jueves, 16 de octubre de 2025

Cruce de cartas con Kiki.

 


“Son gemidos con llanto, o solo es llanto?"









Una gata bajo la lluvia

(*Ivy, kiki, kikita, ivykiki, una misma persona).







La lluvia ha picado la lámina toda la mañana y desde mi cama he escuchado lo que ocurre en la vecindad. Nada. Motocicletas acelerando lejos y una ambulancia que recorre los carriles vacíos de Zhongshan North Road. He cabeceado en la almohada mil veces como un enfermo de fiebre y todavía no sé si he logrado dormir. En mitad de un sueño pegajoso he pensado en días del año pasado en que ni siquiera te conocía. Te quiero, IvyKiki. Chinita. Ya no te tengo y Te quiero.









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Salgo a fumar un cigarro para mirar los techos oscuros de la vecindad y los aviones de Songshan que ya vuelan bajo la lluvia. ¿Vendrán todos de los cielos ennegrecidos de China? -pienso-. Hace solo un día nos mojaba esa misma lluvia de Tifón cruzando la calle sin gracia de Minquan East Road, hacia las hamburguesas de Mos Burger, donde Ivy y yo desayunamos juntos por última vez.  


Allí examiné su cara bajo la luz plomiza de nube que entraba a chorros por la ventana del segundo nivel, y pude verla con mucho detalle mientras ninguno de los decía nada sobre la despedida. El Tifón sigue, Kikita linda, moja los aviones chinos de Songshan, pero ya no estamos juntos.

 

-Voy a echarte mucho de menos, Ivykiki -pensaba mientras aún la tenía sentada en la mesa del restaurante conmigo, mientras aún me excitaba por ella.  Eran mis últimos minutos con ivy y lo sabía tan bien que me angustiaba nunca volver a probar su saliva. Todavía podía tocarle las manitas sobre la mesa si quería, todavía podía decirle que nos quedáramos juntos un poco más, que olvidara todo lo que le dije la noche anterior acerca de la despedida. “Estaba borracho y me hervía la cabeza kikita, sabes amor? he sido un idiota,  sabes, kikita?, -decirle sujetándole las manos-, no me hagas caso, sí?Cada vez que apeste a ginebra olvida todo lo que voy a decirte. Solo voy a lastimarte, solo voy a hacerte llorar, eso es todo lo que haré cada vez que abra la boca: lastimarte. Voy subido de vueltas ¡como una moto acelerando en los carriles vacíos de Zhongshan!”


Jodidamente la quería -pensaba mirándola comer su hamburguesita poco a  poco, como un pajarillo chino-, tratando de alargar ese momento lo más que podía, y todo había sido verdad. Ahora sus manitas tocaban la mesa del Mos Burger y allí estaba su piercing de la nariz, su micro flequillo recto, su risa sin estallar, su lengua rosada, todas las cosas que había amado de ella. Después del Mos Burger la dejaría. La vería largarse para siempre al fondo de las escaleras mecánicas del metro, su pelo negro volando con el aire subterráneo por última vez.  Estación: Zhongshan Elementary School, exit 1 Fecha: un día de julio de 2025.















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No he mirado la hora fumando en el balcón pero la luz amarilla de algunas ventanas  atraviesa la oscuridad espesa de la madrugada y es como si se mojara. 


-¿Puede mojarse la luz, Ivykiki? -imagino que le digo.- Igual que las plantas, igual que tu pelo negro, igual que las crines lisas de un caballo en un corral, ¿puede mojarse, hasta apagarse, tu corazón?


Todos duermen como enanos en Taipei a estas horas de la madrugada y yo estoy en calzoncillos en el balcón mirando las ventanas de las habitaciones donde sueñan. Deben ser las 4 de la mañana cortas, pienso,  los árboles negros que coronan la cumbre de Yuanshan  parecen brócolis intentando trepar el cielo. Están tan apañuscados y se enzarzan con tanta violencia que no hay un centímetro de tierra visible.   En la cima hay una antena de luces rojas y lentas que me hace sentir nostalgia de Kiki.  Es una torre, un repetidor de señal que hace que la noche sea más lenta. Un esqueleto de acero, un andamiaje de luces rojas: Tristes.


-¿Estás allí adentro del bosque, gatita, Ivy, querida Kiki?!?! Estás ahí, bajo la lluvia? bajo la torre de luces rojas? ¿Eres tú la gata bajo la lluvia?!!


Doy una calada al cigarro y el humo apenas se levanta en medio de toda esta humedad. Avanza torpemente hacia el famoso paseo de Dajia Riverside, el sitio junto al río donde llevé a Kiki la primera vez que nos vimos. 


Tenía un vestido verde corto aquella noche y montamos bicicletas hasta quedar frente a las luces borrosas de Neihu al otro lado del río. Lo recordaba todo muy bien.  La hierba crecida, las cigarras, el ruido de las ranas y  de los grillos en el calor sofocante y las piernas desnudas de kiki bajo el vestido, sus calzones blancos apretados sobre el sillín de la bici. Esa noche me dio miedo confesar cuánto me gustaba. Quería tenerla como una mascota.







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Por un momento no escucho más carros yendop sobre las calles vacías de Zhongshan. La lluvia se ha vuelto tan fina que ahora solo rasca la lámina de la vecindad, sin picarla, como unos dedos lentos en la espalda. Tengo la mente adormecida y tan entumecida que se siente igual que eso: agua derramándose del techo. 

 

Enciendo otro cigarro. La mirada perdida, los ojos tontos contemplando mi propio apartamento en el famoso 602 del callejón 84  del Combat Zone.  Veo el angosto balcón, la terraza minúscula donde está instalda mi lavadora de ropa made in Taiwan, un ventilador oxidado made in Taiwan y algunas  pertenencias de poco valor que pronto dejaré para siempre,  y donde también, alguna vez, Ivykiki , gatita de Taiwan, me vio fumar un cigarro.


-La magia de tenerte sigue aquí, sabes Kiki? -imagino que le digo hablándole en los ojos-, en el 602, pero más bajita de huevos. Era más poderoso cuando  estabas. Era más bonito cuando estabas. Cuando salía a fumar un cigarro sabiendo que esperabas dentro, acostada en mi cama con tus pelos regados en la sábana. Los pies descalzos se sienten igual en la baldosa tibia del balcón, pero es mejor cuando salgo a fumar un cigarro descalzo y sé que estás adentro, kikita. Todo es mejor cuando estás adentro Ivykiki!


Tiro el cigarro en el techo enorme de la vecindad, la colilla se apaga al tocar la lámina mojada, rueda y flota en el drenaje hasta precipitase al callejón vacío.


