domingo, 3 de mayo de 2015

2009, ¿2010?



Alguna vez me llamaste, ¿te acordás? Dijiste, creo, que te gustaba mi voz, que estabas borracha y que tu móvil estaba a punto de morir. Salí a la terraza muerto de frío para hablar sin despertar a nadie. Mi hermano dormía en la cama de al lado, después de la mesa de noche. Te dije hablando muy bajo que no había salido porque no me habían invitado. Me acuerdo del esfuerzo que hice para estirar la conversación, para que no te despidieras antes de tiempo, para que aguantáramos hasta que muriera la batería. Se escuchaba un ruido intermitente al fondo, apenas débil, como si te hubieses metido en un cuarto para hablar por teléfono, para resguardarte de la música electrónica. Te pensé en la casa de Eme, tal vez en el cuarto de su hermano pequeño sentada sobre la cama, bajo la iluminación infantil que cuelga del techo. Me acuerdo que hablamos de cualquier cosa, del colegio, de los profesores; y no pude después (de esto me acuerdo especialmente) dejar de insistir en cómo habías obtenido mi número o si sabías realmente a quién estabas llamando. No sé, a veces se puede ser cruel sin intentarlo, Ximena. La indiferencia es tan directa. Y, ¿sabés?, en ese momento exacto lo pensaba. No recordaba una sola vez en que hubieses volteado a verme al cruzarnos en el pasillo o estando en clase, aún después de sentir sobre ti la cobardía de mi mirada. No estoy seguro de haberte dicho eso por teléfono, tal vez habláramos de otra cosa hasta el momento en que la música se hizo más recia. Alguien había abierto la puerta de la habitación. Despegué por un rato el auricular de la oreja y me quedé con el sonido metálico de la madrugada incipiente, de los camiones que apenas se oían atravesando Vista Hermosa a esa hora de la mañana, del ruido que emanaba del altavoz minúsculo del Siemens hasta tocar mi cara, o los ojos que leían en la pantalla "llamada en curso. 8:04, 8:05, 8:06, 8:07". Volví a ponerlo contra mi oreja y entonces escuché a Eme diciéndote algo que no entendí porque la puerta seguía estando abierta y la música entraba a chorros en la habitación. Tú, tal vez con el teléfono aún contra la cara, decías recio que no hablabas con nadie por teléfono, que no tenía importancia, que se trataba de alguna amiga. La puerta se cerró y esta vez sí pude oír el portazo. La música volvió a un segundo plano cuando Eme subió la voz y pude oírlo gritar ronco"¡dame el télefono!, dame esa MIERDA". La llamada todavía en curso, tu voz de pronto más lejana, como si tuvieras el móvil sobre los muslos o lo hubieses guardado de vuelta en el bolso. Lo siguiente fue confuso porque en un momento, desde el balcón, desde el Siemens C55, oí como si restregaras/rasparas el móvil contra algo, una tela velur, un suelo medianamente poroso. Entonces las voces de ambos, la tuya y la de Eme, se mezclaron en algo incomprensible hasta el tono minúsculo, brevísimo de la llamada interrumpida. Un dedo sobre “colgar”o una pérdida total de batería, de tu voz entorpecida por el vino.
Entré otra vez a mi cuarto. Hacía frío. Nunca volviste a llamar.

miércoles, 29 de abril de 2015

Que usted se repita en ella



Fue madre antes de yo poder besarla

Me habían roto la cara y ella dijo que había peleado bien.Tal vez eso sea lo último que recuerde de M en el colegio, quizás su pelo claro bajo el sol brillante del segundo recreo.

A veces la pensé estando lejos. A veces desde una cama sin almohada, un horario español, a veces desde una camisa que nunca me vio puesta o unos zapatos que tiré por desgaste meses atrás. A veces como hoy, todavía la pienso. 


