domingo, 16 de marzo de 2025

Filipinas. MI AMOR NO TIENE FIN (III) CEBU. Recuerdos de Mango St. Shiori, mi amor, japonesita. Valentines day. Día de la amistad. El amor de mentiras puede ser verdad.

 Los filipinos creen en Dios (pit señor) pero Jesús no está en Filipinas, ni vive en sus corazones: no mira más hacia Manila. Ha apartado su rostro de ellos para siempre y sus catedrales y súplicas al Santo Niño más bien parecen llamarlo de vuelta. Es como si en los rezos no pidieran un milagro, sino, solo, de nuevo, su presencia. Un auxilio, un destello de su gloria.





Parte III.  CEBU. Recuerdos de Mango Street. Shiori mi amor, japonesita. Valentines day. Día de la amistad. El amor de mentiras puede ser verdad.


No me gusta cómo me siento en Cebú, pienso. Me espanta las cosas que soy capaz de hacer allí, especialmente en el área de Mango, donde da un poco de asco la decadencia y me dan ganas de no voltear a ver hacia los viejos que hablan con las niñas afuera de los bares. Hijos de puta, pienso. Pero qué culpa tienen, quién sabe el monstruo en que habremos de convertirnos en la vejez. Nadie está exento de convertirse en un desconocido. El futuro puede sorprenderte trayéndote frente al espejo a un extraño de verdad y entonces sí, a joderse. O te abrazas o te matas tirándote de un puente. Más vale que te abraces. Aceptar desde ya el viejo en el que habrás de convertirte. Lo que sea que me depare el futuro, Pit Señor, lo acepto desde ya.

En Cebu la perversión / el deterioro moral es grave. La ropa es muy barata, las calles muy oscuras y las mujeres de vida nocturna se mueven en las madrugadas pegajosas de Cogon Ramos con el pelo tieso oliendo a humo  de motocicletas, haciendo ruido con sus boconas de monas pelirrojas al reírse, y los tacones arañan el cemento de las mismas avenidas que han caminado por siempre. Los zapatos se gastan en círculos.

Una pelona hace caca frente a mí en una banqueta del Queen´s Road. Parece un helado saliendo del dispensador. Sus nalgas se ven pálidas bajo el vestido averiado de fiesta. Al terminar se sube las bragas y se cala el bolso al hombro como si nada, ningún problema. Sigue andando hacia la puerta de un bar donde pronto entablará una conversación risueña con un foreigner que le ofrecerá un cigarro para empezar a charlar despacio. Alguien en la madrugada, un desafortunado, habrá de pisar su mierda esa mañana. Otro desafortunado le acabará haciendo el amor.




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En la terminal única del aeropuerto de Puerto Princesa abordo mi vuelo en mitad de la misma lluvia torrencial que tuve noches antes con Hannah. Sorprendentemente, ningún vuelo ha sido cancelado en lo que va del día y tengo suerte de abordar el avión sin retraso. Mi ticket es para Davao (destino final) con llegada a las  9 de la noche, pero en la breve escala de Cebú, después de una breve conversación en el avión, decido impulsivamente no tomar el vuelo de conexión y quedarme allí, en Mactan, con el billete de Davao arrugado en el bolsillo.





De pronto estoy en la bahía del aeropuerto esperando un Shuttle para el North Bus Terminal de Cebú City. Algo que ya hice una vez, en enero del 2023. Sm City, Mabolo,  Juan Luna Ave. Todo vuelve a mi memoria sin esfuerzo. ¡Cuánto he amado mi vida! ¡Cuánto he amado las Filipinas!


Da igual no haber tomado el vuelo de conexión, me digo mientras espero el bus y platico conmigo mismo en la parada. Una señora que tenía sentada al lado en el avión me dijo que Davao es el sitio más civilizado, ordenado y limpio de las Filipinas. "No parece Filipinas" me explicó orgullosa de su ciudad, "La gente allí vive vidas más tranquilas y rectas. Menos vicios y tonterías. Más trabajo y honestidad, menos holgazanería y depravación; no tanto borracho, sabe?". Y quise besarle las manos para agradecerle esa información tan valiosa, pues esa no es la Filipinas que quiero encontrar! Quiero el caos, el riesgo, el desvelo. La Filipinas que puede matarte en 6 meses.