-Necesito dormir para no pensarte más, gatita -pienso suavecito, murmurándolo entre los dientes. -Quiero dejar de oír tu voz en mi cerebro. Quiero olvidarme de tu risa que parece llanto.









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Estoy adentro del apartamento después de fumar. Me meto en la cama, me tapo con la sábana hasta la barbilla  y me llevo un buen susto al descubrir que tengo puesto un anillo apretado en la mano derecha.


 “Pero qué leches…! Murmullo mientras intento mirarme la mano en la oscuridad. No puedo ver nada pero  reconozco la forma al tacto. Es la argolla de plata de AllSaints que Ivykiki me regaló la misma semana que nos dejamos. Tiene gravada una efigie de cabra con cachos largos satánicos y arriba se lee, en mayúsculas, la marca: ALLSAINTS. 


No lo tenía puesto, pienso, puedo jurarlo por mi madre. Lo había dejado encima de mi escritorio desde que lo regaló, metido en su cajita de cartón, y ahora está allí, ahorcándome el dedo índice hasta hacerlo palpitar.  


-¿Pero qué mierda es esto?… -repito - Al demonio ¿Estaré soñando? Me estaré volviendo loco? 


Apenas un par de días antes, Ivykiki se había muerto de la vergüenza al comprobar que el anillo no era de mi talla, que no  entraba en mis dedos regordetes. Igual insistió en que lo conservara, que era un regalo muy bien escogido,, sería su forma de quedarse conmigo para siempre -dijo-,  un regalo para que yo pudiera pensarla siempre. (Nuestra relación no alcanzó para ir a la tienda a cambiarlo por una talla más grande).


Intento quitarlo del dedo pero el anillo no se mueve un pelo.  así que lo dejo allí, sin más, e Intento volver a  dormir. 


“¿Estoy soñando toda esta mierda, gatita? -vuelvo a pensar entonces mientras lo digo- . Ni hablar. En la lengua tengo el sabor a cigarrillos.

 








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Ha pasado solo un día desde que lo dejamos con Kiki en el Mos Burger y mi apartamento está lleno de su olor.

 

“Con una taiwanesa todo es mejor”, pienso acostado boca arriba, "la vida es mejor con una taiwanesa" y al lado mío, en la parte vacía de la sábana que pone “don’t cry”, recuerdo los rostros de mujeres de pelo negro que pasaron la noche conmigo.  Gatas taiwanesas sobre este mismo trozo de tela, teniendo pesadillas chinas en la misma sábana del Carrefour. 

 

¿Alguna vez leíste lo que ponen mis sábanas, ivyKiki?! “No llores, cielo, solo acaricia el recuerdo”.  Mi amor, solo siéntelo con la mano, ¿sí? mima la memoria. El recuerdo de una persona siempre es más importante que la persona. Se lo dije una vez a una argentina en España: ¡Tu recuerdo vale más que tú! 









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"No he conocido a una mujer mejor que tú en todo el Asia conocida, kikita linda", pienso mientras siento su olor en mi almohada (la tela la ha conservado mejor que yo), y recuerdo cómo empujaba su lengua y su aliento adentro de mi boca al besarnos ¡Cómo gemía mientras nuestros ojos se tocaban!


 

Estoy por quedarme dormido con esos pensamientos, sumido en los olores embriagantes de Kiky,  y de la sensación reciente de su lengua entrando y saliendo de mi boca, creo que ya estoy profundamente dormido cuando escucho su voz en mi apartamento.  Abro los ojos como platos, creo que justo termina una frase cuando despierto y siento un escalofrío recorriéndome la espalda. 

 

“Mierda”, pienso respirando la sábana.

 

-¿Kiki estás allí? - farfullo adormilado, buscando encender una luz que no encuentro en la oscuridad.  -No puedo ver una mierda, ¿sabes kiki? ¿Estás allí, en el sillón?  Gatita repite lo que has dicho, ¿quieres?  Estaba dormido. ¿Has hablado en chino?

 

No se oye nada. Solo el motor de la refrigeradora y la unidad ronca de Aire Acondicionado.

 

-Puta , Ivy -digo para probar si alguien responde- -Sabes que nunca echo llave en la puerta pero deberías haberme avisado que vendrías, no?.  No puedes solo deslizarte adentro, ¿sabes? - le digo, y Es todo lo que articulo para decirle: una queja suave,  un suspiro. 

 

 

-¿Ivy estás allí?, - repito adormilado, excitado de que alguien responda. 

 

-No puedo ver pero sé que estás allí, mi amor, en el pequeño sillón negro, envuelta en toda esta oscuridad con tus ojitos perdidos en la televisión apagada, tus anillos en la mano, tus dientes enormes cubiertos de saliva.  -

 

Imagino que  mira hacia el frente con ojos helados, cristalizados.

 

-Voy a pensar mucho en ti, sabías kikita? -acabo de estarlo pensando unas horas antes, mientras fumaba en el balcón. Ahora que te he dejado voy a pensarte mucho más-digo de nuevo y aunque muevo los labios para decirlo apenas me escucho la voz.  Me aclaro la garganta y vuelo a decirle:

 

-En los días que vienen voy a pensar mucho en ti, gatita linda, gatita de pelo negro, gatita de piel transparente, gatita de dientes enormes.

 

Ivykiki escucha todo lo que digo como a un extranjero de voz suplicante, pero no puedo verla. Estoy a punto encender la lamparita para comprobar si está allí, cuando su voz vuelve a sonar en mi apartamento. 

 

-¿Qué  es lo que te gusta de mí, Dani? - dice la kikita con el inglés infantil que tenía. 

 

- Después de todo Me has dejado tirada, no?  como a una gatita en un basurero. "You got rid of me like trash".

 

-Tú mismo lo has dicho con tu voz intoxicada de cerveza -sigue-: "no vamos a vernos más -dijiste-. "Esta mañana será la última vez que estemos juntos. Ya lo he decidido , no es negociable", eso dijiste esa madrugada terrible Dani. No quiero recordarlo pero lo dijiste tú mismo "you said it yourselff" -"No quiero que crezcas más adentro de mí kiki. Quiero emborracharme como un animal esta noche en Frank, quiero bailar contigo kiki, besarte, tomar un taxi de vuelta a mi apartamento, poseerte, escupirte, ser una mierda contigo, sentirte por dentro una última vez, acordarme bien de cómo se siente mojarla entre tus piernas y entonces sí dejarte ir antes de que no pueda hacerlo. Antes de que te ame demasiado". Fueron tus palabras, Danny.

