martes, 30 de septiembre de 2025

Persiguiendo chinas me di cuenta que la vida es una estupidez


Es uno de septiembre y ya he despedido a casi todas las chinas; menos a Lucy, con la que guardo alguna comunicación romántica. Es mi novia, se lo pedí en un campo de béisbol abandonado bajo el agua cortada de unos aspersores, pero tengo otras novias chinas a las que solo dejé de escribirles y que pronto querrán una explicación. 


¿Acaso se ha perdido un poco la magia de las chinas, dani? -pienso de vuelta en mi apartamento de Combat Zone-. La magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia para lavarme los pies con jabón, por ejemplo, hasta debajo de las plantas. La magia de aquellas dos farmacéuticas jóvenes de Taoyuan que pasaban noches lentas conmigo en Combat Zone, oyendo corridos tumbados por la mañana, todavía medio borrachas, como cucarachas chinas envenenadas, acostadas en mi cama, preguntándoles a sus caras amarillas: "¿Puedes oír la violencia de esta música regional mexicana? ¿Te la podes imaginar? ¿Puedes sentir el pecado de esa canción?", mientras escuchaban los corridos bélicos por primera vez en toda su vida y me preguntaba si ellas también podían oír la muerte saliendo de las guitarras; si podían descifrar el inframundo de América latina.


Ya no pienso tanto en lo que tuve con Nomi. Las noches con la luz apagada en el apartamento, viéndola comer fruta bajo la luz intermitente de la tele. La importancia de haber estado con ella por primera vez,  pienso, cuando no hablaba un ápice de inglés y la llevé a mi apartamento sin estar seguro de que ella entendiera lo que estaba pasando, hasta que me tomó de la mano y le pregunté en el traductor de google: "you want to come upstairs?" y me agarró fuerte de la mano y me dijo que sí quería  con su flequillo chino, moviendo la cabeza -sí-. Estás segura? "You sure, Nomi?", y ella: "yes. I sure". 


A veces, cuando es miércoles y cae la noche llama por teléfono pero su encanto ya se ha evaporado, el mismo que me hizo quererla dos noches de 2025, se ha extraviado en alguna parte de Taipei. Ya me ha abandonado la excitación de la primera vez que subimos juntos en mi ascensor con el aliento de las cervezas que ordenamos antes, en el Bar de Moe, cuando bebimos en la acera mirando los carros, y luego la vi desnudarse en la luz salpicada de mi tv. Mi amor por ella ha terminado.


Día del cariño chino desperté con Belle dientes de puta y navidad amanecí con Jollie gatita y año nuevo con An-Li. Hubo momentos mágicos, pienso ahora, como Agnes y yo en aquella playa de Yilan y la granja de capibaras en el sur. Una noche para oírla decir I am toooooo yellow Danyyyyyi, y ahora  no sé si haya alguien en todo taiwan que viva como yo. Abriéndole tanto hoyo a Taipei, atrapando tantas chinas. ¡Las noches que tuve con Chloe! Dios santo! ,  -me río pensando-. Mierda! la fascinación que tuve por esa china stupid face de ojos tontos. Chloe toda amanecida en mi cama! Tsao Lang, eles un atlapachinas!



La magia del verano hirviendo en Taipei City, me digo, y una china cuarentona con el cuello brillante de sudor jadeándome en la cara al conocerla frente a mi edificio, abanicándose frenéticamente con la mano, sudando en mi ascensor todo ese calor taiwanés camino a mi apartamento, luego metiéndole la lengua en el sillón pequeño de la tele. "Hace mucho tiempo no hago el amor, Dani", diciéndome agitada,  sus pechos rebotando afuera de la blusa. "Qué más da, chinitaaa -mientras descubría sus pezones-, me haces feliz, sabes? ¡como un lobo! Eres parte de la magia que se pierde".