 Me encontré a la señora luego en el pasillo de conexiones del aeropuerto en Cebú y me llamó con la mano para indicarme que la puerta de embarque para los transfers domésticos estaba del otro lado, "aquí es la conexión de Davao" -me dijo sonriendo,  "sígueme, embarcaremos en la puerta 10", creyendo que yo me había perdido cuando enfilé hacia el pasillo de salida del aeropuerto. Me quedé parado mirándola, sonriéndole de vuelta. Adiós, le dije también con la mano, que tengas un buen viaje hacia Davao, y la sonrisa desapareció de su rostro cuando entendió que había escogido permanecer en Cebú.







Nunca he reservado un hotel anticipadamente en toda mi vida. Siempre reservo hasta que llego a los lugares y los huelo bien, los camino un poco, me pido una cerveza para medir el ambiente. Pero esta vez ya conozco Cebu así que me adelanto.


Saco mi celular mientras voy en el shuttle del aeropuerto hacia la estación más crercana del centro. Booking.com.  21 dólares y ya tengo un apartamento en Mango Street con piscina y gimnasio en el piso 28, algo que decido apenas mirando las fotos y los detalles del alojamiento, comprobando solo la dirección en el mapa: "Fuente Osmeña/ Mango Street". En menos de un minuto estoy en el teléfono con la propietaria del alojamiento  para que me indique cómo jodidos entrar  a esa hora de la noche.


-¿Daniel? ¿Daniel Castillo? -dice en la llamada de Whatsapp. -Tengo tu número guardado. Te has hospedado antes en una de mis unidades, ¿no es cierto?


-Pues tiene que ser eso -le digo. -¿El apartamento que acabo de reservar está en el Horizons 101? -


-Ese mismo -dice, y sé que sonríe en el teléfono cuando lo dice. Es la voz de una gorda que sonríe en el teléfono.


-Entonces sí -le digo, sorprendido de recordar ese nombre de la nada: "horizons 101, el edificio más alto de Mango". -Mucho gusto de nuevo... (veo su nombre en la reservación) Patricia. Encantado de saludarla, Patricia. Estuve aquí en enero de 2023, ¿sabe? para Sinulog, y tuve que haber rentado una de sus preciosas unidades. Muy cómodas sus unidades. -


-¡Hey muchas gracias!- dice la gorda.


Pienso en el Horizons 101 y me sudan un poco las manos  de nostalgia. Mierda, Dani, cuando aquel enero te ocurrió el festival de Sinulog con Shioiri, la japonesa, y dormiste primero en su hotel (el Crowne Garden la noche que la conociste intoxicado) y luego en aquel edificio de Mango St con ella. Horizons 101- mierrrrrrda. ¿Debería solo colgar y cancelar la reserva, rentar una moto y alejarme tres horas de Cebu City para no pensar en eso? Caer a Carcar o Daanbantanyan antes del amanecer??


-Llego en 15 minutos, Patricia -le digo. -Estaré en el lobby en exactamente 20 minutos, ok?. -La voz no me tiembla pero las manos siguen sudando.










 EL RECUERDO TRISTE DE SHIORI

Me quedo en el mismo edificio en el que Shiori durmió conmigo y eso me pone triste. ¿Será la misma unidad? -me digo después de recibir las llaves en el lobby y esperar el ascensor que sube desde el sótano.  Estoy casi seguro que no, tendría que ser mucha casualidad. Ya ni siquiera recuerdo en qué piso estaba el que ocupamos juntos aquel enero.


Abro la puerta y enciendo la luz del apartamento esperando encontrarme de frente con un trozo terrible del pasado, y el de Shiori, algo nuestro, pero para mi suerte la unidad que tengo esa noche es distinta a la que tuve en el 2023. Esta tiene la cama pegada a lo largo de la ventana y con Shiori recuerdo que veíamos la ventana justo sobre nuestros pies descalzos al final del colchón. Japonesa linda, te extraño tanto.


Cebú me pone triste, pienso de nuevo mientras me rasuro en el baño, que es idéntico al de la unidad que renté en 2023, con la ducha de azulejos blancos y un cubo de plástico para recoger el agua con el que Shiori hizo algunas bromas de gente pobre, duchándose como china sencilla, a guacalazos. 


Salgo del hotel para bajar al lobby y prender un cigarro y hasta el maldito ascensor del edificio Horizons 101  me pone triste. Miro la piscina donde Shiori intentó nadar y se cagó del frío, donde le puse una toalla alrededor de la espalda y se metió entre mi pecho ("hug me tight danito, am shivering"), con la vista perdida abajo, en la iglesia católica  cruzando la calle y los clubes nocturnos del paseo comercial, saboreando el clima del trópico en el que hicimos el amor varias veces.