 

-¿Qué es lo que te gusta de mí? -Vuelve a decir y aunque no la veo casi puedo mirar su cara china de manual .Sus ojos hinchados de haber llorado en la madrugada, ahora mirando con malicia la televisión apagada. 

 

 -¡Vamos, Dani! Ya me has abandonado, qué más da. Ahora puedes decir la verdad, no?

 

Trago saliva que ya no sabe a cigarrillos y pienso que tiene razón: solo siendo un canalla se puede decir la verdad.  Solo detrás de una despedida hay algo de verdad. 

 

-¿Que qué me gusta de ti, Ivykiki? -Digo doblando la almohada que aún huele a mi champú después de haber estado en el pelo suave de kiki, a sus cremas para la piel, a su perfume.  Es el olor que tenían los días en que aún se bañaba en mi ducha. 

 

¿Que qué me gusta de ti, kikita linda? -repito para ganar tiempo.

 

Pues...Tu voz, por ejemplo -digo incorporándome al frente en la cama, apoyándome en la cabecera.

 

-Puedo decir mil  cosas pequeñas que me gustan de ti  esta noche, kikita -le digo-: Tu inglés de niña pequeña. Tus ojos cuando no entiendes nada de lo que digo. Tu flequillo de bebé. Pero hay cosas más raras que adoro de ti. Cosas que solo tú tienes, kikita.  Tu honestidad..., maldita sea, adoro tu honestidad!

 

Me lleno los pulmones de aire acondicionado mientras recuerdo exactamente cómo era su cara cuando me escuchaba decir algo sin entenderlo-.

 

-¿cuáles mi amor, qué cosas? - Dice en un berrinche enfadado. Es la voz pastosa de alguien que ha estado llorando.

 

-Me gusta cómo aceptas cosas que a la gente daría vergüenza decir, ¿sabes Kiky, gatita?

 

Vuelvo a respirar hondo, empezando a verla con toda claridad en mi cerebro.


-No Dani... no entiendo -dice- y suena a que su alma se ha marchitado.

 

-La vez que me dijiste que no tenías amigas, te acuerdas? -le suelto sin saber de dónde venía todo eso. - Y que en Taipei te juntabas a veces con tu prima, también de Chiayi...


-Una vez llamaste a alguien de la universidad para ver si podían reunirse. Hablaste desde mi cama con ella para proponerle que se vieran aquella tarde en Taichung, y te dijo  “lo siento, estoy ocupada, no puedo verte”.  Fue una llamada tan corta que me destrozó el corazón escucharla. Te pusiste triste. Dijiste que igual irías tú sola en tu auto.

 

-Me acuerdo que fuiste a Taichung y que te sacaste fotos cerca de un puente. Te protegías del sol bajo un paraguas de dibujitos, estabas agachada en una sentadilla asiática y sonreías a una foto que te tomaste tú misma. Encima de la foto escribiste que vagabas sola como una nube y me pareció triste y hermoso a la vez. Tú y la idea de una nube aburrida, deslizándose sola por el aire, mirando la hierba, asomándose a las aldeas pequeñas desde arriba. Sonreías en la foto y el riachuelo bajo el puente era tan estrecho y poco profundo que el video se hacía todavía más triste. 

 

Esa tarde dormiste la siesta en el hotel que reservaste y cenaste sola. Vi las fotos en el espejo del baño de la habitación que me mandaste. Me hicieron sonreír ¿Sabes kiki? Una sonrisa triste-.

 

Kikita ya no dice nada, ni siquiera la escucho respirar.

 

-Has cenado mil veces sola, ¿no es cierto kiki? -digo en dirección al sillón de la tele donde debe andar Kikita sentada después de colarse en mi apartamento. Imagino sus reventados de llorar.

 

-Tus amigas del colegio y de la universidad han hecho sus vidas sin esperarte, han tenido bebés y perros y apartamentos y relaciones duraderas con las que tú solo has sabido soñar, y ahora te has quedado sola, ¡como una nube! Te has dado cuenta lo difícil que es amar

 

Espero más de un minuto para ver si dice algo pero ya ni siquiera puedo percibirla adentro del cuarto. Mis pies están cruzados al fondo de la cama pero no puedo mirarlos.

 

-Los hombres te han querido comer como lobos, ¿no es verdad eso, kiki? - te quieren penetrar, estar entre tus piernas transparentes y ahorcarte mientras te meten los dedos y te dicen cochinadas en la oreja. Estás rodeada de gente que va a lastimarte, gatita, y te has dado cuenta de que el amor es  más difícil de atrapar que un delfín.

 

-Todos han visto un delfín en su vida, no crees? hasta los niños más pequeños han visto uno en los acuarios grandes de las ciudades, pero no todos han tenido el amor, kikita. Es tan fácil de mirar y tan difícil de atrapar, gatita ¡Como una nube!-








 

**Nota importante que voy a dejarle a Kiki  en un casillero de Banqiao: 


(días después de encontrar esta nota en el casillero me escribirá diciendo que se echó a llorar como una niña al ver los papeles que había dejado escritos para ella en un locker de Banqiao MRT station y que se sintió tan mareada y su mente tan caótica que las caras de las personas se le borraban. Tuvo que sentarse, asisrse de alguna parte, y esperar. Su corazón galopaba. Tomó el metro en la dirección contraria, no podía pensar. Tardó dos días en tener el valor de leerlo y decirme que lo había leído).

Parte de la NOTA:

 

"El día que encuentres a alguien haz el favor de no decirme nada, me prometes kiki? No quiero saberlo, no quiero esa punzada en el estómago de imaginarte con alguien.  Tampoco le hagas el amor a un hombre  que acabas de conocer. Las cosas  en el amor nunca funcionan cuando el sexo llega muy rápido. La facilidad mata la pasión en un hombre (siempre kiki, sin excepciones), y a ti acaba por destruirte el alma por dentro (también, kiki, sin excepciones). Asegúrate mil veces de que una persona puede amarte antes de dejarle estar entre tus piernas. Pide garantías.

 

 Los hombres te desprecian en silencio cuando el sexo viene muy de prisa,  gatita, por eso procura no hacer el amor cuando conoZcas a alguien nuevo. Procura no ofrecerle tus labios en las primeras 3 citas.  Procura que no toque tus piernas, que no deslice su lengua adentro de ti. Yo mismo quise poseerte pronto para no enamorarme de ti.

 

No te tires sin pensar a los brazos de otro hombre, haz eso kiki, sí? Protege tu alma porque amo tu alma. Soy un cabrón y seré siempre un cabrón, eso es seguro, pero no dejes que un hombre como yo apague tu luz, no dejes que se moje tu corazón. 

