domingo, 10 de mayo de 2015

LPCY


Es una fotografía noventera, de finales de los 90s, probablemente revelada en Fujifilm Pradera, segundo nivel. Se trata de Cobos, de unos 5 años de edad, abrazando a un pastor alemán desafortunado. El jardín a parches de grama, las paredes blancas amarilleando irregulares desde abajo, como un electrograma de mierda, de caca. El razor ribbon oxidado se extiende por sobre el muro, los vecinos en cambio se habían decantado por botellas verdes de 7up rotas por la mitad. Si lees esto, Cobos, es mentira hermano, me gusta la foto. La camisa polo me recuerda a una que tenía, también amarilla. Figuráte que de la infancia me acuerdo sólo de dos camisas y unos zapatos negros que tenía y que no me gustaban nada. Absolutamente nada. Pero eso no importa, ¿verdad? Ha pasado el tiempo y solo puedo decir que hoy pienso en vos. 

 Me pregunto si habrás besado alguna vez, Cobos. En verdad. ¿Habrás tomado a alguien por la cintura alguna vez, mientras ella te miraba atónita desde poco más arriba del 1.60 a los ojos? ¿Habrás bailado con alguien y sentir al tenerla cerca que el beso era factible, que era posible? ¿Abrazaste alguna a vez a alguien por atrás en una fiesta y sentiste el olor de su pelo? ¿Sabés el olor del shampoo en una mujer, CObos, o del pelo quemado por la plancha, el secador? No sé. ¿Te habrá pasado algo, Cobos? ¿Habrás vivido, realmente, habrás vivido? ¿Qué es del perro desafortunado ese? ¿Sigue con vida? ¿A qué jugaban los dos en el jardín cuando volvías de clase, te acordás? ¿Cómo quedaba el pantalón del uniforme después de irte al suelo y revolcarte en la grama? ¿Te decía algo tu vieja al verse obligada a lavarlo? A veces todos somos como vos, Cobos. En el fondo sí, ¿sabés? Me gustaba que fueras capaz de comer solo en los recreos, y tan tranquilo. Yo nunca tuve los huevos de hacerlo. Me gustaba, hay que decirlo, la calma con que sacabas los panes de tu vieja, la jalea saliéndose por los bordes ¿O era otra cosa? No sé, hermano, nunca te pude decir todo esto, pero es verdad. Y ¿sabés qué pienso? Que probablemente te haya ido bien, cabrón, y de la casa esa de tu infancia no quede sino la grama o algún árbol que deba su longevidad a la mierda que hizo el pastor alemán. Probablemente si te vea en un supermercado te encuentre con dos hijos: un hijo y una hija preciosa. Tal vez tu mujer esté buena y cuando me la presentés la vea largamente a los ojos, después nos despidamos y, todavía sujetando el carrito de la compra me gire para verle las nalgas al fondo del pasillo. Es muy probable que seas mejor que yo, y me jode decirlo después de tanto. Que  de pronto al final la vida te dio la razón, a vos, por triste. Por nunca arriesgar más allá del pan con jalea fuera de la lonchera.

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