Esa noche, después de cenar medio kilo de lechón, intento dormir en el apartamento de Horizons 101 con el aire acondicionado a tope y no puedo conciliar el sueño, tengo los ojos abiertos mirando el techo. Me visto, me pongo los zapatos y pido un uber al IT park, al Pipelne del centro empresarial, que es el sitio donde conocí a Shiori hace más de dos años. 

En el Uber me imagino que voy a encontrármela de nuevo y lo primero que hago al llegar es buscar la mesa en donde nos conocimos. Soy tan tonto que hasta voy un poco nervioso, como si hubiera una posibilidad de encontrarla en el mismo lugar de nuevo, sentada en la barra, esperando mil veces a conocernos. 

Ya no somos nosotros ocupando esa mesa, pero es la única que sigue desocupada  cuando entro en el Pipeline y me siento allí con una cerveza a recordar cómo fue todo. Hay una barra en el medio donde recuerdo que la vi ordenando de espaldas por primera vez, sentada en un taburete con los hombros descubiertos en un vestido, mirando el menú de bebidas, antes de invitarla a ocupar la mesa donde ahora la pienso.

Después de 7 cervezas le escribo. Le tomo una foto a la barra del Pipeline donde nos conocimos y se la mando.


-Aquí te conocí – escribo por Whatsapp.


Lee mi mensaje en menos de diez segundos, después de dos años de no vernos.

-¿Por qué nunca estás aquí cuando quiero verte? deberías quedarte para siempre en las jodidas filipinas -le escribo sintiendo la cerveza en los ojos. -Me deberías dejar encontrarte siempre aquí, en enero. Vendría todos los años a conocerte.

-¿Qué es lo que tanto te gusta del Asia pobre, Danito, mi amor – contesta. ¿Qué es lo que te vuelve loco de las Filipinas? ¿No es un poco triste? Te extraño más que a menudo -dice-, me dio un vuelco el corazón ver tu mensaje -

Recuerdo que yo mismo le enseñé a decirme Danito, en el 2023,  y sonaba perfectamente japonés cuando lo decía ella: Danito...  Todo junto: midanito... MIDANITO.

-No vivo aquí porque filipinas me acabaría matando en 6 meses, mi amor -le digo.- Lo sabes bien, Shioricita, no puedo controlarme. Es tan parecido a mí que acabaría conmigo. Pero sí intento venir cada dos meses.

-Hope I could just fly to the Philippines now... -dice, y a mí ya no se me ocurre nada más que decirle. Entiendo que tal vez solo quería herirla con un recuerdo nuestro cuando le escribí, como yo me me herí solito volviendo a Cebu. Ahora no me interesa seguir hablándole, ya cuando los dos hemos vuelto a sentir algo en el estómago.

-Danito  I am so lost now,  in Tunisia -escribe, I have been traveling for a while now. I don’t know where to go and what to do even tomorrow. I miss you a lot.  Let’s quit job both of us and meet somewhere. I am lost in life.

Su mensaje me ha hecho sonreír y levanto la vista al sentir la mirada de alguien que me mira desde la barra del Pipeline. Es una parda que sonríe de verme sonreír y aparta la vista hacia la terraza de afuera, donde está la pequeña área de fumadores. Dame un momento parda querida, pienso, ya mismo me siento al lado tuyo en la barra y me cuentas tu vida un poco. Nos tomamos una cerveza y vemos lo que pasa, sí? lo hacemos al estilo filipino.

-He rentado un apartamento en el mismo edificio de Mango donde estuvimos juntos -es lo último que le escribo a Shiori aquella noche en mi celular, la japonesita de Tokio por la que recuerdo haber enloquecido de verdad -. Es parecido a mi Airbnb de Mango St -le digo-  te acuerdas del sitio? y no he podido dormir esta noche pensando en ti. Por eso he venido a extrañarte todo lo que puedo al Pipeline y a tomar mucha cerveza. Mañana busco otro sitio que no me haga daño, uno más bajito de recuerdos. Te lo prometo. Un hotel que no tenga nada de ti, un lugar que no me haga pensarte. 

Por un instante quiero contarle que estuve en Oslob para mirar las ballenas de las que ella me habló hace más de dos años con los ojos llenos de excitación, pero me da vergüenza que sepa el asunto de las ballenas, de mi viaje solitario hacia un sitio que fue importante para ella.

-¿Danito te veré de nuevo? -es lo último que escribe esa noche por Whatsapp.

-Yo te miro en todos lados, mi amor -.




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