 

Hay gente buena en el mundo kikita, pero también,  mucha gente mala. Gente que brilla tanto como tu, kiki, y gente que quiere envilecerte,  utilizarte, masturbarse en tu vagina. ¿Te acuerdas que decía mil veces esa palabra en inglés? Brillar. Yo no brillo como tú, IvyKiki. Mi alma se ha oscurecido.

 

Por último, No te dejes embarazar, Kiky. Nunca, a menos que en verdad ames a alguien con locura. Yo siempre voy a querer tu vientre para mi hijo. Alguien que se parezca a ti y a mí al mismo tiempo. Alguien  que se quede para siempre con tu belleza. Alguien que conserve esa risa que parece llanto.

 

 












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Sigo metido en mi cama. Rodeado completamente de la oscuridad y del zumbido sordo del aire acondicionado. Deben ser ya las putas 5 de la mañana y sigo sin poder dormir un pelo con la cabeza delirando del sueño, creyendo que kiki sigue mirando el televisor apagado de mi apartamento. Imagino por 5a vez  sus ojillos chinos llorosos, iracundos, inflamados de despedidas. Hinchados como ganglios.

 

-gatita ¿sigues allí? -Digo medio dormido, girando la cabeza hacia mi pequeño closet.

 

-Yo te vi vestirte mil veces aquí, ¿recuerdas?  frente a este ropero con espejo- digo tocando apenas la madera con la mano.

 

-De perfil, gata linda. Te vi de perfil cogiendo ropa para ponerte, de la que habías guardado tú misma en la gaveta. Te vi mil veces mirándote en el espejo de la puerta con tus pechos desnudos-.

 

Siento el sabor del cigarrillo otra vez en la lengua, en la saliva que trago adormitado. ¿Estoy despierto? Qué cojones es esto? 

 

-¿Ivy estás aquí conmigo en serio? ¿Es que me lo estoy inventando todo? Vamos, di algo. ¿Estás aquí?

 

De nuevo escucho el silencio espeso, apenas roto por la unidad de aire acondicionado.

 

-Ivy, anda, ven, acuéstate aquí conmigo, quieres? no quiero que te quedes tanto tiempo adentro de tu cabeza, fingiendo que miras la tele. Hace un frío que pela, ¿no crees? Tengo el aire en 17 y no sé dónde puse el control. Ven entre las mantas conmigo. No te cruces de brazos en la oscuridad, ¿ok? No odies nuestra historia porque amo nuestra historia. Solo ven aquí , sí? Ven conmigo. Consiénteme una última vez,  Acaríciame el pelo. Déjame sentir tus dedos en mi cabeza. Llora sobre mi pecho.

 

Cierro los ojos y comienzo a quedarme dormido de verdad. Al menos eso pienso unos minutos en que empiezo a deslizarme en sueños estúpidos de sitios que no son Taiwan. Duermo dentro de un sueño de montañas, niños descalzos color popó ¿es guatemala? y casitas de madera vistas desde un avión, hasta que vuelvo a escuchar la voz  de kiki viniendo desde el sillón de la tele.

 

-¿Qué recuerdas de mí, Danny? - dice y aunque así suena su voz en persona, sé que no es su voz. Es la voz de alguien que no existe. Algo de su alma que dejó tirado en mi apartamento.   Me duele que diga dani en vez de solo: “babyyyy”.

 

Estoy tan borracho del sueño y deliro tanto que aún pienso que puede estar allí, del otro lado del armario, como un puto confesionario católico. Está allí, hablando con ojos taciturnos, vacíos, endemoniados.

 

-Mierda gatita, no sé -digo-. Nunca me callo la boca, lo sabes bien, pero esta vez solo tengo estupideces en la cabeza para decir. Siempre tengo algo que soltar pero, en serio, ¿quieres saber la estupidez que pienso de ti en este momento? ¿En verdad quieres saber lo que recuerdo de ti?

 

No hay respuesta suya pero imagino que en la oscuridad de la mañana  y de la habitación sellada por la cortina, dice que sí con la cabeza y que de sus ojos taiwaneses vuelven a rodar lágrimas calientes. Sé Que no ha abierto la boca un pelo porque ya no quiere que sepa que sigue llorando. Que mi voz la ha hecho llorar.

 

-Me acuerdo que cuando fuimos al cine la segunda vez que te vi estaba muerto de miedo,.Eso es lo que aparece ahora en mi cerebro. Tú y yo en un cine del Main Station cuando Me moría por tenerte conmigo. ¿Sabes qué? Ese momento en que todavía no te había cogido la mano porque no quería asustarte con nada. No quería que te fueras-.

 

Recordaba bien la primera vez que nos vimos: -Había llamado a un amigo para decirle que me habías vuelto loco la noche de las bicicletas, en Dajia.  Que había estado pensando en ti como un idiota y que hacía meses que no me pasaba nada parecido. “Hermano, estoy loco por una taiwanesa”, le dije aquella vez, “estuve a punto de cogerle las manos en el paseo del río con la vista perdida en Neihu, y escogí no hacer nada, ¿sabes? No quise alejarla con una estupidez de esas. No quise ser espanta chinas. La amo”.

 

-De pronto allí estaba contigo de nuevo, kiki, en el cine de Qsquare mall. Te agarraba la mano adentro de aquella sala de ViewShow Cinema y la película me importaba un carajo, solo no quería que terminara. Quería seguir sintiendo tu mano pequeña adentro de la mía. Cabía tan bien, estaba tan fría y húmeda, ¡era tan delgada!

 

“Me la quiero quedar , mi pequeña taiwanesa, mi princesa privada -Pensaba-. Quiero tenerte. Quiero que pases la noche conmigo”.

 

Esa noche salimos del cine y bajando por la escalera mecánica del centro comercial Kiki me abrazó desde un escalón arriba para verme bien a los ojos y me preguntó que si podíamos pasar la noche juntos. “¿Esta noche?” -le dije atontado- “Sí, esta noche”, contestó mientras se mordía la lengua rosada. Sentí sus palabras estallándome en el estómago, me sudaron las manos. 

 

Salimos del centro comercial y el corazón me palpitaba en la garganta al pedir el Uber, cuando puse mi dirección de Combat Zone en la pantalla del celular y me imaginaba lo que sería tenerla en la cama conmigo. Santo Dios kikita!

Llovía un poco en la banqueta aquella noche y esperamos el auto bajo una sombrilla pequeña.  Subimos a mi apartamento después de bajar del mejor uber de mi vida. Llovía afuera cuando hicimos el amor sin bañarnos.

 

-La deslicé adentro de ti y fue la primera vez que la deslizaba adentro de ti, kikita, recuerdas? la primera vez que escuchaba tus gemidos de gatita, que la sacaba y la metía entre tus líquidos chinos.

