lunes, 31 de marzo de 2025

Filipinas: MI AMOR NO TIENE FIN (IV). La recepcionista del IT Park


"Me gusta pensar que sos la recepcionista de mi hotel, y cómo te hablé en el lobby!, maldito lobo, y te pedí tu número y te dije no toques mi celular ni el tuyo para darme tu número. No quiero que tengas problemas con tu jefe, no quiero que te vean las cámaras tocando mis cosas. Anótalo en un papel y déjalo allí, en la orilla del escritorio. No te preocupes, lo recogeré luego, ya lo tomaré yo, solo dame un número real, ok? No quiero llamar y que me conteste un gordo desconocido en Bohol o Siargao. Dámelo ahora que no hay nadie mirando".




Parte 4. Cebú.  Valentines day. Día del amor. Día de la amistad. El amor de mentiras puede ser verdad.


Hay pardas que son chinitas. Blancas y de pelos negros, lisos, oscuros. La recepcionista de mi hotel en Cebú, por ejemplo, es de esas, y después de hacer el check-in mirándola todo el rato en su escritorio mientras chupa un lapicero de plástico y la oigo teclear deliciosamente en su computadora desktop (haciéndome cosquillas el cerebro),  y la veo levantarse para sacar una copia de mi pasaporte agachándose sobre el scanner, pienso que hasta puedo llegar a quererla. Se sienta de nuevo. Le veo los pies blancos jugando en la silla de oficina que tiene, los talones afuera de los zapatos negros entrando y saliendo del forro. Me rebalso de deseo.


Por ratos pienso que es china de verdad (mainlander) y me pongo a imaginar cosas con ella. Es mi primera noche en el Staycity Hotel, después de mi terrible experiencia en Mango con el recuerdo asqueroso de Shiori, y solo unas horas después de subir mi mochila a la habitación hablo de nuevo con la recepcionista. Lo hago cada vez que bajo a fumar un cigarro, cuando ya el botones anda ocupado afuera recibiendo huéspedes y estamos solos en la primera planta, en el lobby, esperando a que me diga algo de su pasado. -¿Qué tiene? -le pregunto- ¿Una abuela de china? ¿una abuelita china de Chengdu?

 

-Tienes ascendencia de china, ¿no? -le digo entrecerrando los ojos para verla mejor en la luz brillante de la recepción.

 

-No.- dice moviendo su melena de pelo liso. -Solo soy filipina.

-¿La gente no te dice que pareces coreana, japonesa, china de China? - le digo sonriendo con los ojos vidriosos, llenos de Red Horse de la noche anterior. Me siento un puto López de Lagazpi hablándole así, colonialista hasta el cuello.

 

-All the time Sirrrr. Todo el tiempo -me dice componiéndose el pelo, poniéndolo a volar un poco con la mano para que yo vea todo lo liso que es. 


-Todo el tiempo me confunden -dice-.  La gente cree que soy japonesa o coreana. Es porque tengo el pelo muy negro y la piel muy blanca.

 

-Are you single? -le digo, y es 13 de febrero la noche que se lo digo sonriendo como un lobo, interrumpiéndola,   cuando le pregunto si es soltera en el lobby.  Es el Cumpleaños de mi hermano pequeño. Más tarde le escribiré. Pero mañana es  el día del cariño y quiero que esa china parda pase la noche conmigo. No puedo pensar en nadie más.

 

-¿Que si estoy soltera? - Dice la recepcionista tocándose el pelo, abriendo la boca, alcanzando el lapicero chupado en el escritorio, mirándome desde su silla giratoria de recepción, moviendo los hombros de lado a lado como una niña nerviosa que nunca enfrenta preguntas de esas.

 

-Sí -le digo sin miedo. -¿Are you single? -Porque la pregunta de si es soltera es mucho mejor que la de "¿tienes novio?" No vale nunca la pena sugerir lo que no se quiere escuchar.

 

La recepcionista no contesta de inmediato, ha mirado primero hacia la puerta para comprobar que el botones siga afuera atendiendo la entrada,  hablando con un vecino que lava su carro en calzoncillos en la calle de enfrente. Luego se voltea para ver que estemos solos en el lobby.

 

-Yes, am single - dice  volviendo a mirarme.

 

-Dame tu número. -le digo entonces, de nuevo, sin miedo. Estoy seguro que puede ver que no tengo miedo y eso le gusta: verme los dientes en la luz mientras le sonrío tranquilo. -Quiero invitarte a salir. Quiero que seas mi Valentines.

 

-Ok- dice después de una pausa, extiende su mano para que le dé mi celular.


-Anótalo en un papel -le digo entonces. No toques mi celular ni el tuyo. Anota tu número en un hoja y déjala allí, en la orilla del escritorio...





- - - - -



El día siguiente (14 de febrero) la recepcionista salió de turno a las 3 de la tarde y fuimos a comer a un restaurante japonés cerca del IT Park. Había basura de flores, papel de regalo, celofán y confeti  regado por la calle. Los enamorados habían terminado ya de almorzar y todos los comercios parecían vacíos. Los empleados agotados del restaurante japonés tuvieron que joderse y atendernos de todas maneras.


Ocupamos una mesa larga de bambú y me senté al lado suyo para verla por primera vez desde tan cerca, comprobando lo bonita que era aún sin el uniforme del hotel, con un peinado diferente al que tenía la tarde anterior. Tenía puesto un vestido corto de verano que me dejaba ver sus muslos y que juntaba sus pechos en el escote.