La magia suavecita de chinas de zapatos altos con strap de tobillo que me amaron, pienso, chinas con uñas de los pies pintadas de blanco mate que me dejaron agarrarlos con la mano mientras mirábamos una película en Combat Zn. Chinas dientes de T-Rex mirando sus celulares en el metro, dejando sus zapatos afuera de la puerta de mi apartamento después, y mis vecinos pensando: "este hijo de la gran puta pasando la noche con chinas de zapatos diferentes. Maldito foreigner, maldito atrapachinas!" Mujeres que no se miran, que solo dejan sus zapatos al frente y pone a mis vecinos a imaginar cómo serán. Concubinas sin rostro.


¡La magia de estar a verga en medio de un montón de ellas, Dani! miles de ellas y poder desearlas mientras les hablas. Ir bolo bajo tierra en el metro, con un vaso de papel hasta arriba de soju y cerveza y mirarlas aplastadas de cansancio por el horario laboral y el capitalismo.


¿Se pierde la magia de Una china casi 2 años después, licenciado? más de 200 experiencias efectivas después? No lo sé , con el volumen abusivo de ejemplares chinos en la cama se intenta acabar con su valor individual, con su encanto difícil de entender, pero ¿se puede despedirse para siempre de su magia? dejar a un lado la lujuria, la fiebre amarilla?

Esa es la pregunta que me hago en el apartamento de combat zone cuando estoy a pocas horas de volver a Guatemala.


-¿Cuál es la china más linda que has tenido, Dani? - me pregunta Sanele, un negro del programa de maestría que no sabe que tengo los apellidos de cada china apuntados en mi celular. Feng, wu, wang, shih, lai, zeng, lin, hung, huang, lu, qiu, ching, Yang, peng, etc, etc, etc... para escoger. Un negro que no ha tocado una china en toda su vida.


-La siguiente -le digo palmeándole el rostro negro, como el godfather -Siempre la chinita más bonita es la que viene, querido Sanele, la más guapa. La que todavia no conozco. Esa es la más linda.


Subo en el primer tren del aeropuerto cuando estoy a punto de abandonar Taiwan y voy pensando en eso. Ya los vagones del commuter van llenos de ellas y las deseo incluso más que la primera vez que las vi en Taiwan (2022), mucho antes de llegar a China continental o a Hong Kong. 


Se arruina la cabeza después de penetrar una china, me digo mientras el tren cabecea en la entrada de New Taipei Industrial Park. Algo del cerebro ya nunca queda igual, se oscurece. Lo he dicho antes: las chinas nunca se acaban. La vida que no alcanza es una estupidez.








miércoles, 24 de septiembre de 2025

Happy Buddha Pizza

 Veníamos de comer pizza  en aquel restaurante cyberpunk de robots y paredes amarillas en el distrito de Zhongshan, y Klki venía con la pancita  llena. 


-Vamos a caminar al parque de las flores de noche-, le dije, -el que está detrás de Minzu Rd. “Taipei Rose Garden”, creo que se llama. Quiero que lo veas conmigo. -


El Rose Garden es un parque público extenso con amplios jardines recortados, laberintos de arriates podados y juegos para niños.  Ideal para beber vino en noches lluviosas, metido en un tubo de cemento con vistas a familias taiwanesas, palmeras y Night Shades que se mecen con el viento. Ivy y yo no habíamos ido nunca juntos. 


Kiki se tocó su pancita como una embarazada, arqueándose hacia atrás, poniendo su mano delgada en el vientre para indicarme que estaba llena.


-Nooooo, I’m to full, babyyyyyy. - dijo alargando esa palabra como siempre lo hacía. Algo que me volvía loco todas las veces: Babyyyyyyyyyyy, too much pizza tonight. I’m fuuuuull!!


La tomé de la mano mientras caminaba con sus manitas sobre la panza y pensé si así andaría si estuviera embarazada de un hijo mío. Me conmovió tanto que sentí vergüenza de decírselo. “Kikita: me encantaría llenarte de mi esperma”.








martes, 23 de septiembre de 2025

Los vinos del PX Mart

 Había llevado a una china remilgada a mi unidad de Combat Zone después de un café tibio en el famoso "ICI Café" de Zhongshan, al que llevé a unas 60 chinas de primera cita. 