 

-Oh por Dios, Kiki, ya ven. Acuéstate conmigo, ¿quieres? No tires todo este silencio entre los dos. Es vergonzoso lo que te estoy diciendo como para que te quedes allí callada. ¿No puedes acaso decirme que estás escuchando? ¿Me he vuelto loco?  ¿Puedes decir: “te escucho”?

 

Tengo ganas de levantarme y encender otro cigarro en el balcón pero no quiero rasgar la realidad en que Ivykiki vuelve a estar conmigo en mi apartamento, por si acaso todo esto es mentira.

 

-No he dormido nunca tan bien como cuando te abrazabas conmigo, ¿sabes kiki? Eso también recuerdo. Cuando restregabas tu pelo negro como una gata sobre mi hombro. Cuando tus pelos me cubrían la piel.  Tampoco he soñado tantas locuras como las que soñaba cuando te abrazaba por atrás en la noche, los sueños más locos de toda mi vida, siempre cosas extrañas, kiki, siempre cosas absurdas cuando te abrazaba. 

 

Ivykiki no dice nada.

 

 -Déjame dormir una última noche contigo, ¿sí? Déjame olerte el pelo negro mientras me quedo dormido, ¡mientras me deslizo adentro de ti! Déjame ponerla adentro una última vez y quedarme dormido.


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La luz aún no atraviesa la cortina. Es tan temprano que no se ha colado el sol por los costados. Ahora temo que una pizca de luz me saque de su presencia. 

 

-¿Te acuerdas cuando leímos juntos aquel libro que hablaba mal de las mujeres? -le dije sonriendo, doblando mi almohada de nuevo para acomodarme mejor. 

 

-Lo había escrito un negro misógino, ¿te acuerdas de eso, kikita? un negro árabe. después lo buscamos en mi computadora para ver cómo era y tu abrías los ojos como platos para ver sus fotos en internet. -Ivykiki mirando el internet, ¡qué belleza!

 

- Un  negro resentido, eso es lo que era ¿Recuerdas  todas esas frases?

 

-“Ivy, ¿eres una mujer mala?” te decía mientras leía en mi computadora algunas partes del libro en voz alta que iban sobre la maldad femenina y tu corazón se angustiaba.

 

-“No babyyyyyyy. Not mean. I am not mean. I promise!” -decías- Y te acercabas para agarrarme las manos y prometerme que eras buena y que eras mía y tu flequillo suave se movía cuando decías que no eras mala, que eras alguien buena de verdad y tus ojitos parecían asustados y respiraba tu aliento de manzanas por la boca y miraba cómo se agrandaban tus pupilas junto a las mías. ¿Sabes qué? Ese recuerdo del libro del negro va a durarme para siempre.

 

Por un momento acostado en la cama pienso en Taiwan. Pienso en la magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia (八加九) para lavarme los pies con jabón, hasta debajo de las plantas, levantándome los pies mientras desde arriba la miraba desnuda cuidándome como a un niño pequeño. Diciéndome "My boy, I take care of you forever".

 

-Quiero volver a ver tus zapatos blancos afuera de la puerta, Ivykiki. -digo sonriendo, volviendo a estar dentro de mi mente  en el Lane 84 del Combat Zone, empezando a echar de menos Taiwan porque pronto abandonaré Taiwan. Los zapatitos de Ivikiky  afuera de la puerta de mi apartamento que significaba que una gatita estaba pasando la noche conmigo. A veces me preguntaba: ¿imaginarán mis vecinos lo guapa que es mi novia solo viendo sus zapatitos en la puerta al salir por la mañana? Los zapatitos blancos de Kiki antes de que se fuera a trabajar. 


 

-Pero Hay más cosas que nunca podré sacarme de la cabeza ni dejando Taiwan, ¿sabes kikita? - le digo.

 

De pronto quiero oírla llorar. Quiero su llanto sonando en mi apartamento. Quiero su boca atascada de saliva, las babas gruesas de una mujer cuando llora.

 

¿Sabes qué otra cosa no puedo olvidar? -

 

-La noche que llegaste con esa mochila negra que tenías y sacaste algo de ropa interior y aquel vestido celeste para dormir de princesa de Disney y la bolsita de maquillaje y el bote de crema gigante con el que me hiciste masaje en las piernas. 


Eres una princesa de Disney de verdad, Mulan, Ivykiki, muñeca china preciosa. -le digo- Alguien perfecta y distinta a la belleza que vi de niño. Una belleza que nadie me enseñó a querer, que aprendí a querer por mi cuenta.  Una belleza nacida en el Asia profunda mientras yo miraba mujeres distintas, mujeres del occidente que no tienen tu rostro, solo otra belleza. La tuya es rara y me hace temblar.

 

Me acordaba bien de ese día: kikita dejando sus cositas en la gaveta de abajo, enseñándome primero los calzones antes de guardarlos, haciendo su pequeño nido, dejando sus pertenencias. ¡Dani quiero que vivamos juntos! -me decía. -y después de verme la cara seria: -You don´t like? -decía- , you don’t want us living together?

 

Me imaginaba la belleza de compartir mi vida con ella. Ayyy mi amor, pensaba, mi pequeña kikita, si tan solo fuera una buena persona te conservaría para toda la vida! Te dejaría hacer tu vida chiquita conmigo.

 

Kiki sigue sin hablar en el apartamento oscuro pero ahora puedo oírla  sollozar. Oigo su naricita cargada de mocos intentando aspirar algo del aire frío, su respiración apagada, su abdomen tembloroso.

 

-El sexo de rodillas, kikita -le digo. -¿crees que algún día podré olvidarme de eso? -de pronto me agarro el pelo con la mano recordando los coitos de rodillas con ivykiki, cuando le giraba la cabeza para besarla mientras estaba tan adentro de ella que podía sentir mi mano por fuera de su abdomen.

 

Me acordaba lo que se sentía venirme  encima de ella, regarla en la espalda y después limpiarla con unos pañuelos. Verla toda salpicada de mis hijos, mi semen caliente en su ombligo, detrás de sus piernas, en sus nalgas, en su lumbar.

 

-Pero sobre todo esa última noche, Ivykiki, eso es lo que aparece en mi cerebro. Tú y yo Haciendo el amor mientras llorabas y sollozabas y gemías al mismo tiempo y estaba adentro tuyo sabiendo que te dejaría la mañana siguiente,  chillando porque te había dicho que era la última vez que haríamos el amor y llorabas y gemías a la vez dejándote hacer el amor. Era llanto y placer y una despedida de mentiras. Era Tu cara regada de lágrimas mientras yo  la metía y la sacaba entre tus piernas. Es lo que tienen las despedidas, sabes kiki? , siempre han sido la mejor parte.