Pensé en los piecitos descalzos de la filipina en la recepción jugando con la silla y eché un vistazo para verlos. Allí estaban, metidos en unos tacones pequeños color blanco y sin querer, entre sus piernas pálidas, vi un centímetro de sus calzones rosados bajo el vestido.


Ordenamos . Hiyashi Chuka para mí, TanTanMen Ramen para ella.


-¿Hace cuánto que trabajas en el hotel? - le dije mientras metía su cuchara en la sopa aceitosa de la entrada.


-1 año - dijo, pero he trabajado con ellos antes. En ventas, "sales". He vendido varias de sus unidades.


-¿Qué quieres decir con unidades? ¿Venden habitaciones de hotel? ¿A perpetuidad?


-Sí -se secó la boca con una servilleta de tela que dejó manchada de labial. - Hay suecos, noruegos, americanos y británicos que compran habitaciones para vivir en el hotel, ¿no los has visto subiendo y bajando del ascensor?  Hay unidades equipadas con cocina, lavandería y estudio. Son hermosas.


Sí los había visto antes, pero no le dije nada. Solo le sonreí. Había hablado con uno de esos viejos esa mañana, un canadiense  que entró al hotel con una filipina de piel oscura y dientes largos sujetada de la mano, tal vez de 25 o 30 años, del tipo aborigen.  El canadiense, de unos 70,  estaba nervioso y emocionado de tener una mujer joven para agarrar de la mano y subir a su habitación,  podía mirarle en los ojos a ese cabrón que se estaba sintiendo un muchacho de 20, un adolescente emocionado por mirar entre las piernas a una mujer. Se dejaba arrollar de nuevo por el amor de alguien joven, volviendo a tener un Valentines acompañado, aunque ese amor fuera solo de mentiras.


Vi a la recepcionista a  los ojos, que intentaban mirar en los míos lo que estaba pensando y  casi le digo lo que tenía guardado en el coco: "No quiero ser uno de esos viejos, mi amorrrrrrr - con esas palabras y todo. -Malditos asquerosos, te lo juro!, a veces me veo en sus ojos y me compadezco . Envidian mis 30 y yo le tengo pavor a sus 70. Espero estar muerto para entonces,  ¿sabes? cuando ya no quede  nada en mí que una mujer pueda amar sin engaño. Cuando nadie  pueda amarme de verdad (cuando ya no puedas mirarme con esos ojos con los que me estás viendo ahorita). Cuando ya no puedas desearme quiero estar enterrado.


-Así que estuve antes en ventas -dijo la recepcionista para sacarme de mis cavilaciones internas-, pero las comisiones no son demasiado buenas. Los propietarios del hotel son chinos, ¿sabes? de Sichuan y son unos miserables cuando quieren. Por eso prefiero estar en recepción, me entretengo y luego solo cobro un salario fijo sin más.


No hablamos nada importante durante el almuerzo y al terminar, saliendo de allí, la llevé bajo el atardecer rosado que nos hizo al Pipeline, atravesando todo el It park a pie, andando sobre la hierba seca. 


Dejamos que nos atardeciera con una cerveza fría en la mano y ya no me sentía triste de estar en el Pipeline de nuevo, ya no pensaba más en Shiori, sino solo en aquel Valentines precioso con la recepcionista del hotel mirándome a los ojos de cerca, espulgando lo distintos que éramos.


-¿De qué color son tus ojos, Dani? -dijo.


-No importa -le dije.  Nunca me fijé en los ojos de los demás. Nunca los encuentro hermosos.  Ni siquiera los míos.


Me di cuenta entonces de que no me sabía su nombre. La había guardado en mi celular solo como "Stay City Hotel Cebu".


-Oye -le dije nada más, sin nombre,  cuando ya  se había hecho noche dentro del Pipeline, en el área exterior para fumadores, y nuestra mesa estaba tapizada de envases vacíos de cerveza. 


-Quiero beber hasta estar ciego y quiero que pases la noche conmigo. -la tomé de la mano por primera vez y la sentí ligeramente sudada y temblorosa. - Eso me haría la persona más feliz de Filipinas. El hombre más feliz del mundo.


La recepcionista asintió con la cabeza, me agarró la otra mano y la sentí también fría y sudada. Su manita mojada, su sonrisa apretada. Su corazón se aceleraba.


-Cualquier cosa, Dani. -dijo- Eres mi Valentine, ¿no? -    


-Sí mi amor "yes mi amor" -le dije, y le besé la cabeza de pelos negros y le expliqué lo que quería decir mi amor en español. Se puso roja. "mi amorrr" -repitió.


Me he vuelto jodidamente bueno con los mujeres -pensé entonces, levantando la mano para pedir una última ronda de Red Horse para mí y San Miguel Light para ella.


Estar bolo hablando con una parda -me dije mientras miraba el anochecer borroso detrás del techo abierto y el mesero traía las cervezas heladas y las ponía sobre la mesa y yo ponía mi mano en la rodilla desnuda de la recepcionista. ¿Hay algo mejor que eso en el mundo?  Estar atontado bebiendo con una mujer hermosa. Estoy convencido que no hay nada mejor que eso.