Era muy sencillo pedir un Uber desde allí al terminar el café, hasta mi apartamento en el Lane 84. Cinco minutos de reloj con poco tráfico, y si la aplicación tardaba en reservar un Uber, ningún problema, siempre estaba repleto de taxis al frente listos para abordar.

La china remilgada se llamaba X y la había invitado a mi apartamento con la excusa de que tenía un vino buenísimo que me habían regalado y que me moría de ganas de probarlo con ella.


-¿Cuándo, Dani?


-Esta misma tarde -le dije-.


-Ahora mismo?! ¿Vas a portarte bien?


-Por supuesto que voy a portarme bien.


-¿Lo prometes?


-Lo prometo.


Lo pensó con un dedo en la boca, achicando aún más sus ojos para adivinar mis intenciones.


-mmmmmm... Ok -dijo sonriendo. -Let´s go.


Entramos a mis aposentos. Saqué dos vasos para servir el vino y por un instante tuve miedo de que fuera a reconocer las etiquetas de aquellas botellas baratas de tinto. Un Porto made in Spain y un California Red, los dos con tapa de rosca. Unos 240 NTDs en el el PX Mart de Linsen Road.


-¡Joder! no lo conozco pero se ve fenomenal ¿De dónde es? -decía la china snob examinando las botellas con cuidado, aparentando ser conocedora.


-Español, ese que tienes en la mano- decía yo-. Es de una bodega excelente en La Rioja, sabes? me sorprendió mucho que lo vendieran aquí.. -El otro es un California. No soy un fanático del vino de California, pero ese me lo han recomendado muchísimo y voy a darle una oportunidad.


Serví en su vaso y en el mío una buena cantidad, encendí la tele para tener algo de ruido de fondo y brindamos mirándonos a los ojos. Entonces la vi sonreír en el primer sorbo amargo. Era el sabor familiar del vino barato. Se me pararon los pelos del asco, un escalofrío recorriendo la espalda.


-Oh!, wow! qué buen vino, ¡cielos!- decía y se chupaba los labios con ese mal California de 10 dólares.


-Deberíamos comprar unos buenos quesos, sabes? Me parece un desperdicio beber esta maravilla sin un buen queso de oveja. Joder, me hace pensar en Suecia.


Daba otro trago largo al vino, manchándose los labios de rojo. 


-Fuck, where did you get it? -seguía diciendo mirando dentro del vaso con sus ojitos chinos, tirándome el aliento caliente en la cara.


-Secret baby, secret. -le decía intentando no reírme, recordando que lo había levantado de un anaquel de ofertas del PX mart.


- - - -


Haríamos el amor más tarde, medio intoxicados del mal vino del supermercado. Me despertaría dos horas después con el sonido de la tele que dejamos prendida en un canal aleatorio de películas en inglés; ella seguiría dormida sobre mi brazo, babeándolo todo en mitad de un sueño profundo con su saliva taiwanesa. Le olería el aliento caliente y ácido del vino tinto. La sacudiría lentamente hasta verla aspirar sus babas e incorporarse mirándome a los ojos, viendo cómo sus ojillos chinos se adaptaban de nuevo a la realidad.


-It´s time to go baby -le diría suavecito para echarla.  -It´s eleven already - Ya son las 11. You have to leave now.


Se levantaría pesadamente con el pelo liso de china descompuesto en la parte de atrás. Me sentiría el hijo de puta más dichoso del mundo de haberla tenido conmigo, de mirar  sus pelos negros y largos y su cara china tan cerca de la mía. Se pondría el vestido que dejó hecho pelota en el sillón de la tele, donde la desnudé, los calzones tirados a los pies de la cama y las calcetas regadas en el suelo. Se pondría los pendientes en el espejo del baño y haría pis cerrando la puerta. Aún después de toda la intimidad que tuvimos, echaría llave a la manecilla. Escucharía el sonido del pis en el agua y del flush al final. Luego el sonido del chorro corriendo en el lavamanos.


-Tengo un torneo de póker con unos amigos y voy tardísimo.  -mentiría viendo el reloj en mi muñeca para despedirla desde la puerta sin tener que bajar al primer nivel. 


Quedamos a las 11 y son ya las 11 y cuarto. I have to jump in the shower real Quick, baby! And just leave. 


