martes, 30 de septiembre de 2025

Persiguiendo chinas me di cuenta que la vida es una estupidez


Es uno de septiembre y ya he despedido a casi todas las chinas, menos a Lucy, con la que guardo alguna comunicación romántica. Es mi novia, se lo pedí en un campo de béisbol abandonado bajo el agua cortada de unos aspersores, pero tengo otras novias chinas a las que solo dejé de escribirles y que pronto querrán una explicación. 


¿Acaso se ha perdido un poco la magia de las chinas, dani? -pienso-. La magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia para lavarme los pies con jabón, por ejemplo, hasta debajo de las plantas. La magia de aquellas dos farmacéuticas jóvenes de Taoyuan que pasaban noches lentas conmigo en Combat Zone, oyendo corridos tumbados por la mañana, todavía medio borrachas acostadas en mi cama, preguntándoles a sus caras chinas: "¿Puedes oír la violencia de esta música regional mexicana? ¿Puedes sentir el pecado de esa canción?", mientras escuchaban los corridos bélicos por primera vez en toda su vida y me preguntaba si ellas también podían oír la muerte saliendo de las guitarras; si podían descifrar el inframundo de América latina.


Ya no pienso tanto en lo que tuve con Nomi. Las noches con la luz apagada en el apartamento, viéndola comer fruta bajo la luz intermitente de la tele. La importancia de haber estado con ella la primera vez, cuando no hablaba un ápice de inglés y la llevé a mi apartamento sin estar seguro de que ella entendiera lo que estaba pasando, hasta que me tomó de la mano y le pregunté en el traductor de google: "you want to come upstairs?" y me agarró fuerte de la mano y me dijo que sí con su flequillo chino, moviendo la cabeza sí. "You sure, Nomi?", y respondió "yes. I sure". 


A veces, cuando es miércoles y cae la noche llama por teléfono pero su encanto ya se ha perdido, el mismo que me hizo quererla dos noches, se ha extraviado en alguna parte de Taipei. Ya me ha abandonado la excitación de la primera vez que subimos juntos en mi ascensor con el aliento de las cervezas que ordenamos antes en el Bar de Moe, cuando bebimos en la acera mirando los carros. Mi amor ha terminado.


Día del cariño chino desperté con Belle dientes de puta y navidad amanecí con Jollie gatita y año nuevo con An-Li. Hubo momentos mágicos, pienso, como Agnes y yo en aquella playa de Yilan y la granja de capibaras en el sur. Una noche para oírla decir I am toooooo yellow Danyyyyyi y ahora  no sé si haya alguien en todo taiwan que viva como yo. Abriéndole tanto hoyo a Taipei, atrapando tantas chinas. ¡Las noches que tuve con Chloe! Dios santo! ,  pienso. Mierda! la fascinación que tuve por esa china stupid face de ojos tontos. Chloe amanecida en en mi cama! Tsao Lang, eles un atlapachinas!



La magia del verano hirviendo en Taipei City y una china cuarentona con el cuello brillante de sudor jadeándome en la cara al conocerla frente a mi edificio, abanicándose frenéticamente con la mano, sudando en mi ascensor camino a mi apartamento, luego metiéndole toda la lengua en el sillón pequeño de la tele. "Hace mucho tiempo no hago el amor, Dani", diciéndome agitada,  sus pechos rebotando afuera de la blusa. "Qué más da, chinitaaa -descubriendo sus pezones-, me haces feliz como un lobo. Eres parte de la magia que se pierde".



La magia suavecita de chinas de zapatos altos con strap de tobillo que me amaron, pienso, chinas con uñas de los pies pintadas de blanco mate que me dejaron agarrarlos con la mano mientras mirábamos una película en Combat Zn. Chinas dientes de T-Rex mirando sus celulares en el metro, dejando sus zapatos afuera de la puerta de mi apartamento después, y mis vecinos pensando: "este hijo de la gran puta pasando la noche con chinas de zapatos diferentes. Maldito foreigner, maldito atrapachinas!". Mujeres que no se miran, que dejan sus zapatos al frente.


¡La magia de estar a verga en medio de un montón de ellas, Dani! miles de ellas y poder desearlas mientras les hablas. Ir bolo bajo tierra en el metro, con un vaso hasta arriba de soju y cerveza y mirarlas aplastadas de cansancio por el horario laboral y el capitalismo.


