Yo fumando en el jardín, ella poniéndose los
zapatos arriba, los que recuerdo con strap ajustable junto a la cortina celeste del cuarto.
Se apaga la luz en la ventana perfectamente
cuadrada del segundo nivel cuando viene
escaleras abajo, a la puerta corredera de cristal y después al patio, donde estoy fumando un cigarro viendo en la vecindad los árboles de carretera a El
Salvador mecerse, silbar cuando los atraviesa tercamente el viento. Y llega muy cerca de mí (Ligg) y se cuadra para verme entero a la cara, por debajo de la visera de mi gorra negra
que pone Nissan Frontier, y la escuchás preguntar “¿No tienes frío, Dani?” mientras
se cruza de brazos en un sweater delgado.
Mi respuesta es corta y solo se me ocurre
mirarla un poco desde el humo del Rubios, pensando en cómo se veía apenas 10 minutos antes, buscando su ropa en el suelo del cuarto, y decirle: “¿Ligg vos también escuchás eso? “
Esperarla pensar, mirar un poco a todas partes
hasta ver su propio patio absurdamente normal y quizás con un poco de asco preguntar “¿qué cosa, Dani?
Entonces
decirle, así, con la vista perdida en la
vecindad y el humo blanco estancado en la visera de la gorra que pone Nissan frontier : “los árboles, Ligg. Esos de allá”.

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