-Hey ya te has dado cuenta!? No podemos entrar al hotel  -dijo la recepcionista poniéndose de pronto nerviosa, como si no hubiera pensado en eso en toda la tarde. -Van a reconocerme mis colegas, conozco muy bien a la gente que turna en recepción a esta hora. Debe ser Sophie quien está de turno, me reconocería de inmediato ¿Qué hacemos?!


-Pues te pongo un casco de moto - le dije sonriendo. -Compramos una mascarilla y unas gafas de sol en un 7 Eleven y se acabó el problema, subimos a mi cuarto sin que tus colegas puedan reconocerte. Sin que sepan que me estoy llevando a la recepcionista del hotel a mi cuarto.    ¿Crees que pedirán alguna identificación al entrar?


-Sí -dijo apretándome la mano nerviosa, sus pupilas chinas con un puntito de luz encima -lo hacemos con toda la gente que no está registrada. Les pedimos una identificación.


-Oh, vamos! por supuesto que estoy bromeando, mi amor! -le dije cuando la recepcionista se estaba imaginando la escena del hotel y la humillación de ser descubierta por sus propios colegas acostándose con un huésped.  


-Pienso rentar un cuarto en el hotel más cercano que tengamos de aquí, el que sea -le dije-. Veremos lo que nos muestra Booking.com a un paso de aquí.  -La recepcionista me besó deslizando toda su lengua en mi boca.


- - - - -


Esa noche  del 14 de febrero todos los hoteles estaban llenos excepto uno a dos cuadras del hotel donde nos conocimos. Nos registramos y subimos a una habitación con vistas a la ciudad en el 7o nivel. No había decoración del día del cariño, pero había una botella de vino tinto y una mesa para dos con mantel rojo.


Puse un concierto de Coldplay en la tele y bebimos del minibar.


-Nunca he sido más feliz en toda mi vida, mi amor -me dijo con las luces de la ciudad entrando por la ventana, salpicándole los ojos chinos dentro del cuarto oscurecido. 


-Sí? -le dije besándole el pelo, hablándole a través de su melena coreana. -Te había deseado desde el momento en que entré al hotel, cuando le sacaste una copia a mi pasaporte echándote encima del escáner, y te deseo esta noche mucho más de lo que crees.


-Yo también me fijé en ti -dijo. -Me aprendí de memoria el nombre de tu pasaporte, sabes? y tu cumpleaños.  Sé que eres apenas dos años mayor que yo. Estaba deseando que me hablaras y me morí del susto cuando me invitaste a salir en el lobby.


Jodido Valentines Day -pensé al filo de la madrugada con el concierto de Coldplay todavía reventando bajito en la tele, los calzones rosados de la recepcionista descansando en sus tobillos  y yo de rodillas frente a sus muslos abiertos- EL AMOR DE MENTIRAS PUEDE SER VERDAD.


 


BOOK FROM NZ$121 >> Staycity Serviced Apartments in Cebu, Philippines

domingo, 16 de marzo de 2025

Filipinas. MI AMOR NO TIENE FIN (III) CEBU. Recuerdos de Mango St. Shiori, mi amor, japonesita. Valentines day. Día de la amistad. El amor de mentiras puede ser verdad.

 Los filipinos creen en Dios (pit señor) pero Jesús no está en Filipinas, ni vive en sus corazones: no mira más hacia Manila. Ha apartado su rostro de ellos para siempre y sus catedrales y súplicas al Santo Niño más bien parecen llamarlo de vuelta. Es como si en los rezos no pidieran un milagro, sino, solo, de nuevo, su presencia. Un auxilio, un destello de su gloria.





Parte III.  CEBU. Recuerdos de Mango Street. Shiori mi amor, japonesita. Valentines day. Día de la amistad. El amor de mentiras puede ser verdad.


No me gusta cómo me siento en Cebú, pienso. Me espanta las cosas que soy capaz de hacer allí, especialmente en el área de Mango, donde da un poco de asco la decadencia y me dan ganas de no voltear a ver hacia los viejos que hablan con las niñas afuera de los bares. Hijos de puta, pienso. Pero qué culpa tienen, quién sabe el monstruo en que habremos de convertirnos en la vejez. Nadie está exento de convertirse en un desconocido. El futuro puede sorprenderte trayéndote frente al espejo a un extraño de verdad y entonces sí, a joderse. O te abrazas o te matas tirándote de un puente. Más vale que te abraces. Aceptar desde ya el viejo en el que habrás de convertirte. Lo que sea que me depare el futuro, Pit Señor, lo acepto desde ya.

En Cebu la perversión / el deterioro moral es grave. La ropa es muy barata, las calles muy oscuras y las mujeres de vida nocturna se mueven en las madrugadas pegajosas de Cogon Ramos con el pelo tieso oliendo a humo  de motocicletas, haciendo ruido con sus boconas de monas pelirrojas al reírse, y los tacones arañan el cemento de las mismas avenidas que han caminado por siempre. Los zapatos se gastan en círculos.

Una pelona hace caca frente a mí en una banqueta del Queen´s Road. Parece un helado saliendo del dispensador. Sus nalgas se ven pálidas bajo el vestido averiado de fiesta. Al terminar se sube las bragas y se cala el bolso al hombro como si nada, ningún problema. Sigue andando hacia la puerta de un bar donde pronto entablará una conversación risueña con un foreigner que le ofrecerá un cigarro para empezar a charlar despacio. Alguien en la madrugada, un desafortunado, habrá de pisar su mierda esa mañana. Otro desafortunado le acabará haciendo el amor.