¿Se pierde la magia de Una china casi 2 años después, licenciado Lang, más de 200 experiencias efectivas después? No sé , con el volumen abusivo de ejemplares chinos en la cama se intenta acabar con su valor individual, con su encanto difícil de entender, pero ¿se puede despedirse para siempre de su magia? dejar a un lado la lujuria, la fiebre amarilla?


-¿Cuál es la china más linda que has tenido, Dani, Bro? - me pregunta Sanele, un negro del programa de maestría que no sabe que tengo los apellidos de cada china apuntados en mi celular. Feng, wu, wang, shih, lai, zeng, lin, hung, huang, lu, qiu, ching, Yang, peng, etc, etc, etc... para escoger. Un negro que no ha tocado una china en toda su vida.


-La siguiente -le digo palmeándole el rostro como el godfather -Siempre la que viene es la más linda, querido Sanele, la más guapa. La que todavia no conozco. Esa es la mejor.


Subo en el primer tren del aeropuerto pensando en eso y ya los vagones van llenos de ellas y las deseo incluso más que la primera vez que las vi en Taiwan (2022), mucho antes de llegar a China continental o a Hong Kong. Se arruina la cabeza después de penetrar una china, me digo mientras el tren cabecea en la entrada de New Taipei Industrial Park. Algo del cerebro ya nunca queda igual, se oscurece. Lo he dicho antes: las chinas nunca se acaban. La vida es una estupidez.








miércoles, 24 de septiembre de 2025

Happy Buddha Pizza

 Veníamos de comer pizza  en aquel restaurante cyberpunk de robots y paredes amarillas en el distrito de Zhongshan, y Klki venía con la pancita  llena. 


-Vamos a caminar al parque de las flores de noche-, le dije, -el que está detrás de Minzu Rd. “Taipei Rose Garden”, creo que se llama. Quiero que lo veas conmigo. -


El Rose Garden es un parque público extenso con amplios jardines recortados, laberintos de arriates podados y juegos para niños.  Ideal para beber vino en noches lluviosas, metido en un tubo de cemento con vistas a familias taiwanesas, palmeras y Night Shades que se mecen con el viento. Ivy y yo nunca fuimos juntos. 


Kiki se tocó su pancita como una embarazada, arqueándose hacia atrás, poniendo su mano delgada en el vientre para indicarme que estaba llena.


-Nooooo, I’m to full, babyyyyyy. - dijo alargando esa palabra como siempre lo hacía. Algo que me volvía loco todas las veces: Babyyyyyyyyyyy, too much pizza tonight. I’m fuuuuull!!


La tomé de la mano y pensé si así andaría si estuviera embarazada de un hijo mío. Me conmovió tanto que sentí vergüenza de decírselo. “Kikita: me encantaría llenarte de mi esperma”.








martes, 23 de septiembre de 2025

Los vinos del PX Mart

 Había llevado a una china remilgada a mi unidad de Combat Zone después de un café tibio en el famoso "ICI Café" de Zhongshan, al que llevé a unas 100 chinas de primera cita. Era muy sencillo pedir un Uber desde allí al terminar, hasta mi apartamento en el Lane 84. Cinco minutos de reloj con poco tráfico, y si la aplicación tardaba en reservar un Uber, siempre estaba repleto de taxis al frente listos para abordar.

La china remilgada se llamaba X y la había invitado a mi apartamento con la excusa de que tenía un vino buenísimo que me habían regalado y que me moría de ganas de probarlo con ella.


-¿Cuándo, Dani?


-Esta misma tarde.


-Ahora mismo?! ¿Vas a portarte bien?


-Por supuesto que voy a portarme bien.


-¿Lo prometes?


-Lo prometo.


Lo pensó con un dedo en la boca, achicando aún más sus ojos para adivinar mis intenciones.


-mmmmmm... Ok -dijo sonriendo. -Let´s go.


Entramos a mis aposentos. Saqué dos vasos para servir el vino y por un instante tuve miedo de que fuera a reconocer las etiquetas de aquellas botellas baratas de tinto. Un Porto made in Spain y un California Red, los dos con tapa de rosca. Unos 240 NTDs en el el PX Mart de Linsen Road.