Ivykiki comienza a chillar como una puerca. Pienso que los vecinos van a llamar a la policía en cualquier momento, que han escuchado todo lo que hemos hablado y que el llanto de Kiki ya es insoportable.

 

 

-Quiero una siesta contigo, kikita -es lo último que le digo antes de encender la luz del apartamento y revisar el sillón de la tele. -Quiero Verte caminando desnuda por este apartamento de combat zone. Sentir Cómo respirabas adentro de mi boca mientras te metía la lengua ahhhhhhhhhh

 

 

Prendo la luz. En el sillón pequeño de la cama No hay nada. No hay kiki.  Solo  espacio vacío.











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ACABO:



En el Mos Burger me dijiste por primera vez que pintabas. Me enseñaste las fotos de tus pinturas colgadas en un perfil de internet que tenía tu nombre: Ivy Tseng, decía. Era la primera vez que veía tu nombre completo. Aún después de toda la intimidad que tuvimos, supe tu nombre solo el día que te abandonaba.

 

Hermosa Ivy Tseng, ¿Alguna vez supiste mi nombre completo? Mi nombre en español. Daniel.. … daniel qué gatita? daniel qué?   Ahora me doy cuenta que eso ni siquiera importa para amar a una persona. Te quise con locura, Ivy kiki, te quise con todo mi corazón, te quise sin nombre.

 

Te amé en cada sitio que pude verte. Hoy Te amo en la ciudad fantasma de Wanli y te amo en mi apartamento y te amo en el interior de tu Ford y te amo bailando conmigo y te amo en una noche estúpida de miércoles acurrucada en mi cama. Te amo llorando. Te amo lastimada por mi amor.

 

Me despido de ti Ivy, Ivykiki, kikita, sexy app designer, gatita, pero te quiero. Jodidamente te quiero.

 

Un abogado te saluda, te ama y se despide de ti para siempre,

 

 

曹狼, Julio 2025















martes, 30 de septiembre de 2025

Persiguiendo chinas me di cuenta que la vida es una estupidez


Es uno de septiembre y ya he despedido a casi todas las chinas; menos a Lucy, con la que guardo alguna comunicación romántica. Es mi novia, se lo pedí en un campo de béisbol abandonado bajo el agua cortada de unos aspersores, pero tengo otras novias chinas a las que solo dejé de escribirles y que pronto querrán una explicación. 


¿Acaso se ha perdido un poco la magia de las chinas, dani? -pienso de vuelta en mi apartamento de Combat Zone-. La magia de Ivy en la ducha acuclillada como una bajiajia para lavarme los pies con jabón, por ejemplo, hasta debajo de las plantas. La magia de aquellas dos farmacéuticas jóvenes de Taoyuan que pasaban noches lentas conmigo en Combat Zone, oyendo corridos tumbados por la mañana, todavía medio borrachas, como cucarachas chinas envenenadas, acostadas en mi cama, preguntándoles a sus caras amarillas: "¿Puedes oír la violencia de esta música regional mexicana? ¿Te la podes imaginar? ¿Puedes sentir el pecado de esa canción?", mientras escuchaban los corridos bélicos por primera vez en toda su vida y me preguntaba si ellas también podían oír la muerte saliendo de las guitarras; si podían descifrar el inframundo de América latina.


Ya no pienso tanto en lo que tuve con Nomi. Las noches con la luz apagada en el apartamento, viéndola comer fruta bajo la luz intermitente de la tele. La importancia de haber estado con ella por primera vez,  pienso, cuando no hablaba un ápice de inglés y la llevé a mi apartamento sin estar seguro de que ella entendiera lo que estaba pasando, hasta que me tomó de la mano y le pregunté en el traductor de google: "you want to come upstairs?" y me agarró fuerte de la mano y me dijo que sí quería  con su flequillo chino, moviendo la cabeza -sí-. Estás segura? "You sure, Nomi?", y ella: "yes. I sure". 


A veces, cuando es miércoles y cae la noche llama por teléfono pero su encanto ya se ha evaporado, el mismo que me hizo quererla dos noches de 2025, se ha extraviado en alguna parte de Taipei. Ya me ha abandonado la excitación de la primera vez que subimos juntos en mi ascensor con el aliento de las cervezas que ordenamos antes, en el Bar de Moe, cuando bebimos en la acera mirando los carros, y luego la vi desnudarse en la luz salpicada de mi tv. Mi amor por ella ha terminado.


Día del cariño chino desperté con Belle dientes de puta y navidad amanecí con Jollie gatita y año nuevo con An-Li. Hubo momentos mágicos, pienso ahora, como Agnes y yo en aquella playa de Yilan y la granja de capibaras en el sur. Una noche para oírla decir I am toooooo yellow Danyyyyyi, y ahora  no sé si haya alguien en todo taiwan que viva como yo. Abriéndole tanto hoyo a Taipei, atrapando tantas chinas. ¡Las noches que tuve con Chloe! Dios santo! ,  -me río pensando-. Mierda! la fascinación que tuve por esa china stupid face de ojos tontos. Chloe toda amanecida en mi cama! Tsao Lang, eles un atlapachinas!



La magia del verano hirviendo en Taipei City, me digo, y una china cuarentona con el cuello brillante de sudor jadeándome en la cara al conocerla frente a mi edificio, abanicándose frenéticamente con la mano, sudando en mi ascensor todo ese calor taiwanés camino a mi apartamento, luego metiéndole la lengua en el sillón pequeño de la tele. "Hace mucho tiempo no hago el amor, Dani", diciéndome agitada,  sus pechos rebotando afuera de la blusa. "Qué más da, chinitaaa -mientras descubría sus pezones-, me haces feliz, sabes? ¡como un lobo! Eres parte de la magia que se pierde".



La magia suavecita de chinas de zapatos altos con strap de tobillo que me amaron, pienso, chinas con uñas de los pies pintadas de blanco mate que me dejaron agarrarlos con la mano mientras mirábamos una película en Combat Zn. Chinas dientes de T-Rex mirando sus celulares en el metro, dejando sus zapatos afuera de la puerta de mi apartamento después, y mis vecinos pensando: "este hijo de la gran puta pasando la noche con chinas de zapatos diferentes. Maldito foreigner, maldito atrapachinas!" Mujeres que no se miran, que solo dejan sus zapatos al frente y pone a mis vecinos a imaginar cómo serán. Concubinas sin rostro.


¡La magia de estar a verga en medio de un montón de ellas, Dani! miles de ellas y poder desearlas mientras les hablas. Ir bolo bajo tierra en el metro, con un vaso de papel hasta arriba de soju y cerveza y mirarlas aplastadas de cansancio por el horario laboral y el capitalismo.