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En la terminal única del aeropuerto de Puerto Princesa abordo mi vuelo en mitad de la misma lluvia torrencial que tuve noches antes con Hannah. Sorprendentemente, ningún vuelo ha sido cancelado en lo que va del día y tengo suerte de abordar el avión sin retraso. Mi ticket es para Davao (destino final) con llegada a las  9 de la noche, pero en la breve escala de Cebú, después de una breve conversación en el avión, decido impulsivamente no tomar el vuelo de conexión y quedarme allí, en Mactan, con el billete de Davao arrugado en el bolsillo.





De pronto estoy en la bahía del aeropuerto esperando un Shuttle para el North Bus Terminal de Cebú City. Algo que ya hice una vez, en enero del 2023. Sm City, Mabolo,  Juan Luna Ave. Todo vuelve a mi memoria sin esfuerzo. ¡Cuánto he amado mi vida! ¡Cuánto he amado las Filipinas!


Da igual no haber tomado el vuelo de conexión, me digo mientras espero el bus y platico conmigo mismo en la parada. Una señora que tenía sentada al lado en el avión me dijo que Davao es el sitio más civilizado, ordenado y limpio de las Filipinas. "No parece Filipinas" me explicó orgullosa de su ciudad, "La gente allí vive vidas más tranquilas y rectas. Menos vicios y tonterías. Más trabajo y honestidad, menos holgazanería y depravación; no tanto borracho, sabe?". Y quise besarle las manos para agradecerle esa información tan valiosa, pues esa no es la Filipinas que quiero encontrar! Quiero el caos, el riesgo, el desvelo. La Filipinas que puede matarte en 6 meses.


 Me encontré a la señora luego en el pasillo de conexiones del aeropuerto en Cebú y me llamó con la mano para indicarme que la puerta de embarque para los transfers domésticos estaba del otro lado, "aquí es la conexión de Davao" -me dijo sonriendo,  "sígueme, embarcaremos en la puerta 10", creyendo que yo me había perdido cuando enfilé hacia el pasillo de salida del aeropuerto. Me quedé parado mirándola, sonriéndole de vuelta. Adiós, le dije también con la mano, que tengas un buen viaje hacia Davao, y la sonrisa desapareció de su rostro cuando entendió que había escogido permanecer en Cebú.







Nunca he reservado un hotel anticipadamente en toda mi vida. Siempre reservo hasta que llego a los lugares y los huelo bien, los camino un poco, me pido una cerveza para medir el ambiente. Pero esta vez ya conozco Cebu así que me adelanto.


Saco mi celular mientras voy en el shuttle del aeropuerto hacia la estación más crercana del centro. Booking.com.  21 dólares y ya tengo un apartamento en Mango Street con piscina y gimnasio en el piso 28, algo que decido apenas mirando las fotos y los detalles del alojamiento, comprobando solo la dirección en el mapa: "Fuente Osmeña/ Mango Street". En menos de un minuto estoy en el teléfono con la propietaria del alojamiento  para que me indique cómo jodidos entrar  a esa hora de la noche.


-¿Daniel? ¿Daniel Castillo? -dice en la llamada de Whatsapp. -Tengo tu número guardado. Te has hospedado antes en una de mis unidades, ¿no es cierto?


-Pues tiene que ser eso -le digo. -¿El apartamento que acabo de reservar está en el Horizons 101? -


-Ese mismo -dice, y sé que sonríe en el teléfono cuando lo dice. Es la voz de una gorda que sonríe en el teléfono.


-Entonces sí -le digo, sorprendido de recordar ese nombre de la nada: "horizons 101, el edificio más alto de Mango". -Mucho gusto de nuevo... (veo su nombre en la reservación) Patricia. Encantado de saludarla, Patricia. Estuve aquí en enero de 2023, ¿sabe? para Sinulog, y tuve que haber rentado una de sus preciosas unidades. Muy cómodas sus unidades. -


-¡Hey muchas gracias!- dice la gorda.


Pienso en el Horizons 101 y me sudan un poco las manos  de nostalgia. Mierda, Dani, cuando aquel enero te ocurrió el festival de Sinulog con Shioiri, la japonesa, y dormiste primero en su hotel (el Crowne Garden la noche que la conociste intoxicado) y luego en aquel edificio de Mango St con ella. Horizons 101- mierrrrrrda. ¿Debería solo colgar y cancelar la reserva, rentar una moto y alejarme tres horas de Cebu City para no pensar en eso? Caer a Carcar o Daanbantanyan antes del amanecer??


-Llego en 15 minutos, Patricia -le digo. -Estaré en el lobby en exactamente 20 minutos, ok?. -La voz no me tiembla pero las manos siguen sudando.










 EL RECUERDO TRISTE DE SHIORI

Me quedo en el mismo edificio en el que Shiori durmió conmigo y eso me pone triste. ¿Será la misma unidad? -me digo después de recibir las llaves en el lobby y esperar el ascensor que sube desde el sótano.  Estoy casi seguro que no, tendría que ser mucha casualidad. Ya ni siquiera recuerdo en qué piso estaba el que ocupamos juntos aquel enero.


