a la empleada que supone sumamente irritada por tener que resolver su problema a pocos minutos del cierre de la tienda y se fija que no hay sillas libres donde sentarse pero que igual no le molesta esperar de pie sobre la alfombra gris a que aparezca su número en la pantallita del mostrador para que puedan atenderlo y darle su dinero de vuelta porque, pensándolo mejor, el televisor de casa funciona bastante bien.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El chicle después del vómito




Sueño que apedreo a viejos en la cara, que me escondo bajo
escritorios de colegio, que orino en medio de mucha gente,
que
corro en habitaciones oscuras
que tropiezo con sillas de comedor
armarios, lavadoras Whirlpool.
Sueño con la parte
trasera de casas abandonadas/ rollos verdes de manguera que pierden agua/
césped mal cortado/ ropa tendida que gotea intermitente 
sobre planchas de hormigón.
 Sueño con tus pantalones leggins, esos negros, vistos desde el suelo, 
como si
apoyara la mejilla en el parquet de la sala para verte desde allí.
Sueño
 con chats gratuitos en español, gente que mueve el cursor de sus
máquinas muertas de aburrimiento a las 3 de la mañana/ que ensucian 
sus teclados con dedos embarrados de Cheetos.
Sueño con camas sucias, piernas rasuradas que
pinchan/raspan tendidas a lo largo de colchones interminables mientras
 ,no sé,  fumamos un cigarro sin vernos las caras
Sueño con toros que trepan paredes, que escupen sangre y espuma y
quieren matarme. Sueño que corro despacio y que intento huir sólo de
muertes mediocres
Sueño con la lluvia copiosa, desagradable de castilla y león en noviembre, de tus  converse
precipitándose por las escaleras de Calle Vaguada la
noche que no quisiste besarme.
Sueño que quemo un billete de diez euros, el pelo de una señora que se vuelve rubia con el fuego.
Sueño que destrozo una mano que no sangra
que escupo el retrovisor de un auto mal aparcado
Sueño a gente que no existe
Mujeres
, rusas, polacas sin documentos de identidad
Sueño que orino contra el aro de un Renault en Avenida Lobete,
Que abrazo a una gorda sin pelo
Que salto a un campo de fútbol y pego un puñetazo al jugador con el dorsal número 10
Sueño que no sirve la ropa del closet, que salto a lagos congelados y me seco con servilletas minúsculas/ toallas de mano
Sueño con la repetición de un partido de Hockey,
Con la voz de gente que vi sólo a través de windshields haciendo rotondas a 40 kms/hora

 
Sueño que volvés a llorar, que orinás un vodka salpicándote los tobillos, los converse detrás de un contenedor de basura
Sueño que tocamos Calle Placentinos, que te persigo sobre Rúa Mayor,
Que te convenzo después de la plaza.
Sueño con arcadas y caras de asco, pelo recogido en una mano, el vestido negro prensado entre las piernas que tiemblan de pánico
Sueño que nos decimos hola con dos años menos, que reventás una botella de ginebra en la puerta de un Carrefour
Sueño con bocas que brillan de alivio y saliva, pañuelos en la comisura de los labios

Sueño que nos cansamos de andar en Gran Vía, que paramos frente a la verja de un Sabadell cerrado
Sueño con aquel paquete de Orbit de eucalipto que mascamos y mascamos, El envoltorio plateado que se arrastraba buscando una alcantarilla.
Sueño con la gente que entraba en las salas de chat gratuito a la misma hora que nosotros mascábamos del chicle y escogíamos besarnos, aún después del vómito.