¿Se pierde la magia de Una china casi 2 años después, licenciado? más de 200 experiencias efectivas después? No lo sé , con el volumen abusivo de ejemplares chinos en la cama se intenta acabar con su valor individual, con su encanto difícil de entender, pero ¿se puede despedirse para siempre de su magia? dejar a un lado la lujuria, la fiebre amarilla?

Esa es la pregunta que me hago en el apartamento de combat zone cuando estoy a pocas horas de volver a Guatemala.


-¿Cuál es la china más linda que has tenido, Dani? - me pregunta Sanele, un negro del programa de maestría que no sabe que tengo los apellidos de cada china apuntados en mi celular. Feng, wu, wang, shih, lai, zeng, lin, hung, huang, lu, qiu, ching, Yang, peng, etc, etc, etc... para escoger. Un negro que no ha tocado una china en toda su vida.


-La siguiente -le digo palmeándole el rostro negro, como el godfather -Siempre la chinita más bonita es la que viene, querido Sanele, la más guapa. La que todavia no conozco. Esa es la más linda.


Subo en el primer tren del aeropuerto cuando estoy a punto de abandonar Taiwan y voy pensando en eso. Ya los vagones del commuter van llenos de ellas y las deseo incluso más que la primera vez que las vi en Taiwan (2022), mucho antes de llegar a China continental o a Hong Kong. 


Se arruina la cabeza después de penetrar una china, me digo mientras el tren cabecea en la entrada de New Taipei Industrial Park. Algo del cerebro ya nunca queda igual, se oscurece. Lo he dicho antes: las chinas nunca se acaban. La vida que no alcanza es una estupidez.








miércoles, 24 de septiembre de 2025

Happy Buddha Pizza

 Veníamos de comer pizza  en aquel restaurante cyberpunk de robots y paredes amarillas en el distrito de Zhongshan, y Klki venía con la pancita  llena. 


-Vamos a caminar al parque de las flores de noche-, le dije, -el que está detrás de Minzu Rd. “Taipei Rose Garden”, creo que se llama. Quiero que lo veas conmigo. -


El Rose Garden es un parque público extenso con amplios jardines recortados, laberintos de arriates podados y juegos para niños.  Ideal para beber vino en noches lluviosas, metido en un tubo de cemento con vistas a familias taiwanesas, palmeras y Night Shades que se mecen con el viento. Ivy y yo no habíamos ido nunca juntos. 


Kiki se tocó su pancita como una embarazada, arqueándose hacia atrás, poniendo su mano delgada en el vientre para indicarme que estaba llena.


-Nooooo, I’m to full, babyyyyyy. - dijo alargando esa palabra como siempre lo hacía. Algo que me volvía loco todas las veces: Babyyyyyyyyyyy, too much pizza tonight. I’m fuuuuull!!


La tomé de la mano mientras caminaba con sus manitas sobre la panza y pensé si así andaría si estuviera embarazada de un hijo mío. Me conmovió tanto que sentí vergüenza de decírselo. “Kikita: me encantaría llenarte de mi esperma”.








martes, 23 de septiembre de 2025

Los vinos del PX Mart

 Había llevado a una china remilgada a mi unidad de Combat Zone después de un café tibio en el famoso "ICI Café" de Zhongshan, al que llevé a unas 60 chinas de primera cita. 

Era muy sencillo pedir un Uber desde allí al terminar el café, hasta mi apartamento en el Lane 84. Cinco minutos de reloj con poco tráfico, y si la aplicación tardaba en reservar un Uber, ningún problema, siempre estaba repleto de taxis al frente listos para abordar.

La china remilgada se llamaba X y la había invitado a mi apartamento con la excusa de que tenía un vino buenísimo que me habían regalado y que me moría de ganas de probarlo con ella.


-¿Cuándo, Dani?


-Esta misma tarde -le dije-.


-Ahora mismo?! ¿Vas a portarte bien?


-Por supuesto que voy a portarme bien.


-¿Lo prometes?


-Lo prometo.


Lo pensó con un dedo en la boca, achicando aún más sus ojos para adivinar mis intenciones.


-mmmmmm... Ok -dijo sonriendo. -Let´s go.


Entramos a mis aposentos. Saqué dos vasos para servir el vino y por un instante tuve miedo de que fuera a reconocer las etiquetas de aquellas botellas baratas de tinto. Un Porto made in Spain y un California Red, los dos con tapa de rosca. Unos 240 NTDs en el el PX Mart de Linsen Road.


-¡Joder! no lo conozco pero se ve fenomenal ¿De dónde es? -decía la china snob examinando las botellas con cuidado, aparentando ser conocedora.


-Español, ese que tienes en la mano- decía yo-. Es de una bodega excelente en La Rioja, sabes? me sorprendió mucho que lo vendieran aquí.. -El otro es un California. No soy un fanático del vino de California, pero ese me lo han recomendado muchísimo y voy a darle una oportunidad.


Serví en su vaso y en el mío una buena cantidad, encendí la tele para tener algo de ruido de fondo y brindamos mirándonos a los ojos. Entonces la vi sonreír en el primer sorbo amargo. Era el sabor familiar del vino barato. Se me pararon los pelos del asco, un escalofrío recorriendo la espalda.


-Oh!, wow! qué buen vino, ¡cielos!- decía y se chupaba los labios con ese mal California de 10 dólares.


-Deberíamos comprar unos buenos quesos, sabes? Me parece un desperdicio beber esta maravilla sin un buen queso de oveja. Joder, me hace pensar en Suecia.


Daba otro trago largo al vino, manchándose los labios de rojo. 


-Fuck, where did you get it? -seguía diciendo mirando dentro del vaso con sus ojitos chinos, tirándome el aliento caliente en la cara.


-Secret baby, secret. -le decía intentando no reírme, recordando que lo había levantado de un anaquel de ofertas del PX mart.


- - - -


Haríamos el amor más tarde, medio intoxicados del mal vino del supermercado. Me despertaría dos horas después con el sonido de la tele que dejamos prendida en un canal aleatorio de películas en inglés; ella seguiría dormida sobre mi brazo, babeándolo todo en mitad de un sueño profundo con su saliva taiwanesa. Le olería el aliento caliente y ácido del vino tinto. La sacudiría lentamente hasta verla aspirar sus babas e incorporarse mirándome a los ojos, viendo cómo sus ojillos chinos se adaptaban de nuevo a la realidad.


-It´s time to go baby -le diría suavecito para echarla.  -It´s eleven already - Ya son las 11. You have to leave now.