En la puerta del apartamento se pondría sus zapatitos blancos de china, sin desamarrar las agujetas, solo deslizaría sus pies pequeños adentro. Nunca volveremos a vernos.









domingo, 21 de septiembre de 2025

"Don´t leave me". (Michi era una china pelirroja)


Esa última mañana que se fue en un Uber eran las 7 am. Le dije adiós en la ventana  del carro y me metí en un 7 Eleven para escribir.


Cuando escribía solo podía pensarla desnuda, una imagen de la noche anterior. Michi Wu, china flaca, perra delgada a horcajadas en la cama conmigo, convenciéndome de vernos una última vez.


- ¿Qué dices? - le decía resoplando. -¿Es que no me has oído bien? Esta es la última vez que estamos juntos , Michi. No hay otra. No hay mañana. No es negociable.


-¿Por qué eres tan cruel, Dani? decía- ¿Es que no puedes pensarlo? -

No había empezado a llorar pero su voz ya estaba rota.


-¿Sabes? -seguía- Le dije a mi hermana que quiero un hijo contigo. Mixed. Mitad taiwanés, mitad western. Le cuento todo, ¿sabes? ¿Qué quieres que le diga ahora? que me has abandonado sin más?


-Solo dile que tu novio tiene que irse de Taiwan.


-Pero eso no es cierto.


-Bueno entonces dile lo que quieras.


Era tarde en la madrugada y pensaba si mis vecinos podían oírnos a través de la pared. Dos inquilinas habían tenido ya que dejar el edificio debido a los gemidos que escuchaban de otras chinas que pasaron madrugadas conmigo. Primero se quejaron con el casero, después comprobaron que yo no haría caso de ninguna restricción, así que decidieron terminar sus contratos de arrendamiento de forma anticipada. Borracheras, música del 2008, envases de vidrio rodando y amor chino, eso es lo que se oía a través de las paredes.


-Pronto acabaré mi PHD, Dani, y ahora me pone triste que nunca vayas a decirme Dr. Wu, profesora Wu y esas cosas y me estreches en tus brazos y me mimes.

-No me dejes, te lo pido - Me rogaba y yo solo pensaba que ya había escuchado esas mismas palabras de ruego antes. En español y en inglés y tal vez en chino, las tres, cientos de veces. Solo se me hacía complicado recordar las caras de esas personas que rogaron para que no dejáramos de vernos.

-No ruegues nunca por nadie, Michi -le dije- Es patético y nadie vale tanto la pena ¿Es que no sabes la persona que soy?


-Eres un cruel cabrón, no me digas, un tipo decidido. No tienes un centímetro de corazón pero te quiero. You are a combination of a mature, responsible man and a funny college student at the same time, it feels like that . Mischievous looking asshole.


Puse mis dedos entre sus muslos mojados. Miraba sus ojos chinos brillando bajo la lamparilla de la mesa de noche, estaban tan cerca de los míos mientras me hurgaban que nuestras pestañas podían tocarse. Vi su boca china para recordarla durante años en el futuro. Volví a pensar lo mismo: tiene los dientes perfectos.


-Esta veZ solo mirame mientras me coges, sí? -dijo- This time just keep your eyes on me while you fuck me. (no hay nada más hermoso que una china diciendo "fuck me"). No apartes tus ojos de los míos, Dani, quiero verlos mientras te corres por última vez en mi abdomen. Entre mis piernas, como quieras. No los apartes de mis ojos hasta que te vengas completo. Spit all over me.


Es casi julio y no he querido quitar su cepillo de dientes de mi lavamanos. Ya no tengo a Michi en mi vida, pero veo el cepillo todos los días. Allí está, en el mismo sitio donde ella misma lo puso la última noche que se vio en mi espejo y se lavó los dientes y escupió espuma de pasta de dientes en la cerámica. Tal vez me hace pensar en lo feliz que estaba cuando lo puso allí por primera vez. Una prueba minúscula de nuestra relación de mentiras, ¡de Tsao Lang jugando chinas! Todo termina.










sábado, 20 de septiembre de 2025

Algo bonito de Taiwan

  

Por un momento pienso en Taiwan. Pienso en el viaje suavecito con la Ninoshki y sus dientes chinos como teclas de piano dormidos en el carro de alquiler. Un ferry, una isla, un hotel. Cientos de metros de cemento recalentado y una playa brillando abajo, en el muelle con olor a pescado. 

