Es uno de septiembre y ya he despedido a casi todas las chinas, menos a Lucy, con la que guardo alguna comunicación romántica. Es mi novia, se lo pedí en un campo de béisbol abandonado bajo el agua cortada de unos aspersores, pero tengo otras novias chinas a las que solo dejé de escribirles y que pronto querrán una explicación.
¿Acaso se ha perdido un poco la magia de las chinas, dani? -pienso-. La magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia para lavarme los pies con jabón, por ejemplo, hasta debajo de las plantas. La magia de aquellas dos farmacéuticas jóvenes de Taoyuan que pasaban noches lentas conmigo en Combat Zone, oyendo corridos tumbados por la mañana, todavía medio borrachas acostadas en mi cama, preguntándoles a sus caras chinas: "¿Puedes oír la violencia de esta música regional mexicana? ¿Puedes sentir el pecado de esa canción?", mientras escuchaban los corridos bélicos por primera vez en toda su vida y me preguntaba si ellas también podían oír la muerte saliendo de las guitarras; si podían descifrar el inframundo de América latina.
Ya no pienso tanto en lo que tuve con Nomi. Las noches con la luz apagada en el apartamento, viéndola comer fruta bajo la luz intermitente de la tele. La importancia de haber estado con ella la primera vez, cuando no hablaba un ápice de inglés y la llevé a mi apartamento sin estar seguro de que ella entendiera lo que estaba pasando, hasta que me tomó de la mano y le pregunté en el traductor de google: "you want to come upstairs?" y me agarró fuerte de la mano y me dijo que sí con su flequillo chino, moviendo la cabeza sí. "You sure, Nomi?", y respondió "yes. I sure".
A veces, cuando es miércoles y cae la noche llama por teléfono pero su encanto ya se ha perdido, el mismo que me hizo quererla dos noches, se ha extraviado en alguna parte de Taipei. Ya me ha abandonado la excitación de la primera vez que subimos juntos en mi ascensor con el aliento de las cervezas que ordenamos antes en el Bar de Moe, cuando bebimos en la acera mirando los carros. Mi amor ha terminado.
Día del cariño chino desperté con Belle dientes de puta y navidad amanecí con Jollie gatita y año nuevo con An-Li. Hubo momentos mágicos, pienso, como Agnes y yo en aquella playa de Yilan y la granja de capibaras en el sur. Una noche para oírla decir I am toooooo yellow Danyyyyyi y ahora no sé si haya alguien en todo taiwan que viva como yo. Abriéndole tanto hoyo a Taipei, atrapando tantas chinas. ¡Las noches que tuve con Chloe! Dios santo! , pienso. Mierda! la fascinación que tuve por esa china stupid face de ojos tontos. Chloe amanecida en en mi cama! Tsao Lang, eles un atlapachinas!
La magia del verano hirviendo en Taipei City y una china cuarentona con el cuello brillante de sudor jadeándome en la cara al conocerla frente a mi edificio, abanicándose frenéticamente con la mano, sudando en mi ascensor camino a mi apartamento, luego metiéndole toda la lengua en el sillón pequeño de la tele. "Hace mucho tiempo no hago el amor, Dani", diciéndome agitada, sus pechos rebotando afuera de la blusa. "Qué más da, chinitaaa -descubriendo sus pezones-, me haces feliz como un lobo. Eres parte de la magia que se pierde".
La magia suavecita de chinas de zapatos altos con strap de tobillo que me amaron, pienso, chinas con uñas de los pies pintadas de blanco mate que me dejaron agarrarlos con la mano mientras mirábamos una película en Combat Zn. Chinas dientes de T-Rex mirando sus celulares en el metro, dejando sus zapatos afuera de la puerta de mi apartamento después, y mis vecinos pensando: "este hijo de la gran puta pasando la noche con chinas de zapatos diferentes. Maldito foreigner, maldito atrapachinas!". Mujeres que no se miran, que dejan sus zapatos al frente.
¡La magia de estar a verga en medio de un montón de ellas, Dani! miles de ellas y poder desearlas mientras les hablas. Ir bolo bajo tierra en el metro, con un vaso hasta arriba de soju y cerveza y mirarlas aplastadas de cansancio por el horario laboral y el capitalismo.
¿Se pierde la magia de Una china casi 2 años después, licenciado Lang, más de 200 experiencias efectivas después? No sé , con el volumen abusivo de ejemplares chinos en la cama se intenta acabar con su valor individual, con su encanto difícil de entender, pero ¿se puede despedirse para siempre de su magia? dejar a un lado la lujuria, la fiebre amarilla?
-¿Cuál es la china más linda que has tenido, Dani, Bro? - me pregunta Sanele, un negro del programa de maestría que no sabe que tengo los apellidos de cada china apuntados en mi celular. Feng, wu, wang, shih, lai, zeng, lin, hung, huang, lu, qiu, ching, Yang, peng, etc, etc, etc... para escoger. Un negro que no ha tocado una china en toda su vida.
-La siguiente -le digo palmeándole el rostro como el godfather -Siempre la que viene es la más linda, querido Sanele, la más guapa. La que todavia no conozco. Esa es la mejor.
Subo en el primer tren del aeropuerto pensando en eso y ya los vagones van llenos de ellas y las deseo incluso más que la primera vez que las vi en Taiwan (2022), mucho antes de llegar a China continental o a Hong Kong. Se arruina la cabeza después de penetrar una china, me digo mientras el tren cabecea en la entrada de New Taipei Industrial Park. Algo del cerebro ya nunca queda igual, se oscurece. Lo he dicho antes: las chinas nunca se acaban. La vida es una estupidez.