Abro la puerta y enciendo la luz del apartamento esperando encontrarme de frente con un trozo terrible del pasado, y el de Shiori, algo nuestro, pero para mi suerte la unidad que tengo esa noche es distinta a la que tuve en el 2023. Esta tiene la cama pegada a lo largo de la ventana y con Shiori recuerdo que veíamos la ventana justo sobre nuestros pies descalzos al final del colchón. Japonesa linda, te extraño tanto.


Cebú me pone triste, pienso de nuevo mientras me rasuro en el baño, que es idéntico al de la unidad que renté en 2023, con la ducha de azulejos blancos y un cubo de plástico para recoger el agua con el que Shiori hizo algunas bromas de gente pobre, duchándose como china sencilla, a guacalazos. 


Salgo del hotel para bajar al lobby y prender un cigarro y hasta el maldito ascensor del edificio Horizons 101  me pone triste. Miro la piscina donde Shiori intentó nadar y se cagó del frío, donde le puse una toalla alrededor de la espalda y se metió entre mi pecho ("hug me tight danito, am shivering"), con la vista perdida abajo, en la iglesia católica  cruzando la calle y los clubes nocturnos del paseo comercial, saboreando el clima del trópico en el que hicimos el amor varias veces.


Esa noche, después de cenar medio kilo de lechón, intento dormir en el apartamento de Horizons 101 con el aire acondicionado a tope y no puedo conciliar el sueño, tengo los ojos abiertos mirando el techo. Me visto, me pongo los zapatos y pido un uber al IT park, al Pipelne del centro empresarial, que es el sitio donde conocí a Shiori hace más de dos años. 

En el Uber me imagino que voy a encontrármela de nuevo y lo primero que hago al llegar es buscar la mesa en donde nos conocimos. Soy tan tonto que hasta voy un poco nervioso, como si hubiera una posibilidad de encontrarla en el mismo lugar de nuevo, sentada en la barra, esperando mil veces a conocernos. 

Ya no somos nosotros ocupando esa mesa, pero es la única que sigue desocupada  cuando entro en el Pipeline y me siento allí con una cerveza a recordar cómo fue todo. Hay una barra en el medio donde recuerdo que la vi ordenando de espaldas por primera vez, sentada en un taburete con los hombros descubiertos en un vestido, mirando el menú de bebidas, antes de invitarla a ocupar la mesa donde ahora la pienso.

Después de 7 cervezas le escribo. Le tomo una foto a la barra del Pipeline donde nos conocimos y se la mando.


-Aquí te conocí – escribo por Whatsapp.


Lee mi mensaje en menos de diez segundos, después de dos años de no vernos.

-¿Por qué nunca estás aquí cuando quiero verte? deberías quedarte para siempre en las jodidas filipinas -le escribo sintiendo la cerveza en los ojos. -Me deberías dejar encontrarte siempre aquí, en enero. Vendría todos los años a conocerte.

-¿Qué es lo que tanto te gusta del Asia pobre, Danito, mi amor – contesta. ¿Qué es lo que te vuelve loco de las Filipinas? ¿No es un poco triste? Te extraño más que a menudo -dice-, me dio un vuelco el corazón ver tu mensaje -

Recuerdo que yo mismo le enseñé a decirme Danito, en el 2023,  y sonaba perfectamente japonés cuando lo decía ella: Danito...  Todo junto: midanito... MIDANITO.

-No vivo aquí porque filipinas me acabaría matando en 6 meses, mi amor -le digo.- Lo sabes bien, Shioricita, no puedo controlarme. Es tan parecido a mí que acabaría conmigo. Pero sí intento venir cada dos meses.

-Hope I could just fly to the Philippines now... -dice, y a mí ya no se me ocurre nada más que decirle. Entiendo que tal vez solo quería herirla con un recuerdo nuestro cuando le escribí, como yo me me herí solito volviendo a Cebu. Ahora no me interesa seguir hablándole, ya cuando los dos hemos vuelto a sentir algo en el estómago.

-Danito  I am so lost now,  in Tunisia -escribe, I have been traveling for a while now. I don’t know where to go and what to do even tomorrow. I miss you a lot.  Let’s quit job both of us and meet somewhere. I am lost in life.

Su mensaje me ha hecho sonreír y levanto la vista al sentir la mirada de alguien que me mira desde la barra del Pipeline. Es una parda que sonríe de verme sonreír y aparta la vista hacia la terraza de afuera, donde está la pequeña área de fumadores. Dame un momento parda querida, pienso, ya mismo me siento al lado tuyo en la barra y me cuentas tu vida un poco. Nos tomamos una cerveza y vemos lo que pasa, sí? lo hacemos al estilo filipino.

-He rentado un apartamento en el mismo edificio de Mango donde estuvimos juntos -es lo último que le escribo a Shiori aquella noche en mi celular, la japonesita de Tokio por la que recuerdo haber enloquecido de verdad -. Es parecido a mi Airbnb de Mango St -le digo-  te acuerdas del sitio? y no he podido dormir esta noche pensando en ti. Por eso he venido a extrañarte todo lo que puedo al Pipeline y a tomar mucha cerveza. Mañana busco otro sitio que no me haga daño, uno más bajito de recuerdos. Te lo prometo. Un hotel que no tenga nada de ti, un lugar que no me haga pensarte. 

Por un instante quiero contarle que estuve en Oslob para mirar las ballenas de las que ella me habló hace más de dos años con los ojos llenos de excitación, pero me da vergüenza que sepa el asunto de las ballenas, de mi viaje solitario hacia un sitio que fue importante para ella.