Pienso en sus gemidos despavoridos adentro del cuarto, sus berrinches, sus historias de su  padre pegando a su madre -(la verguiaba, me dijo, la engañaba, la escupía. Regresaba a casa oliendo a perfumes dulzones de mujer, baratos, pestilentes, fragancias de otras chinas que hacían caer en adulterio a su  propio padre, como un niño que no puede resistirse a comer caramelos). 

Los Kleenex regados en la sábana aquella noche del hotel del mar mientras me contaba todo aquello llorando y pensaba que quizás yo era más cabrón que su padre. Yo, Tsao Lang, la iba a lastimar casi tanto como  él.  

¿Qué año fue todo aquello, Ninoshki? -le decía mientras me emocionaba con su cara china, la historia triste de su padre chino y el pequeño hotel frente al mar.  Le había visto el pelo negro enloquecido esa misma tarde, revolviéndose en el aire hirviendo de la playa solo unas horas antes, cuando sonreía bajo el sol y metía los pies descalzos chinos en la arena, y luego estaba allí, quejándose de su padre sentada en la cama conmigo, recién bañada y en calzones blancos, llorando. Era Green Island,  Ludao. Era 2023.  Las personas me duran cada vez menos.


-No lo sé, Dani -dijo- ya no quiero pensar en mi padre.









domingo, 27 de abril de 2025

Filipinas: MI AMOR NO TIENE FIN (5) -Manila-


Manila me dio miedo -me dijo Isabelita en su Visita a Filipinas el año pasado. -Tienen los buses de guate sin ventana-.

Me hizo pensar en Las caras de las pardas asomadas en las ventanas sin cristal de los jeepneys. Cuando afuera llueve un vergo y miran con su pelito mojado, caliente.

In Pictures: Philippines' iconic jeepneys pushed off the road | Coronavirus  pandemic | Al Jazeera


Puedo reconocer una parda a 100 metros. 300 metros. Ni siquiera una tiktoker, ni siquiera una cara aplastada-pelo orangután, ni siquiera una parda con lunar en la ceja, ni siquiera una parda acarreando bultos de nylon a la salida de un centro comercial, eso sería demasiado fácil. Puedo reconocer una parda bajando las gradas o bebiendo un café solo viéndole las piernas flacas en un jeans con las rodillas hacia adentro, las chaquetas de cuellos peludos, las caras de esqueleto primitivo y los pies descalzos en unas fliplops blancas de espuma. 


Parte 5. el diablo vive en Manila.


Llevo más pardas en la cama que días en Filipinas, escribo en mis notas del celular mientras espero mi vuelo en el aeropuerto internacional de Mactán, en Cebú, ya cuando mi viaje de 2 semanas está por terminar. 

 

Mactán, digo entre los dientes, mirando por la ventana gigante del aeropuerto, queriendo oler el aire espeso de la isla donde hace más de quinientos años mataron a Magallanes. 

 

Sé que fue aquí donde le quebraron el culo, aquí mismo, me digo casi abriendo la boca para decirlo, cuando intentaba derrotar a 1500 aborígenes con 49 hombres armados, portugueses y españoles al servicio de la corona española. Sonrío. Maldito imperio. Maldito Magallanes. Dios te tenga para siempre en su gloria, campeón, maldita leyenda del tiempo, jodido navegante del infierno.

 

 Una parda me mira sonreír en el aeroperto mientras pienso todo eso y también sonríe cuando la miro. Estoy seguro que no sabe quién fue Fernando de Magallanes. También estoy seguro que entre el grupo de mujeres que asesinaron y violaron los españoles hace quinientos años, había mujeres como ella.






