Es curioso -dijo Paulis- pero no puedo recordar
la cara del primer hombre que vi orinando una calle, unas escaleras,
una pared. Tuvo que haber sido traumático para una niña, ¿se imaginan? ver por primera vez a
una persona adulta tirar un chorro hacia el suelo estando de pie, sacando pis de un
pene oscuro y arrugado, pero no recuerdo a ese primer sujeto, ni la ropa
que llevaba puesta.-
Todos la miraban en la sala pero ella no miraba a nadie. Quedaba apenas un resto de Xtra Ligero en el fondo de su vaso con hielo que veía de vez en cuando con gesto de mucho cansancio.
-Creo... no sé... -dijo paulis, ahora sí viéndonos con sus ojos perfectamente redondos mientras el fleco rubio daba sombra a la mitad de su cara -creo que las cosas se repiten tanto que dejamos de recordar las primeras, las que realmente nos marcaron, las que sí tuvieron un efecto en nosotros. No sé cuántos hombres habré visto orinar a este día. A veces unos marranos sin esconderse, apuntando hacia la carretera en lugar de darse la vuelta. Pero todos me hicieron olvidar esa primera experiencia que tuve de niña. Todas las caras me hicieron no poder recordar ninguna. Hoy, se los juro, no puedo ponerme a pensar en el primero, ni el sitio donde lo vi, aunque trate con mucha fuerza de cerrar los ojos y concentrarme en ello hasta mirarlo. Tal vez fue un borrachito de Milpas Altas, Parque de la Industria, la esquina del club Primera Raqueta o el Centro Cívico de la zona uno... ¡Ni siquiera puedo estar segura!-dijo sonriendo muerta del sueño, y Biorn supo que eso sería lo último que diría esa noche antes de despedirse de todos y subir a su cuarto.- Solo puedo decir que conozco eso...-dijo- una persona orinando, que es todas las personas al mismo tiempo.
Un rato de silencio se instaló en medio de la sala y solo pudieron oír la noche a través de la ventana entreabierta. Paulis se puso en pie y dio las buenas noches, tal como Biorn había imaginado.
Todos la miraban en la sala pero ella no miraba a nadie. Quedaba apenas un resto de Xtra Ligero en el fondo de su vaso con hielo que veía de vez en cuando con gesto de mucho cansancio.
-Creo... no sé... -dijo paulis, ahora sí viéndonos con sus ojos perfectamente redondos mientras el fleco rubio daba sombra a la mitad de su cara -creo que las cosas se repiten tanto que dejamos de recordar las primeras, las que realmente nos marcaron, las que sí tuvieron un efecto en nosotros. No sé cuántos hombres habré visto orinar a este día. A veces unos marranos sin esconderse, apuntando hacia la carretera en lugar de darse la vuelta. Pero todos me hicieron olvidar esa primera experiencia que tuve de niña. Todas las caras me hicieron no poder recordar ninguna. Hoy, se los juro, no puedo ponerme a pensar en el primero, ni el sitio donde lo vi, aunque trate con mucha fuerza de cerrar los ojos y concentrarme en ello hasta mirarlo. Tal vez fue un borrachito de Milpas Altas, Parque de la Industria, la esquina del club Primera Raqueta o el Centro Cívico de la zona uno... ¡Ni siquiera puedo estar segura!-dijo sonriendo muerta del sueño, y Biorn supo que eso sería lo último que diría esa noche antes de despedirse de todos y subir a su cuarto.- Solo puedo decir que conozco eso...-dijo- una persona orinando, que es todas las personas al mismo tiempo.
Un rato de silencio se instaló en medio de la sala y solo pudieron oír la noche a través de la ventana entreabierta. Paulis se puso en pie y dio las buenas noches, tal como Biorn había imaginado.

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