-¿Danito te veré de nuevo? -es lo último que escribe esa noche por Whatsapp.

-Yo te miro en todos lados, mi amor -.




miércoles, 5 de marzo de 2025

Filipinas. MI AMOR NO TIENE FIN (II). Puerto Princesa


El pelo se me oscurece a medida que se oscurece mi corazón -le dije a  una filipina con tatuajes de culebra que conocí en un salón de billar en Puerto Princesa. Rachel, se llamaba.

-Cuando era niño tenía el pelo rubio. -Mirá -le dije- y le enseñé una foto de cuando tenía 5 o 6 años. 

-¡Wow! -dijo- your hair used to be sooo blonde. Solías tener el pelo muy rubio, Dani. Y me tocó el pelo para verlo bajo la luz amarilla del billar. 

-What happened? you still have that naughty face, though.

Le sonreí y me pregunté si todavía le estaba sonriendo como en esa foto de cuando era pequeño.

-¿Qué quieres decir con eso de que se ensucia tu corazón, Daniel?  -Cómo puede oscurecerse un corazón?

-I don't know, Rachel - I guess people just change -le dije. -Thats all-

Jugamos un par de rondas de bola 8 apostando tragos. Empecé a ganarle fácil después de la segunda partida, metiéndome con ella cada vez que fallaba, desordenando su juego, viendo cómo se iba poniendo borracha después de solo tres copas.

Me contó que era "entrepreneur", porque esa fue la palabra ambiciosa  que usó aquella tarde en el billar: "emprendedora". Dijo que era su propia jefa y me daba risa pensar en conceptos como esos en Puerto Princesa  (entrepreneurship , independencia financiera, autoempleo, ingresos pasivos, emancipación económica). 

-Tengo una tienda de vestidos de novia -me dijo, y sacó su celular para enseñarme fotos del frente de la boutique, su emprendimiento. Allí estaba la vitrina con 3 o 4 maniquíes flacos, y los vestidos de telas densas que me hacían querer vomitar de solo mirarlos. Qué puto calor ponerse un atuendo de esos en Filipinas, pensé. 

-Son hermosos -le dije. -Me encantan-.

La traté de besar junto a la mesa de billar mientras me enseñaba las fotos y me dijo que allí no. Que rentáramos una sala de karaoke, de las que estaban detrás del billar.

-At least get me drunk, Daniel -dijo-  Al menos ponme borracha allí dentro, en una de esas salas de karaoke.. Creo que vale 300 pesos la hora. Podemos escoger la que queramos-.

Tenía los tobillos tatuados de rosas y una culebra verde en la clavícula. Era muy blanca y me volvieron loco sus piernas cuando se movió alrededor de la mesa de billar aquella tarde, cuando se inclinó 50 veces sobre el tapete para golpear una pelota y su falda ajustada de jeans le abrazaba la cintura.

- - -

-Hey Rachel: - le digo cuando llega mi turno,  antes de embocar la bola 8 en la esquina izquierda y ganar la última partida. 

-What?

-I fucking like you.






Parte II. Puerto Princesa




Vagando en Puerto Princesa dejo que el sol caliente mis brazos. Hago nada. Deambular por las calles de tierra, las calles adoquinadas y el main Strip.  Recorro de noche el paseo marítimo y conozco gente en los billares de Malvar Road y New Buncag. El Kudos y Hideout, por ejemplo, los dos con techo de lámina. Hablo de cualquier cosa con desconocidos y miro el vecindario con una cerveza en la mano. 


 Llueve afuera, cada noche desde el jueves que llegué a Palawan y la gente morena se refugia en las tiendas, cafeterías y bares con ventiladores de techo. Si me pongo borracho pasan cosas preciosas, pienso subiendo las escaleras de un bar.  Ni siquiera importa la lluvia, pasan cosas hermosas si comienzo a beber algo sentado en cualquier parte. Me gusta la luz eléctrica en las ventanas y en los balcones pequeños de la gente pobre, el rostro envenenado de las pardas que pasan caminando cerca y la figura delgada de una mujer que espera el taxi bajo una sombrilla.


 

 Paso bajo el sol durante el día, cuando no llueve. Downton Puerto, Rizal Street,  abrazado de pardas luego por la noche que conozco en bares pretensiosos pero baratos del main strip, donde parece mentira lo fácil que es pescar a una mujer con la mano, llevártela al hotel frente a sus amigos, que no van a detenerla, sino, más bien, van a decirte “take good care of her, ok Daniel? -después de solo 10 minutos de haberlos conocido y de haberles dicho tu nombre borracho. - "She´s our cute little princess, Daniel. Treat her right, ok?”. Y la despiden sabiendo que solo voy a tenerla una noche para hacerle el amor. Luego voy a dejarla tirada en un taxi.


Se parece a Patulul, pienso pidiendo una cerveza fría en una tiendita de barrio, a través de los barrotes de hierro. Una ciudad enana y espontánea derretida por el sol del Pacífiico y policías morenos de chaleco que sostienen escopetas recortadas en las puertas de sucursales de banco y almacenes de electrodomésticos al crédito. Las mujeres son bonitas y limpias, y esa es, quizás, la mayor diferencia que hay.