-¡Joder! no lo conozco pero se ve fenomenal ¿De dónde es? -decía la china snob examinando las botellas con cuidado, aparentando ser conocedora.


-Español, ese que tienes en la mano- decía yo-. Es de una bodega excelente en La Rioja, me sorprendió mucho que lo vendieran aquí, si te soy sincero. -El otro es un California. No soy un fanático del vino de California, pero ese me lo han recomendado muchísimo y voy a darle una oportunidad.


Servi en su vaso y en el mío una buena cantidad, encendí la tele para tener algo de ruido de fondo y brindamos mirándonos a los ojos. Entonces la vi sonreír en el primer sorbo amargo. Era el sabor familiar del vino barato. Se me pararon los pelos del brazo del asco, un escalofrío recorriendo la espalda.


-Oh!, wow! qué buen vino, ¡cielos!- decía y se chupaba los labios con ese mal California de 10 dólares.


-Deberíamos comprar unos buenos quesos, sabes? Me parece un desperdicio beber esta maravilla sin un buen queso de oveja, joder, me hace pensar en Suecia.


Daba otro trago largo al vino, manchándose los labios de rojo. 


-Fuck, where did you get it? -seguía diciendo mirando dentro del vaso con sus ojitos chinos.


-Secret baby, secret. -le decía intentando no reírme, recordando que lo había levantado de un anaquel de ofertas del PX mart.


- - - -


Haríamos el amor más tarde, medio intoxicados del mal vino del supermercado. Me despertaría con el sonido de la tele que dejamos prendida en un canal aleatorio de películas en inglés, ella seguiría dormida sobre mi brazo, babeándolo en mitad de un sueño profundo. Le olería el aliento caliente y ácido del vino tinto. La sacudiría lentamente hasta verla aspirar sus babas e incorporarse mirándome a los ojos, viendo cómo sus ojillos chinos se adaptaban de nuevo a la realidad.


-It´s time to go baby -le diría suavecito para echarla. 


Se levantaría pesadamente con el pelo liso descompuesto en la parte de atrás. Me sentiría el hijo de puta más dichoso del mundo de haberla tenido conmigo, de mirar  sus pelos negros y su cara china tan cerca de la mía. Se pondría el vestido que dejó hecho pelota en el sillón de la tele, donde la desnudé, los calzones tirados a los pies de la cama y las calcetas regadas en el suelo. Se pondría los pendientes en el espejo del baño y haría pis cerrando la puerta, aún después de toda la intimidad que tuvimos echaría llave a la manecilla. Escucharía el sonido del pis en el agua y del flush al final.


-Tengo un torneo de póker con unos amigos y voy tardísimo.  -mentiría viendo el reloj en mi muñeca para despedirla desde la puerta sin tener que bajar al primer nivel. 


Quedamos a las 11 y son ya casi las 11 y cuarto. I have to jump in the shower real Quick, baby! 


En la puerta del apartamento se pondría sus zapatos blancos de china, sin desamarrar las agujetas, solo deslizaría sus pies pequeños adentro. Nunca volveremos a vernos.









domingo, 21 de septiembre de 2025

"Don´t leave me". (Michi era una china pelirroja)


Esa última mañana que se fue en un Uber eran las 7 am. Le dije adiós en la ventana  del carro y me metí en un 7 Eleven para escribir.


Cuando escribía solo podía pensarla desnuda, una imagen de la noche anterior. Michi Wu, china flaca, perra delgada a horcajadas en la cama conmigo, convenciéndome de vernos una última vez.


- ¿Qué dices? - le decía resoplando. -¿Es que no me has oído bien? Esta es la última vez que estamos juntos , Michi. No hay otra. No hay mañana. No es negociable.


-¿Por qué eres tan cruel, Dani? decía- ¿Es que no puedes pensarlo? -

No había empezado a llorar pero su voz ya estaba rota.


-¿Sabes? -seguía- Le dije a mi hermana que quiero un hijo contigo. Mixed. Mitad taiwanés, mitad western. Le cuento todo, ¿sabes? ¿Qué quieres que le diga ahora? que me has abandonado sin más?


-Solo dile que tu novio tiene que irse de Taiwan.


-Pero eso no es cierto.


-Bueno entonces dile lo que quieras.