Lejos de aquel vestido azul suyo, del maquillaje que se lavó contra el lavabo al volver a su casa no hubo nada que la hiciese recordar la fiesta. De esa noche nos queda lo que fuimos durante la música; la posibilidad del beso que sentí en el estómago, el miedo a preguntar "vamos fuera" cuando la tuve realmente cerca bailando o un  "¿querés algo de tomar?" para llevarla  aparte del resto.

Me contaron que estás embarazada y que ya todos se lo esperaban, que tu novio es un tipo regular, más bien limitado. Ha pasado tanto y tal vez sos la que recuerdo. ¿Sabés que la persona que me lo contó incluso me preguntó si te conocía?, Imagináte eso. Creo que de todas formas mentí al escucharlo, dije desinteresadamente que creía que sí, que a lo mejor sabía quién eras aunque no estaba seguro, mientras todo se rompía por fuera, por dentro, todo se hacía momentáneamente mierda. Volví la vista a la calle, me acuerdo, a los autos que pasaban por ahí y todos los que andaban las aceras, quienes paseaban a sus perros o simplemente daban un paseo, todos, me parecieron gente mala. Encendí un cigarro que tembló sobre la llama y me pregunté si todavía fumabas en las fiestas, si aún te acordabas de cómo me rompí la cara en aquel  recreo, de cómo me equivoqué al no levantar los brazos  o si te acordabas de cuando te dije que me alegraba de verte  al volver de vacaciones. Y me golpea, qué querés que te diga, la imposibilidad de volver algún día y poder siquiera optar a abrazarte por atrás; la imposibilidad de tu boca, de esa lengua que nunca se va a revolver con la mía; del aliento que nunca voy a poder llevar al día siguiente, de la vergüenza al vernos lejos de la fiesta, de la imposibilidad de repetirla, de tu shampoo (que desconozco).

A tu hija, si es una niña, nombrála igual que a ti. Que otro niño, con el tiempo, sienta en el estómago, al menos alguna vez, la posibilidad de besarla.


domingo, 26 de abril de 2015

A partir de una conversación whatsapp


Usted, L, recordará esto
*omito su parte



¿Sabe qué hago cada semana? Tragar dos botellas de mal vino español y fumar como un desquiciado. 

El más barato de la repisa.

La verdad, me jode pensarla a usted en el cine, conmigo, viendo alguna película tonta, y después todo esto.

¿Una foto? Traté antes, pero la luz de las farolas llega muy débil.

Mi teclado no sirve, perdón. Se congela de pronto. 

Un sony Ericsson Xperia.

Sí.

¿Qué?
Verá, soy un inadaptado, y en el fondo lo único que quiero es que alguien lo padezca conmigo.

 ¿Gt? Mierda, qué lejos y lo que me gustaría volver. 

No.
Usted nunca hubiese aceptado mi forma de pensar.

Estuvimos a relampagázos, ¿No se da cuenta? a lusazos realmente. Nunca estuve, nunca estuvo.

Nada.
Tengo mucho vino encima.

Podríamos emborracharnos juntos. 

¿Que por qué? ¿Solo es estúpido?

Tal vez buscando volver con algo, digamos externo, algo que me remita a todo lo que era, otras caras, otra ropa, otras habitaciones.

Eso.

Caminar re borrachos muertos de frío. 

Compartir un cigarro, dos , tres…
El cartón entero. Sí, seguramente agotemos el cartón.

¿Una descripción de lo que veo? No sé qué decirle.  Un río manso, una catedral a chorros de luz amarilla cayendo sobre el agua, en la parte más honda; unas barcas  contra el muelle que tiemblan de frío.

Tormes. Se llama Tormes.

¿Ha visto fotos del puente? Pues solía vivir bastante cerca.

¿Para hacerla venir?

No sé.

Le diría que tengo una cama King Size, o que dispongo siempre del suelo para tenderme en caso de que lo primero no sea apropiado; que tengo un bistec en la nevera y mucho vino en la estantería. Por eso,
Venga y solo estemos.

¿Lejos?
No me pasa por la cabeza.