Bebo Red Horse en cantidades estúpidas,  que es (por mucho) mi cerveza favorita en el mundo, y pienso que nunca he estado realmente sobrio en las filipinas. Siempre voy algo zumbado y creo que es la manera correcta de estar en las Filipinas: zumbado.


Podría parecerse a Mazatenango, pienso,  pero con un Jolibee en el main street y tiendas de cosméticos y bares en segundos niveles donde la cerveza solo cuesta 85 pesos filipinos (unos 1.50 dólares americanos), y en los que se puede encontrar gente decente para hablar a cualquier hora del día.

La semana no tiene sentido en Puerto Princesa, pienso. Es igual un lunes que un viernes y las pardas huelen a perfumes dulces de rosas y cerveza tibia de lata en días laborales. Huevonean en la costa y se arreglan para encontrar esposo en las mismas calles donde crecieron y nunca encontraron nada.



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A las 10:00 pm salgo del hotel después de haber estado con Hanna, una china tatuada que conocí unas horas antes en el "J1: Restobar". La metí en un taxi y la vi perderse en dirección al aeropuerto mientras me tiraba un beso en la ventana y yo le decía "bye bye beautiful Hanna, bye bye, mi amorrrr".


Entro en un bar de la esquina que descubrí durante el día, al lado de un cajero automático del Philipine National Bank.  Miro el interior, que ya está a un 40% se ocupación y me gusta lo que veo.


Las pardas de Puerto Princesa se miran mainlanders chinas, pienso reconociendo el interior oscuro del bar, aunque pensé lo mismo antes con Hannah, que bien pasaría por Taiwanesa o Coreana. Nunca me lo hubiera imaginado. Chinas de provincia, chinas de monte, chinas preciosas. Vaya descubrimiento!


A los 10 minutos de entrar pesco una parda con la mano, cuando apenas acabo de ordenar mi primera cerveza. Es una flaca de vestido corto que bebe sentada en la barra. Me siento al lado de ella y sin siquiera preguntarle su nombre le digo:


-La música está muy alta aquí, ¿No? ¿No te da un poco de asco? -


Y la parda me dice que sí moviendo la cabeza.  Está de acuerdo, la música tan alta le da un poco de asco y hace esa mueca con la boca, enseñándome los dientes, aunque solo un minuto antes la vi mover la cabeza con la música, pasándola en grandeMe mira a los ojos cuando es la primera vez en toda su vida que mira mi rostro.


-Too noisy, yes. Tienes razón. -dice. Whats your name?


No le contesto. Estoy ardiendo después de haber estado con Hannah y nada puede importarme menos que mi nombre y una conversación estúpida.


-Want to grab a drink at my hotel instead of here?- le digo con toda tranquilidad. -Queres tomar un trago afuera en lugar de estar metidos en esta locura? Es que ni siquiera te escucho.


Sonríe y por un momento parece que la mueca va a rompérsele de vergüenza. Se contiene.


-Sure, why not -dice hablando lo más tranquila que puede,  tomando su bolsa sobre la barra para irnos y sus manos tiemblan un poco.


-¿Es tu primera vez en puerto? - me dice mientras cruzamos la calle ancha que conduce al Norte, la misma por la que desaparecí a Hanna hace menos de una hora, en un taxi.  La tengo agarrada de la mano con su vestido corto y el bolso pequeño le cuelga del hombro. 

-Sí-  le digo. -Es mi primera vez en "Puerto"-. También quiero decirle que quiero hacer el amor con ella para que su ciudad chiquita sea importante para mí. Para querer escribir esto en el blog. La primera noche en Puerto Princesa durmiendo con mi segunda parda.






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Hanna me llama por teléfono justo cuando llevo diez minutos hablando con la parda del bar en mi habitación, sirviéndole un whisky en un vasito de plástico,  y pienso "esa puta de Hanna qué se cree". Llamándome por teléfono como si fuésemos algo después de haber estado juntos.

-Yeh? -Le digo con la ceja empinada del disgusto.


-Oye Dani se ha montado una fiesta en casa de mi jefe! Te lo juro: me han rogado que vaya.


Me quedo en silencio mientras la parda del bar da un sorbito a su trago en el vaso de plástico y me mira queriendo adivinar de qué va la cosa.


-Daniel, baby, what are you up to? come tonight to the party, ok? - Me dice Hannah. -Promise me. -Mi jefe quiere conocerte, mis colegas quieren beber contigo. Les he dicho en el chat de la oficina que bebes como un animal.


De nuevo me quedo en silencio, intentando recordar qué tanto había bebido con Hannah por la tarde, en la terraza del J1 Restobar, y cuántas horas habíamos pasado juntos.


-Where are you, baby? -dice mientras you aún no digo nada.

 

Miro el reloj. Son las 11 de la noche en punto. Si quiero ir a la fiesta tengo algo más de una hora para desnudarme con la parda flaca del bar, pienso, despedirla, ducharme y pedir un taxi a la fiesta de Hannah, donde me llama la atención ver qué ocurre con la gente del periódico en donde trabaja. Era jefa de redacción, según recuerdo que  dijo.


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A las 12:30 me visto y saco de mi hotel a la chica del bar y ya tengo 2 llamadas perdidas de Hannah en mi celular. Estoy bolo y le marco de vuelta.

-Voy para allá - le digo nomás contesta el teléfono-, ¿quieres que lleve una botella de whisky?

