Te traté de documentar porque valías mucho la pena.
Porque voy a dudar un día —cuando se repitan las mismas fechas en los años que vengan— que pasaste por este país desafortunado, que es Guatemala.
Que eras una leoncita preciosa que dormía en un 6to de zona 14 con una ventana que daba a unos edificios largos vistos del lado y a dos o tres patios traseros que se veían pequeños como maquetas cuando me asomaba en las noches de luz anaranjada contigo.
Colgabas
tus bolsos guayú en la pared del cuarto y esa gorra de Colombia desde la que me viste
un par de veces con ojos enormes, desde muy abajo de la visera, la misma que veo ahora en el sillón de mi cuarto mientras escribo esto.
Realmente no sabría
decirte, pero me gusta ver los videos y saber que en ese momento exacto en que apareces
en el encuadre de la cámara, te habría podido tocar.Estabas ahí, tu olor y todo, tu boca y todo. Mi fascinación y todo. Cerca.
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