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Mi vuelo entra a las 12: 30 am en Manila y todavía ceno despacio en el Wendys del aeropuerto Ninoy Aquino mirando el celular. Menú agrandado con soda, papas gigantes y frostie de vainilla para congelarme el cerebro. No tengo ninguna prisa de llegar al hotel ni de bañarme para salir a beber algo en Poblacion.  La noche de Manila apenas calienta y estará hirviendo después de las 3. Eso es algo que sé.


La primera vez que llegué a Manila en enero de 2023 sentí que el tiempo no me alcanzaba para entrar en todos los antros y sentarme a platicar con todas las pardas. Ahora sé que una madrugada en Filipinas alcanza para hacer cualquier cosa y dura hasta que vienen las 12 del medio día con su olor nauseabundo a cerveza derramada y bolsas recalentadas de basura, espantando a los grupos de pardos y expats que salen atontados de los sótanos de Makati con las orejas zumbando de la música tan alta y la saliva pegajosa de una parda brillando en el cuello.  


Llego a mi hotel, de nuevo el Nest Nano Suites de Makati, 6to nivel, 1:30 de la mañana. El recepcionista ya me conoce y sonríe como diciendo “maldito cabrón, vaya plaga, vaya porquería de tipo,  otra vez dando la lata, otra vez jodiendo en mi puta ciudad, metiendo pardas al hotel de madrugada, asaltando mi pueblo”. También le sonrío. Hola otra vez, le digo y el cabrón vuelve a sonreír. Welcome Sirrrrr, me dice enseñando los dientes.

 

Saco plata del ATM para pagar por adelantado el alojamiento, subo al cuarto y enciendo la tele, pongo un canal de noticias con la voz de una mujer reportando y me baño despacio bajo el chorro de agua caliente. Oigo a la presentadora hablar en Tagalo, su voz se desliza adentro del baño e imagino su cara parda en la pantalla de la TV. Es la voz de una mujer delgada, pienso, como las que estarán bebiendo ahora mismo en el Buchaneers y  en el H and J, felices de entablar conversaciones con desconocidos.

 

Silbo y me tardo todo lo que puedo bajo el agua, a las pardas les gusta que huela bien, así que vacío el dispensador de jabón del hotel y me lo aplico en todas partes. Tengo la noche entera por delante. 


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Por la ventana del baño se oye el murmullo de los bares estallando afuera, en el comienzo de la calle Profesor Burgos, los más cercanos: Octopus, Alibi, Sanctuary, Fotoautomatica. Los sitios donde a esta hora ya debe andar metido el diablo tomándose un highball, medio a verga, buscándose la billetera en el jeans, haciendo pis en un baño apestoso mientras se balancea frente al mingitorio y luego se saca una basura  de los dientes mirándose al espejo, sintiéndose dichoso.


No tengo dudas de que el diablo es filipino y vive en Manila . Se lo digo a todo el mundo. El diablo se crió en la parte baja de Manila y bebe en Poblacion todos los días, siempre de madrugada, al fondo de la escalerilla del secret door o en los segundos niveles de Kalayaan y  Mercedes St, donde exhiben a los putas como peluches de Piolín. Tendrá casas de vacaciones en Phuket, Pattaya, Bangkok y Saigon, por supuesto que las tiene,  pero tiene su residencia fija en Manila, su sitio favorito, su domicilio fiscal.


Ahora estará lavándose las manos, mojándose la cara en el espejo quebrado y opaco de un tugurio, luego empezando una conversación pegajosa con una parda, una joven delgada con brackets y vestido corto, medio envenenada de mal whisky importado que apoya los codos en la barra para pedir algo pero el bartender no puede oírla y es el mismísimo diablo que se levanta del taburete a putear al mesero. “Lo que sea que esté tomando la dama, pedacito de mierda”, dice con su voz eléctrica de fumador, “póngale otro igual. Soy el putísimo diablo”.


Se pone una parda en las piernas y un cigarrilloo ardiendo entre los dientes que le irrita un poco los ojos.  Habla tagalo, tiene las piernas flacas, sin pelos, y un tatuaje de coronas en el cuello. Su cara es filipina y no mide más de 1.60, ni pesa más de 70 kilos. Es delgado y vicioso, de barba rala, nariz chata, barbilla afilada, camotes flacos, piel morena y usa chanclas y camisas de basquetbol que huelen a sobaco. 