-Ni siquiera sabes donde es la fiesta... -dice decepcionada. Puedo escuchar la risa de sus amigos en el fondo y algo de música. Pardas y pardos bebiendo en algún sitio residencial de Puerto Princesa.

-Vamos Hannah, ya me diràs la dirección en un rato. Alégrate un poco, ¿sí? es que acaso no vamos a vernos?


Le saco una risa en el teléfono. Se ríe por la nariz y puedo imaginarme sus brackets cuando se ríe.

-Tienes razón. Trae una botella de Alfonso, ¿quieres? -dice-, hielo y un doble litro de soda.

 

-Perfecto linda te veo dentro de nada. Pasaré comprando algo en el camino.


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Su jefe vive en un condominio como los que hay en Escuintla, los buenos. Garita de cemento y buenas casas con jardín y piscina. Pero no dejan de ser residenciales tristes, húmedos y chabacanos, con maleza creciendo entre la grama y olor a frutos podridos en el aire. Sitios horrendos para hacer vida.

 

Nos sentamos en el porche a beber sobre una mesa plegable de plástico. El jefe es un gay gordo de manos enanas que me pone mucha atención cuando hablo. -Tranquilo-, me dice Hannah, no le gustan los hombres masculinos, le gustan las mariquitas. Aparte sabe que eres mío. Me aprieta la mano bajo la mesa. Te quiero, baby.

-Un pardo desconocido me sirve un trago de Alfonso y Hanna me ruega que por favor cuente la historia de la vez que casi me ahogo con mi hermano en una playa de Guatemala, que fue lo último que hablamos antes de hacer el amor, apenas unas horas antes.

 

Todos beben mientras esperan que empiece a contar la historia. Sirven tragos en los vasos, beben,  y callan. Me pongo a pensar mientras pego un buen trago al Alfonsito: "¿Hay algo más lindo que el sonido del hielo golpeando un vaso de vidrio?" Cuando hay una mujer al lado tuyo que se lleva un trago a los labios con su manita pequeña y empieza a sentirse achispada, escuchándote hablar con ojos brillantes. No hay nada como beber con una mujer, me digo mirando a Hannah y a las pardas alrededor de la mesa. Me encanta que me miren. Me encanta que me pongan atención. Me encanta que en un rato vayan a escucharme bien contar una historia.






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A las 5 de la mañana me despierta la tormenta eléctrica que ha tomado por sorpresa la ciudad. Nos llueve  recio en la ventana abierta del hotel y eso es lo que me trae de vuelta a la habitación, la ventana chorreándose bajo el techo, somatándose en el marco de madera. Entiendo que estoy de vuelta en el hotel con Hannah, que también despierta y aunque no puedo verla en la penumbra huelo su aliento cuando me dice -¿Tampoco puedes dormir?-


-Qué cogorza, -le digo-. Maldito ron filipino. Puto Alfonsito. Estaba contando la historia de mi hermano y de pronto estoy aquí. Es todo lo que recuerdo.


-¿A qué hora volvimos al hotel?  ¿Cómo leches hemos vuelto?-


-Qué más da, baby -dice. Has bebido demasiado esta noche. Intenta dormir algo más, ¿sí?. -Y sus manos me acarician el pelo.


Le digo baby y me dice baby, como si fuésemos novios de meses pero nos conocemos de hace solo unas horas.


-Me da miedo, ¿sabes? -dice cuando intento quedarme dormido.


Permanezco un rato en silencio oyendo la lluvia, pensando si contestarle o hacerme el dormido. Qué pereza hablarle, pienso. Mejor me hago el dormido.


-¿Baby? -dice entonces sacudiéndome por el pecho -¿Sigues despierto?-


Mierrrrrrda, pienso saboreando la palabra mierrrrda en la boca.


-No te preocupes Hannah -le digo como una molestia, exagerando una voz dormilona, bostezando. -La tormenta pasará pronto. Son solo relámpagos cayendo en el campo y agua derramándose del techo. Eso es todo.


-No baby -dice bajando sus manos a mis caderas.


-Me da miedo todo lo que voy a extrañarte. No quiero dormir sin tenerte dentro de mí otra vez. Ponla dentro de mí, ¿quieres? - y se lleva una de mis manos entre sus piernas calientes.

  

A las 7 dormimos de nuevo y descubro que ya no pienso en nada cuando duermo con una parda. Es tan familiar: Escucharla respirar sus sueños de irse de aquí. De encontrar su camino en cualquier otro lugar(Estados Unidos, Japón, Australia, Europa. Un sitio que huela a fortuna). 


Su vagina aprieta con la misma fuerza con la que quiere largarse de aquí -pienso aún dentro de ella. Quiere mi apellido, quiere subirse a mi destino.


-¿Me llevarás algún día a tu país? -dice, y yo ya ni siquiera recuerdo el país del que le dije que era. Si Guatemala o (por evitar que algún día me encuentre), España.


Yo solo vengo a visitar estos lugares por chingar, pienso decirle mientras oímos la lluvia caer en la ventana. Es lo que hago, sabes baby?, viajo a lugares malditos para pasarla bien, luego me largo. Visitante baby, viajero baby, solo turista baby, después me voy, baby. Siempre tengo adonde ir, baby. Donde esconderme, baby. Siempre me largo babyyyyy!


-Of course I would -le digo.  -Por supuesto que te llevaría conmigo a cualquier parte, mi amor. Me encantaría -. Y le beso la boca en la penumbra.