Se levantaría pesadamente con el pelo liso de china descompuesto en la parte de atrás. Me sentiría el hijo de puta más dichoso del mundo de haberla tenido conmigo, de mirar  sus pelos negros y largos y su cara china tan cerca de la mía. Se pondría el vestido que dejó hecho pelota en el sillón de la tele, donde la desnudé, los calzones tirados a los pies de la cama y las calcetas regadas en el suelo. Se pondría los pendientes en el espejo del baño y haría pis cerrando la puerta. Aún después de toda la intimidad que tuvimos, echaría llave a la manecilla. Escucharía el sonido del pis en el agua y del flush al final. Luego el sonido del chorro corriendo en el lavamanos.


-Tengo un torneo de póker con unos amigos y voy tardísimo.  -mentiría viendo el reloj en mi muñeca para despedirla desde la puerta sin tener que bajar al primer nivel. 


Quedamos a las 11 y son ya las 11 y cuarto. I have to jump in the shower real Quick, baby! And just leave. 


En la puerta del apartamento se pondría sus zapatitos blancos de china, sin desamarrar las agujetas, solo deslizaría sus pies pequeños adentro. Nunca volveremos a vernos.









domingo, 21 de septiembre de 2025

"Don´t leave me". (Michi era una china pelirroja)


Esa última mañana que se fue en un Uber eran las 7 am. Le dije adiós en la ventana  del carro y me metí en un 7 Eleven para escribir.


Cuando escribía solo podía pensarla desnuda, una imagen de la noche anterior. Michi Wu, china flaca, perra delgada a horcajadas en la cama conmigo, convenciéndome de vernos una última vez.


- ¿Qué dices? - le decía resoplando. -¿Es que no me has oído bien? Esta es la última vez que estamos juntos , Michi. No hay otra. No hay mañana. No es negociable.


-¿Por qué eres tan cruel, Dani? decía- ¿Es que no puedes pensarlo? -

No había empezado a llorar pero su voz ya estaba rota.


-¿Sabes? -seguía- Le dije a mi hermana que quiero un hijo contigo. Mixed. Mitad taiwanés, mitad western. Le cuento todo, ¿sabes? ¿Qué quieres que le diga ahora? que me has abandonado sin más?


-Solo dile que tu novio tiene que irse de Taiwan.


-Pero eso no es cierto.


-Bueno entonces dile lo que quieras.


Era tarde en la madrugada y pensaba si mis vecinos podían oírnos a través de la pared. Dos inquilinas habían tenido ya que dejar el edificio debido a los gemidos que escuchaban de otras chinas que pasaron madrugadas conmigo. Primero se quejaron con el casero, después comprobaron que yo no haría caso de ninguna restricción, así que decidieron terminar sus contratos de arrendamiento de forma anticipada. Borracheras, música del 2008, envases de vidrio rodando y amor chino, eso es lo que se oía a través de las paredes.


-Pronto acabaré mi PHD, Dani, y ahora me pone triste que nunca vayas a decirme Dr. Wu, profesora Wu y esas cosas y me estreches en tus brazos y me mimes.

-No me dejes, te lo pido - Me rogaba y yo solo pensaba que ya había escuchado esas mismas palabras de ruego antes. En español y en inglés y tal vez en chino, las tres, cientos de veces. Solo se me hacía complicado recordar las caras de esas personas que rogaron para que no dejáramos de vernos.

-No ruegues nunca por nadie, Michi -le dije- Es patético y nadie vale tanto la pena ¿Es que no sabes la persona que soy?


-Eres un cruel cabrón, no me digas, un tipo decidido. No tienes un centímetro de corazón pero te quiero. You are a combination of a mature, responsible man and a funny college student at the same time, it feels like that . Mischievous looking asshole.


Puse mis dedos entre sus muslos mojados. Miraba sus ojos chinos brillando bajo la lamparilla de la mesa de noche, estaban tan cerca de los míos mientras me hurgaban que nuestras pestañas podían tocarse. Vi su boca china para recordarla durante años en el futuro. Volví a pensar lo mismo: tiene los dientes perfectos.


-Esta veZ solo mirame mientras me coges, sí? -dijo- This time just keep your eyes on me while you fuck me. (no hay nada más hermoso que una china diciendo "fuck me"). No apartes tus ojos de los míos, Dani, quiero verlos mientras te corres por última vez en mi abdomen. Entre mis piernas, como quieras. No los apartes de mis ojos hasta que te vengas completo. Spit all over me.


Es casi julio y no he querido quitar su cepillo de dientes de mi lavamanos. Ya no tengo a Michi en mi vida, pero veo el cepillo todos los días. Allí está, en el mismo sitio donde ella misma lo puso la última noche que se vio en mi espejo y se lavó los dientes y escupió espuma de pasta de dientes en la cerámica. Tal vez me hace pensar en lo feliz que estaba cuando lo puso allí por primera vez. Una prueba minúscula de nuestra relación de mentiras, ¡de Tsao Lang jugando chinas! Todo termina.










sábado, 20 de septiembre de 2025

Algo bonito de Taiwan

  

Por un momento pienso en Taiwan. Pienso en el viaje suavecito con la Ninoshki y sus dientes chinos como teclas de piano dormidos en el carro de alquiler. Un ferry, una isla, un hotel. Cientos de metros de cemento recalentado y una playa brillando abajo, en el muelle con olor a pescado. 

Pienso en sus gemidos despavoridos adentro del cuarto, sus berrinches, sus historias de su  padre pegando a su madre -(la verguiaba, me dijo, la engañaba, la escupía. Regresaba a casa oliendo a perfumes dulzones de mujer, baratos, pestilentes, fragancias de otras chinas que hacían caer en adulterio a su  propio padre, como un niño que no puede resistirse a comer caramelos). 

Los Kleenex regados en la sábana aquella noche del hotel del mar mientras me contaba todo aquello llorando y pensaba que quizás yo era más cabrón que su padre. Yo, Tsao Lang, la iba a lastimar casi tanto como  él.  

¿Qué año fue todo aquello, Ninoshki? -le decía mientras me emocionaba con su cara china, la historia triste de su padre chino y el pequeño hotel frente al mar.  Le había visto el pelo negro enloquecido esa misma tarde, revolviéndose en el aire hirviendo de la playa solo unas horas antes, cuando sonreía bajo el sol y metía los pies descalzos chinos en la arena, y luego estaba allí, quejándose de su padre sentada en la cama conmigo, recién bañada y en calzones blancos, llorando. Era Green Island,  Ludao. Era 2023.  Las personas me duran cada vez menos.


-No lo sé, Dani -dijo- ya no quiero pensar en mi padre.