Es el rey de las tinieblas y a pesar de su alta jerarquía no vive en el distrito exclusivo de BGC. Más bien, vive entre la mugre de Makati, entre los adictos pelones, australianos y brits que a los 50 todavía “salen de fiesta”, como dicen ellos mismos al contarte sus historias en el ascensor hotel. Porque Manila no le da la espalda a nadie que quiera apuntarse al pecado: siempre hay un último tirito, mi hermaaaaaaano.

El diablo se divierte entre los pobres, se regodea entre los niñitos que duermen bajo los puentes de concreto, sobre cartones. Mira sus cabezas grandes de fetos y sus espaldas delgadas de espinas dorsales salidas y se deleita en medio de todo aquello. Diciéndoles que no cuando piden una limosna. “Nuc nuc nuc”, chasqueándoles la lengua, diciéndoles que no con el dedo. “A joderse, peloncitos hediondos. A joderse”.



Sigo en la regadera mientras pienso en todo eso y me río como un loco bajo el agua. Cierro la llave y escucho el agua deslizarse por el tragante hasta que mis pies ya no sienten nada, Apenas el suelo caliente.




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 El aire recalentado huele siempre igual  que el día anterior, pienso: verduras podridas, tiner, aceite chamuscado, pescado frito, carbón. Las nubes parecen arbustos de diesel quemado y una parda entra al 7 eleven con un cigarro encendido entre los dedos. Se acerca a los enfriadores de cerveza y saca el humo por la nariz frente a la luz congelada que le colma los ojos. Ha cogido 2 cervezas por el cuello, San Miguel Light, antes de que el policía le diga qué carajos hace fumando adentro: sálgase a la verga, puta.



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Filipinas es un buen lugar para aprender a escribir. Humo de barbacoas pobres en la luz lechosa, coagulada, medio hervida de la mañana. Pantanos underground. Basura de plásticos y porquerías; electrodomésticos dañados.



Quiero grabarlo con mi celular pero ni siquiera lo intento. Tengo un iPhone 12 y no va a salir en la cámara.  No puede conservar el aura, la decadencia. Se miraría alegre, tal vez  pobre, pero es una alegría ahorcada. No es la tristeza que quiero contar. 

Manila es un buen lugar para aprender a escribir, pienso. También lo pensé una vez antes, cuando estuve aquí en el 2023. Salir a echar una vuelta después de la lluvia y oler la basura mojada, las banquetas de charcos calientes, las paredes de block orinadas, hirviendo, las cabezas de pelo negro que despiden olor a Champú. Te dan ganas de escribir un poema.


Los barrios bajos y oscuros y las torres de apartamentos caros al fondo. Los pobres espiando la vida de los ricos desde sus casas de tablayeso en la parte baja de Makati. Mirando los apartamentos de BGC, imaginando los interiores de las unidades como si se tratase de naves espaciales.


Estoy en el centro de Metro Manila y canta un gallo en la vecindad. ¿En qué capital del mundo se oyen los gallos cantar y los autos de lujo roncar a la vez ¿Quién jodidos tiene un gallo en la ciudad? ¿quién se siente bien conduciendo autos de 200 mil dólares frente a los niños pobres de Manila? quién jodidos necesita un auto de lujo para acostarse con una parda? En verdad: ¿Se necesita algo dinero o fama para tocar por el culo a las mujeres más fáciles del mundo?

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He encontrado casi todos los trucos en el mundo,  pienso, y cientos de ellos comienzan aquí, en Manila.
Puertas secretas que conducen a after partys lentos, demasiado lentos para sentir que afuera ocurre algo. Gente que ha desquiciado sus vidas y necesitan de la música estallándoles en la cara para silenciar el coco. Una parda caliente para penetrar entre las piernas en un cuarto lleno de aire acondicionado. Hacerla chillar hasta verla apretar los dientes en el colchón, después echarla a la calle al terminar.  Verla desde el vidrio de la recepción mientras espera un taxi.  Manila es el mejor lugar del mundo.



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