Era tarde en la madrugada y pensaba si mis vecinos podían oírnos a través de la pared. Dos inquilinas habían tenido ya que dejar el edificio debido a los gemidos que escuchaban de otras chinas que pasaron madrugadas conmigo. Primero se quejaron con el casero, después comprobaron que yo no haría caso de ninguna restricción, así que decidieron terminar sus contratos de arrendamiento de forma anticipada. Borracheras, música del 2008, envases de vidrio rodando y amor chino, eso es lo que se oía a través de las paredes.


-Pronto acabaré mi PHD, Dani, y ahora me pone triste que nunca vayas a decirme Dr. Wu, profesora Wu y esas cosas y me estreches en tus brazos y me mimes.

-No me dejes, te lo pido - Me rogaba y yo solo pensaba que ya había escuchado esas mismas palabras de ruego antes. En español y en inglés y tal vez en chino, las tres, cientos de veces. Solo se me hacía complicado recordar las caras de esas personas que rogaron para que no dejáramos de vernos.

-No ruegues nunca por nadie, Michi -le dije- Es patético y nadie vale tanto la pena ¿Es que no sabes la persona que soy?


-Eres un cruel cabrón, no me digas, un tipo decidido. No tienes un centímetro de corazón pero te quiero. You are a combination of a mature, responsible man and a funny college student at the same time, it feels like that . Mischievous looking asshole.


Puse mis dedos entre sus muslos mojados. Miraba sus ojos chinos brillando bajo la lamparilla de la mesa de noche, estaban tan cerca de los míos mientras me hurgaban que nuestras pestañas podían tocarse. Vi su boca china para recordarla durante años en el futuro. Volví a pensar lo mismo: tiene los dientes perfectos.


-Esta veZ solo mirame mientras me coges, sí? -dijo- This time just keep your eyes on me while you fuck me. (no hay nada más hermoso que una china diciendo "fuck me"). No apartes tus ojos de los míos, Dani, quiero verlos mientras te corres por última vez en mi abdomen. Entre mis piernas, como quieras. No los apartes de mis ojos hasta que te vengas completo. Spit all over me.


Es casi julio y no he querido quitar su cepillo de dientes de mi lavamanos. Ya no tengo a Michi en mi vida, pero veo el cepillo todos los días. Allí está, en el mismo sitio donde ella misma lo puso la última noche que se vio en mi espejo y se lavó los dientes y escupió espuma de pasta de dientes en la cerámica. Tal vez me hace pensar en lo feliz que estaba cuando lo puso allí por primera vez. Una prueba minúscula de nuestra relación de mentiras, ¡de Tsao Lang jugando chinas! Todo termina.










sábado, 20 de septiembre de 2025

Algo bonito de Taiwan

  

Por un momento, acostado en la cama,  pienso en Taiwan. Pienso en el viaje suavecito con la Ninoshki y sus dientes como teclas de piano dormidos en el carro de alquiler. Un ferry, una isla, un hotel. Cientos de metros de cemento recalentado y una playa brillando abajo, en el muelle con olor a pescado. 

Pienso en sus gemidos despavoridos adentro del cuarto, sus berrinches, sus historias de su  padre pegando a su madre -(la verguiaba, me dijo, la engañaba, la escupía. Regresaba a casa oliendo a perfumes dulzones de mujer, baratos, pestilentes, fragancias de otras chinas que hacían caer en adulterio a su  propio padre, como un niño que no puede resistirse a comer caramelos). 

Los Kleenex regados en la sábana aquella noche en el hotel del mar mientras me contaba todo aquello llorando y pensaba que quizás yo era más cabrón que su padre. Yo, Tsao Lang, la habría de lastimar igual que él.  

¿Qué año fue todo aquello, Ninoshki? -le decía mientras me emocionaba con su cara china, la historia de su padre y el pequeño hotel frente al mar.  Le había visto el pelo negro enloquecido esa misma tarde, revolviéndose en el aire hirviendo de la playa solo unas horas antes, y ahora estaba allí, quejándose de su padre sentada en la cama conmigo, recién bañada y en calzones blancos. Era Green Island,  Ludao. Año 2023.  Las personas me duran cada vez menos.


-No lo sé, Dani -dijo- ya no quiero pensar en mi padre.